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lunes, 21 de agosto de 1995
LAS VENTAS

¡Cómo huele a torero!

Emilio Martinez Madrid 21 AGO 1995
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Frascuelo destapó el tarro de las esencias y perfumó con aromas candeales de rancia torería la cátedra de la fiesta. Tantos efluvios calaron en el corazón de esa especie a extinguir que son los aficionados fetén, y uno no aguantó más. Saltó como un muelle, se le rompió el alma y se le quebró la garganta: "¡Cómo huele a torero!". Mientras, el titular de la causa, ese veterano coletudo escapado de antiguas postales sepia de los padres de la tauromaquia -en su segunda corrida de la temporada y que actuó con un tobillo herido-, continuaba pariendo una intensísima sinfonía de olores, colores y sabores. Todo ello con un lote reservón, escarbón, y con escasísima codicia. De esa guisa se comportaron los seis bureles: nada aparatosos y también sin excesivo peligro, pero de bajísima calidad.Había que estar decidido y aportar la calidad que le faltaba al encierro. Así, cascabeleando breve e intensa pureza, se produjo Frascuelo en su primer bicorne. Imantó su casi nula embestida y alumbró cortas series de redondos y una de naturales, siempre ribeteados de sentimiento, con ligazón, temple e intercalo de sublimes trincherillas. En cinco minutos, con no más allá de 15 muletazos, se ganó a los aficionados, pero como éstos eran minoría, no hubo suficientes pañuelos para la oreja. Mas como la lección estaba explicada, la vuelta al ruedo fue clamorosa.

Apuesta por la variedad

Como aconteció en el cuarto, con menos ganas de embestir y rebrincado. Frascuelo apostó por la variedad y apoyó su quehacer en una prodigiosa capacidad de improvisar adornos, auténticos monumentos escultóricos, al igual que sus medias verónicas, barrocas y belmontinas.Lo de Frascuelo no constituyó sorpresa. Sí y muy agradable fue la entonadísima actuación de Miguel Martín, otrora novillero arrebatado y eléctrico. Ahora se inclina por la enjundiosa clase y el sedoso regusto, amén de una tremebunda rabia de alcanzar la gloria. Frente a sus dos toros brilló con percal, flámula y rehiletes, y en toda la tarde no perdonó ni un quite, siempre también con alegre diversidad de suertes.

Hay que repetirlo pronto porque también huele a torero. Menores efluvios exhaló Juan Antonio Esplá, premioso y sin vitola con el sosote tercero, y que despenó fácil y rápidamente al quinto, el de peor catadura de todos.

 
 

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