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El último susto de la reina de Inglaterra

20 manifestantes burlan la vigilancia y ocupan los jardines del palacio de Buckingham

La reina Isabel II no gana para sustos. El último, ayer, consistió en una fugaz manifestación en los mismísimos jardines de palacio. La reina estaba alojada en Buckingham cuando unas veinte personas burlaron el anillo externo de seguridad y se colaron en el recinto. La intromisión, efectuada en nombre de los indios chochones norteamericanos, concluyó con la detención de 18 personas y un serio bochorno para los responsables de la vigilancia.El palacio de Buckingham es, en teoría, uno de los edificios mejor vigilados del mundo. La teoría ya quedó en entredicho en 1982, cuando un tal Michael Fagan se presentó en el dormitorio de la reina y le contó su vida durante media hora. El año pasado, otro caballero, de nombre Darryll Marcus, ridiculizó de nuevo a la policía dándose un paseo nocturno por los salones de palacio. Desde entonces, sin embargo, se redobló la vigilancia y Buckingham se convirtió, siempre en teoría, en una fortaleza invulnerable.

¡Qué va! No hizo falta un psicópata ni una banda de terroristas curtidos para hundir la teórica invulnerabilidad. Bastaron una escalera, unas cuantas amas de casa y un par de estudiantes, miembros de la Asociación Occidental de Mujeres por los Chochones. El grupo, una pacífica organización parroquial de Bristol (oeste de Inglaterra), se metió en palacio para protestar contra las pruebas nucleares en el desierto de Nevada (Estados Unidos) y para reclamar atención a los derechos de los chochones y, en general, de todos los indios norteamericanos.

El plan de los manifestantes fue gloriosamente simple. Se presentaron ante los muros de Buckingham provistos de unas cuantas escaleras, subieron, cortaron la alambrada y los cables de la alarma con unos alicates, y pasaron al otro lado con las pancartas al hombro. Un transeúnte observó la operación: "Me pareció obvio que no eran terroristas, porque eran jóvenes.., vestían ropas de colores y tenían un aspecto alegre", declaró el caballero.

El uso de grandes alicates le hizo pensar, sin embargo, que "eran profesionales". Así que caminó hasta el edificio más cercano y avisó al portero, quien, a su vez, telefoneó a la policía.

Diez minutos después, 18 de los alegres excursionistas estaban detenidos y su portavoz, Di McDonald, cantaba victoria: "El objetivo era conseguir la máxima publicidad y se ha logrado", afirmó. Entrar en Buckingham no es delito, sino falta. Todos los simpatizantes de los chochones fueron puestos en libertad horas después.

Un portavoz de la Policía Metropolitana afirmó que los mecanismos de seguridad habían funcionado "perfectamente". "Todos los intrusos fueron detenidos en cuestión de minutos y la reina no corrió el menor peligro", explicó el policía. Pero el ministro del Interior, Michael Howard, admitió sentirse "muy preocupado" por el hecho. Y un diputado liberal-demócrata exigió en la Cámara de los Comunes una explicación oficial a la pintoresca incursión colectiva.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de julio de 1993