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"Mi novela subraya el peligro de lo irracional''

Barcelona
La razón del mal, de Rafael Argullol (Barcelona, 1949), fue proclamada ganadora, en la noche del miércoles, de la 48ª edición del Premio Nadal. Argullol, que es profesor de Estética en la Universidad de Barcelona, ha publicado hasta ahora dos libros de poemas, cuatro novelas y seis ensayos. En el campo del pensamiento, publicó recientemente un libro de conversaciones con Eugenio Trías, El cansancio de Occidente.

Rafael Argullol vivió ayer una de esas densas jornadas que siguen a la proclamación de los premios. El Premio Nadal lo había convertido en el hombre del día. Concedía entrevistas cronometradas, con frecuentes interrupciones para atender a las radios, se apresuraba para no faltar a la inevitable cita con las televisiones y se sorprendía respondiendo una y otra vez a las mismas preguntas sobre la novela que se llevó los tres millones de pesetas del Nadal."En el caso de La razón del mal, la novela surgió como una idea que se te fija en la cabeza y dirige todo el mecanismo posterior, a diferencia de lo que sucede en otras ocasiones, en las que son los personajes los que mandan", manifestó Argullol. "En mis novelas anteriores me apoyaba mucho en el modelo de la novela de viaje, pero en esta última la idea fundamental es relatar lo que ocurre cuando en un engranaje que funciona perfectamente, en este caso una ciudad, se introduce un hecho imprevisto".

Argullol se muestra reacio, a pesar de la insistencia de los periodistas, a relatar cuál es este imprevisto, que viene a ser algo así como una epidemia que trastoca los hábitos de los habitantes de la ciudad, convertida en protagonista colectivo de La razón del mal. "Me he negado a revelarlo incluso a mis amigos", comenta, "porque, en primer lugar, es simbólicamente un hecho importante; en segundo lugar, porque es innovador, y, en tercer lugar, porque tiene mucho que ver con cierta inquietud o metáfora de nuestro tiempo. Es, en resumen, un hecho que se presta a ser interpretado de muchas maneras y que va variando de faz en el seno de la sociedad, hasta el punto de que se presta a ser tanto realidad como sueño".

Este hecho imprevisto, este intruso innominado, es primero sólo una sombra, después un rumor, pero se agranda hasta convertirse en una obsesión" y acaba, en palabras de Argullol, "trastocando la vida comunitaria y las normas de conducta 'humana y coloca a los individuos en una situación límite que les hace reflexionar sobre el racionalismo".

El irracionalismo es, según afirma el autor, uno de los temas principales de la novela ganadora del Nadal. "En La razón del mal", dice, "las paradojas de la razón están presentes, pero se subraya también el peligro del irracionalismo, que podemos ver en nuestros días con la proliferación de magias y esoterismos. Pienso que si no creamos un proyecto de razón plural, una de las amenazas que acechan es la demagogia y el irracionalismo".

"En el terreno político en concreto", precisa Argullol, "tengo la impresión de que si no se hace un trabajo de renovación de la tradición democrática pueden aparecer salvadores que nos lleven a un nihilismo irracionalista. No estoy pensando en el fascismo, pero sí en salvadores de personajes desorientados y escépticos".

Al hablar de la tan pregonada crisis que se avecina, Argullol precisa: "Creo que no se trata de una crisis económica, sino fundamentalmente psicológica o espiritual. Hay una especie de crisis de miedo que ha surgido en los últimos años y que puede incrementarse, y ni posición es combatir esto con un debate".

Argullol, que ha destacado hasta ahora de un modo especial en el campo del pensamiento, se niega a considerar que su novela sea sólo una excusa para exponer unas ideas, una especie de ensayo encubierto. "Es una novela novela", asegura. "Además, yo no he visto nunca la diferencia entre la literatura pura y la literatura de ideas, y ahora aún menos. Creo que en toda literatura hay siempre ideas y una voluntad de forma".

"El escenario de la novela", puntualiza, "es un escenario inmóvil y los ciudadanos están atrapados, pero hay también una acción y un suspense creados por la anomalía que surge, que a veces es el mal, a veces una enfermedad y a veces algo innombrable".

La ciudad cerrada de Argullol, los cambios de conducta propiciados por la aparición del intruso, parecen sugerir un universo kafkiano en La razón del mal. Al ser preguntado al respecto, el escritor señala: "Creo que todo nuestro mundo está lleno de elementos kafkianos, como lo es la propia incertidumbre". Y agrega: "Dentro de la tradición moderna hay muchas influencias distintas. Una de ellas es la conradiana que ha estado siempre muy presente. También me interesa mucho Jünger, con quien tengo afinidades en el trasvase de géneros. En la modernidad me atraen tanto Thomas Mann y Robert Musil como Kafka y Beckett".

Aunque en La razón del mal hay un par de protagonistas que tienen unas características muy definidas, Argullol insiste en que el auténtico protagonista del libro es la ciudad. "Podríamos hablar del marco de la tragedia griega, en la que se pone en juego tanto una voz coral como unas voces individuales", dice. "En este sentido creo que el auténtico protagonista del libro es el espíritu de la ciudad, una ciudad innominada que podria ser Barcelona y a la que defino en algún momento en términos fisiológicos, hablando de sus calles como arterias".

La memoria y el olvido también están presentes en La razón del mal. "Tanto la memoria como el olvido eran temas que en la novela surgían como necesidades de la propia trama", comenta el escritor galardonado, "pero me he dado cuenta de que cobran más significado porque la amnesia forma parte de los individuos que trazan la historia a través de los ejercicios de amnesia. Hay un paralelismo en la novela entre los individuos y la colectividad, ya que en los dos casos la amnesia está presente y es un elemento fundamental en el conocimiento de uno mismo".

Profesor en Italia y en Estados Unidos tiempo atrás, a Rafael Argullol le colgaron hace tiempo el sambenito de neorromántico a causa de sus diversos ensayos sobre el romanticismo. "No hace falta decir que rechazo la etiqueta", dice. "En el romanticismo me interesan los interrogantes que se plantean sobre la mente moderna y no las respuestas, veo el romanticismo y la ilustración como dos caras complementarias de la modernidad".

* Este articulo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de enero de 1993

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