NECROLÓGICAS

En memoria de Mariano Yela

La psicología española perdió el sábado a uno de sus más destacados pioneros, Mariano Yela, catedrático de la Universidad Complutense. Cuando la guerra civil y el exilio acabaron con un fecundo periodo de esta disciplina en España, Yela -junto a otros nombres legendarios como Maillart, Germain, Rof Carballo, etcétera- contribuyó de modo decisivo a su lenta recuperación y a su reinserción en la comunidad científica intenacional. En los años de mayor aislamiento de la cultura y la academia de este país supo establecer importantes y sólidos contactos con científicos de Europa y América. Sus trabajos en Bélgica con, A. Michotte, especialmente en problemas de percepción, han cobrado creciente importancia con los años. Sus ideas también quedaron recogidas en influyentes detalles con psicólogos de la talla de Piaget, Inhelder, Piéron, Baldwin, etcétera. Sin embargo, entre los cientos y cientos de alumnos que disfrutamos con su enseñanza en pedagogía y en psicología, fueron sus colaboraciones con L. Thurstone en Estados Unidos y la introducción del análisis factorial en España las que le dieron más fama. Durante años repartió su docencia e investigación entre la Universidad de Madrid y la de Lovaina, cuando la integración en Europa apenas era un sueño de iluminados. Con el establecimiento en Madrid de la titulación de psicología alcanzó la satisfacción por el logro de una meta perseguida durante años y, al mismo tiempo, la pesada carga administrativa de una especialidad que adquirió proporciones gigantes desde su nacimiento. Pero, frustrado por el escaso tiempo que le restaba para el estudio y la investigación, Mariano Yela ha sido fiel a su magisterio universitario hasta el final impartiendo con generosidad sus cursos de doctorado incluso en este año académico apenas iniciado.Tan inteligente como sencillo, tan socarrón como bondadoso, la psicología española pierde contigo a uno de sus más insignes representantes. Tus compañeros y discípulos conservaremos en el recuerdo a un maestro y a un amigo- catedrático de Psicología de la UAM.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de noviembre de 1994