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viernes, 1 de abril de 1994
Reportaje:

Preguntas sin respuesta sobre la muerte de Cristo

Lo único que se sabe con certeza es que lo crucificaron por subversivo

Madrid 1 ABR 1994

El misterio de la muerte y resurrección de Cristo, del que casi no sabemos nada históricamente, sigue celebrándose en estos días, cada año, por más de 800 millones de sus fieles en todo el mundo. Jesús de Nazaret es uno de esos personajes que "la historia no consigue digerir nunca", como pude escuchar en una ocasión durante un congreso de marxistas. Por eso sigue siendo un personaje polémico, que no se oxida, ni siquiera -como dicen los críticos del cristianismo-, a pesar de todo lo que una buena parte de su misma Iglesia ha hecho para hundirlo.De ahí que estos días dos publicaciones tan distintas como el semanario de información internacional Newsweek y la revista esotérica Más allá hayan dedicado la portada y un amplio reportaje a los misterios aún sin descifrar de la muerte de Cristo, en el primer caso, y un monográfico de casi 300 páginas a su figura, en el segundo.

Y todo eso se da en el momento en que sale a la opinión pública mundial lo que tantos biblistas habían sostenido estos años: "Del nacimiento, vida y muerte del profeta Jesús de Nazaret no se sabe prácticamente nada. Sólo que lo crucificaron y que murió. Y que años más tarde unos grupos que se llamaban cristianos apelaban a Jesús como a un personaje que no había muerto para siempre y que había traído un mensaje válido para toda la humanidad", ha dicho a EL PAÍS, en Córdoba, Juan Mateos, jesuita, uno de los mayores biblistas españoles vivientes, que en los años pasados abarrotaba de alumnos sus clases en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma, y de quien acaba de aparecer el primer volumen, junto con Fernando Camacho, sobre el análisis lingüístico y el comentario exegético del Evangelio de Marcos, al que brinda una modernidad formidable.

Según el biblista, de todos los relatos sobre la Pasión, no hay casi nada que pueda considerarse histórico. De ahí que las mismas narraciones de los cuatro evangelistas aparezcan tan diferentes e incluso contradictorias. "Porque los Evangelios", dice Mateos, "no son una biografía, ya que a quienes los escribieron no les preocupaba nada el lado anecdótico de Jesús. Presentan sólo su estilización alrededor de una idea, que es la que les interesa resaltar: la de un amor hasta el final. Por eso nada sabemos ni de lo que Jesús sabía ni de lo que hizo ni de lo que amó. Nada en absoluto sobre su vida afectiva o sexual".

Por ello no extraña que el dominico irlandés Jerome Murphy O'Connor, una gran autoridad en arqueología religiosa en Tierra Santa, haya puesto en tela de juicio el itinerario mismo de la famosa Via Crucis, camino jerosolimitano del Calvario, hoy meta de peregrinaciones.

Esta idea de que hay muy poco histórico en los Evangelios, que son más bien la narración de la fe de una comunidad, va penetrando pacíficamente en la misma Iglesia oficial, que años atrás persiguió a tantos biblistas. Baste pensar que al mismo Papa Wojtyla, escandalizando incluso a no pocos católicos tradicionales, se le escapó decir las Navidades pasadas que no se sabe cuándo nació Jesús y que el 25 de diciembre era sólo una fiesta pagana celebrada por los romanos, que los cristianos asumieron como la del nacimiento de Cristo.

"Por no saber", dice el jesuita experto en los Evangelios, "no sabemos ni dónde nació. Yo personalmente no creo que naciera en Belén. Y todo lo que rodea la narración de su nacimiento con los magos, el pesebre, la matanza de los inocentes, etcétera, pertenece al simbolismo. Es una manera teológica de explicar su vida".

¿También su muerte? "De su muerte lo único cierto es que lo crucificaron por subversivo", explica Mateos. "De lo demás no sabemos nada, ni siquiera el día o el año. Sólo que fue la víspera de una Pascua judía, la cual no era fija y podía caer en cualquier día de la semana".

¿Y las apariciones como resucitado? "No hay nada histórico. Lo que está claro es que nadie de los que le rodeaban creía en la resurrección, empezando por las mujeres que habían ido a ungir el cadáver y que estaban convencidos de que alguien había robado su cuerpo".

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