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viernes, 14 de octubre de 1994
Editorial:

Elecciones alemanas

LAS ELECCIONES del domingo en Alemania son esperadas con interés y cierta inquietud en la opinión pública europea, a pesar de que todos los indicios apuntan a una continuidad (quizá con leves retoques) del curso seguido hasta ahora. Alemania, y en concreto el canciller Helmut Kohl, han sido piezas decisivas de la Unión Europea. Si Alemania cambiase de orientación, ¿qué sería de Europa? De ahí la importancia que para toda la Unión Europea tienen estos comicios. También Alemania está replanteándose su papel en Europa, como se vio con toda crudeza al hacerse público el documento escrito por algunos expertos de la Unión Cristianodemócrata (CDU) del canciller Kohl, preconizando una Europa a varias velocidades, con una Alemania integrada con Francia y el Benelux en un núcleo europeo duro y el resto de los miembros de la UE en un segundo grupo periférico.Tal giro -con apoyos incluso en la socialdemocracia- entraña riesgos para los países medios de la Unión, como Italia y España, y según algunas voces para todo el proyecto europeo. Kohl se ha distanciado de la propuesta. No ha disipado, con todo, las dudas que han surgido en toda Europa sobre la viabilidad del proyecto europeo tal como está diseñado, aunque ha afianzado su imagen como el mejor garante de la fidelidad alemana a la actual política de edificación europea.

Todo indica que la CDU ganará las elecciones con más del 40% y que los socialdemócratas (SPD) quedarán varios puntos por detrás. Esto confirmará un cambio serio en la tendencia de los últimos meses, después de que el SPD consiguiera el pasado mes de enero un 53% de la intención de voto en los sondeos. Además del creciente prestigio internacional de Kohl, la causa del cambio radica en la mejora económica que ya percibe el conjunto de la población alemana.

No por capricho los democristianos han centrado su campaña en la personalidad de Kohl. El SPD intentó contrarrestarla con el lema "cambiar de canciller", poniendo a su candidato Scharping en primer plano. Pero Kohl es un maestro de la lucha política, sea electoral o no, y el candidato socialdemócrata llevaba todas las de perder en ese terreno. Ahora, con sus antiguos rivales Lafontaine y Schroeder, Scharping se presenta como primus inter pares en un trío de políticos de experiencia. Ha insistido en sus tesis centristas tanto en cuestiones internacionales como económicas. Pero las clases medias se hallan de nuevo cómodas bajo Kohl.

Ante unas elecciones en las que ni la CDU ni el SPD tendrán mayoría para poder gobernar solos, la continuidad o no de Kohl dependerá de los resultados que obtenga su aliado liberal y, en cierta medida, de lo que cosechen los Verdes y el PDS, heredero del partido comunista de la RDA, que ha obtenido importantes éxitos electorales en varios Estados del Este. Los liberales no han alcanzado en estas convocatorias parciales el 5% indispensable para entrar en el Parlamento. El peligro de quedar fuera del juego político existe. Pero la experiencia demuestra que en elecciones federales acaba superando esa cota. De no lograrlo, la CDU sólo tendría al SPI) como socio potencial en una gran coalición.

Una eventual alianza de socialdemócratas y Verdes parece poco probable dada la aritmética electoral. Para prevenir toda tentación del SPD de formar un Gobierno con los Verdes, apoyado o tolerado por los ex comunistas, Kohl ha lanzado una virulenta campaña anticomunista en la que no han faltado referencias al frente popular. Hay muchos indicios de que una vez más y después de parecer desahuciado por mucho tiempo, Kohl volverá a ser el que ría el último.

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