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martes, 11 de enero de 1994

Ucrania renuncia a su arsenal nuclear que amenaza a Estados Unidos

  • Clinton apoya que Europa tenga su propia política de defensa

El presidente norteamericano, Bill Clinton, presentó ayer como un "gigantesco paso hacia una mayor seguridad para Estados Unidos, para Europa y para el mundo" el acuerdo alcanzado con Ucrania por el que el Gobierno de este país renuncia a su arsenal nuclear que apunta al territorio norteamericano. El acuerdo, en el que está implicada Rusia, será firmado el viernes en Moscú por los presidentes de los tres países.

Este acuerdo con Ucrania era la principal carta que traía en la manga este amante de los golpes de efecto que es Bill Clinton. El acuerdo desactivará los 176 misiles cargados con 1500 cabezas nucleares que posee actualmente Ucrania. De esta manera, tal como quería Washington, Rusia será la única antigua república soviética que conserva el arsenal atómico heredado de la antigua potencia comunista. Kazajastán y Bielorrusia habían renunciado anteriormente a su parte.Con esta decisión y la invitación a los antiguos países miembros del Pacto de Varsovia a integrar inmediatamente una Asociación para la Paz, anunciadas ayer, Clinton de claró en una conferencia de prensa posterior a la sesión de debates que "es posible empezar a imaginar y definir un nuevo concepto de seguridad en la posguerra fría, fundado no en la división de Europa sino en su integración".

Compensación económica

El secretario de Estado norteamericano, Warren Christopher, informó, posteriormente, que en el acuerdo con Ucrania, sobre el que todavía no se conoce un calendario exacto, Estados Unidos se compromete a "garantizar la seguridad de Ucrania, ayudar al desmantelamiento de los misiles y aplicar un programa de compensación económica".

La incertidumbre sobre las fechas exactas en las que se desmantelarán las armas es especialmente destacada por los expertos, puesto que existe el temor de que el Gobierno ucranio pueda aducir cualquier circunstancia amenazante por parte de Rusia para incumplir lo pactado. Funcionarios norteamericanos explicaron que Estados Unidos quiere empezar la retirada de los misiles "inmediatamente" y conseguir "progresos sustanciales en el primer año".

Los observadores creen advertir, sin embargo, una cierta precipitación en el anuncio de este acuerdo, provocado en gran parte por el hecho de que el mandatario norteamericano quería resultados concretos en su primer viaje a Europa.

Para contribuir a la espectacularidad de esta operación, el presidente Clinton detendrá por unas horas su avión en Kiev el próximo miércoles en su recorrido entre Praga y Moscú. En la capital checa, donde se entrevistará con el presidente de ese país, así como con los de Hungría, Eslovaquia y Polonia, Clinton espera recibir formalmente, según confesó ayer, el deseo de esas cuatro naciones de adherirse a la Asociación para la Paz patrocinada por Washington.

El presidente norteamericano explicó también que la iniciativa de crear esa asociación no ha sido tomada en función de la existencia de VIadimir Zhirinovsky, sobre quien Clinton recordó que "gracias a Dios no es quien gobierna Rusia".

Intervenir en Bosnia

Todo no fueron, sin embargo, mieles para la actividad de Clinton ayer en Bruselas. El presidente norteamericano sostuvo en la sesión de la OTAN un educado pero agrio cruce de palabras con su homólogo de Francia, François Mitterrand, a quien parecía dirigirse cuando advirtió que las decisiones que se tomen en esta cumbre en relación con Bosnia no deben quedar en pura retórica, sino que tienen que adoptarse con el firme propósito de ejecutarlas cuando la situación lo exija.

Menos trascendental pero mucho más grosera fue la metedura de pata de Clinton en una broma que quiso hacer al canciller alemán, Helmut Kohl, durante la tradicional sesión fotográfica de todos los dirigentes. Clinton le comentó al gigatesco Kohl que se había acordado el lunes de él mientras veía en la televisión. un combate de sumo, la lucha japonesa.

Al percatarse de su garrafal fallo protocolario, trató inmediatamente de arreglarlo con una frase que tampoco fue muy afortunada: "Bueno, después de todo usted y yo somos los más grandes aquí".

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