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sábado, 29 de julio de 1995
Tribuna:

Fuese, y no hubo nada

Ahora va en serio, en Gorazde "no pasarán". Antes se había dicho más o menos lo mismo de otras zonas protegidas por la ONU, Dios nos libre de los protectores, podrían haber pensado los muertos que ya no piensan, pueden seguir haciéndolo los supervivientes, incluso los desafortunados supervivientes, golpeados, vejados, humillados y ofendidos. Pero ahora va, en Gorazde, en serio, te lo prometo, colega, no saben esos serbios con quién se la están jugando. Entre otras muchas cosas que omito por sabidas, la actitud frente a lo de la ex Yugoslavia, en concreto, la agresión y el racismo serbios, resulta de un conflicto entre la convicción y la prudencia. La convicción de que se trata de una agresión racista y despiadada, un ataque a los principios de la convivencia pluralista, un producto del peor fanatismo nacionalista, una expresión del egoísmo colectivo más inhumano, y la prudencia de no responder la violencia con la represión violenta, ya se sabe que en ese caso Ios daños materiales y personales, la lista de víctimas y el coste de las operaciones, podrían ser muy superiores a los de las políticas de apaciguamiento.

. Es, desde luego, una elección difícil. Y la insatisfacción que produce la mediocridad de la reacción europea es explicable; pero no la pongamos en exclusiva en la cuenta de los Gobiernos de la Europa superdemocrática, esos Gobiernos son.todos superdemocráticos, tienen detrás unos pueblos, o unas sociedades de ciudadanos, entre los que algunos muestran dolida indignación, y otros, indiferencia. Hay voluntarios, y muy encomiables, para misiones de paz en zona más que peligrosa. No parece haberlos, ni pocos tú muchos, de modo significativo, para ir a guerrear contra la indignidad de algunos gerifaltes serbios y de sus seguidores. Tampoco parece que las sociedades europeas superdemocráticas estén dispuestas a sacrificar su bolsa y su tranquilidad para apoyar una acción eficiente frente a la agresión fanática.

Hay quien dice que en Bosnia nos jugamos el futuro de Europa: no lo creo, no creo que sea tanto; en Bosnia nos jugamos la dignidad y la coherencia de nuestras convicciones, pero, si cedemos allí, no quiere esto decir que vayamos a ceder, aquí; más bien aplicaremos la resignación allí, cuando no la pudorosa mirada hacia otra parte, y mantendremos aquí la dignidad de las grandes palabras y aún de la más estricta pureza democrática. Tampoco creo que Serbia pueda ser un peligro expansivo como lo era Hitler comepaíses en los años treinta. Precisamente por eso, por que no nos jugamos nuestro futuro, pero sí la coherencia de nuestras convicciones, la elección no es tan dramática, y la tibieza tan decepcionante, por eso esta humillación que nos inflige la violencia chetnik.

También dejar a los bosnios que se defiendan, suprimiendo el bloqueo, tiene sus contraprudencias: morirán más bosnios y serbios bosnios, y quién sabe cuánta gente más. Lo prudente es permitir esta lenta aniquilación que nos produce tanta ira, vergüenza, y dolor.

Es caro o imprudente, o causante de mayor mortandad, luchar por la dignidad, por la fuerza de unas convicciones, por el imperio de la humanidad y el derecho en un lugar más bien próximo, por la pervivencia de personas que le limitaron a ser como eran cuando fueron agredidas; la prudencia nos reduce a la impotencia; ése es el punto de vista resultante de los conciliábulos, dimes y diretes de los países europeos. Yo, personalmente, me apunto a los indignados imprudentes; creo que estoy en minoría.

Pero los jefes no pueden olvidar su papel, y sacar pecho en nombre de Estados orgullosos, altivos, que se autopredican omnipotentes; en Gorazde "no pasarán"; aquí estamos nosotros, los Estados Poderosos de Europa, que ¡lo garantizamos! Un poco grotesco, ¿no creen? Ahora que ya han conseguido los agresores casi todos sus objetivos militares. No vendría mal a estos gobernantes europeos una ración de humildad; ahora se han puesto farrucos; me han recordado el humor cervantino sobre el bravucón en el estrambote de un conocido soneto: "Y luego, incontinente, / caló el chapeo, requirió la espada, / miró al soslayo, fuese y no hubo nada".

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