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domingo, 22 de noviembre de 1992
Editorial:

Nueva devaluación

COMO ERA previsible, la reunión del Comité Monetario de la CE -convocada este fin de semana a instancias del Gobierno español-, se ha saldado con una nueva devaluación de la peseta y del escudo portugués, ambas en el 6%. Se espera que este nuevo tipo de cambio central de que dispone nuestra moneda contribuya a eliminar la situación de interinidad que ha dominado en los mercados financieros españoles durante los dos últimos meses, con consecuencias tan negativas para la economía.Desde el inicio de la crisis, el pasado septiembre, la peseta era tributaría de la desigual resolución de las tensiones cambiarias experimentadas en el mecanismo de cambios del Sistema Monetario Europeo (SME). Tras el abandono de la libra esterlina y la lira italiana, la voluntad del Gobierno español de mantener a la peseta en esa disciplina obligó, tras la devaluación en solitario de un 5% en su tipo de cambio central el pasado 17 de septiembre, al establecimiento de regulaciones excepcionales por el Banco de España, destinadas básicamente a disuadir las operaciones en pesetas por no residentes. Una regulación de efectos negativos sobre la estabilidad de los mercados financieros y la credibilidad de la economía española, sin que por ello nuestra moneda quedara completamente preservada de las presiones especulativas en los mercados.

Paralelamente, el Bundesbank (banco central alemán) prestaba un apoyo inusual a las autoridades francesas para neutralizar las tensiones depreciadoras del franco. Las jornadas posteriores han puesto de manifiesto esa diferenciación entre las distintas monedas del SME, más allá de los desiguales fundamentos de las respectivas economías.

La iniciativa adoptada ahora por las autoridades españolas es tanto más razonable cuanto más se aplazaba la resolución definitiva de la crisis cambiaría en la CE. Esperar al retorno de la lira italiana o a la evaluación por ese Comité Monetario de las conclusiones de la encuesta cursada a las autoridades monetarias nacionales sobre la reforma del SME, no habría conseguido sino alimentar la situación de interinidad en que se encontraban los mercados, incrementar la intensa pérdida de reservas de las últimas jornadas y, en definitiva, demorar la necesaria reducción de los tipos de interés que la desaceleración de la economía y el fuerte aumento del desempleo exigen.

Hasta ahora, esa relajación de la política monetaria estaba efectivamente supeditada al respeto a la disciplina cambiaria. Cualquier movimiento a la baja de los tipos de interés habría presionado sobre la manifiesta debilidad de la peseta. El nuevo tipo de cambio central de nuestra moneda ha de permitir descensos graduales en el precio del dinero, tanto más necesarios cuanto más escasa se ha manifestado la eficacia de su nivel, relativamente elevado, en la reducción de las tensiones inflacionistas de nuestra economía.

Como han demostrado las devaluaciones anteriores, los efectos favorables en términos de ganancias en la competitividad de las empresas exportadoras españolas originadas por el nuevo tipo de cambio de la peseta se verán contrarrestados por los aumentos en el valor de las importaciones y los deslizamientos inflacionistas. Evitarlo exige que esa alteración cambiaria vaya acompañada de medidas complementarias como ha recomendado el Comité Monetario: el levantamiento de las restricciones impuestas por la circular del Banco de España que impone penalizaciones sobre la libre operativa en los mercados de los no residentes, la aplicación del catálogo de reformas estructurales destinadas a eliminar esos quistes inflacionistas ante los que la política monetaria se ha mostrado incapaz y la propiciación de un esquema de concertación sobre el que articular una política de rentas que garantice una justa distribución en. los esfuerzos necesarios para superar la crisis económica.

Al Gobierno le corresponde evaluar en un año electoral su capacidad y disposición para hacer en estos próximos meses gran parte de un trabajo que tenía que haber hecho en los últimos cinco años. Autoridad no le falta, pero tampoco faltan razones para dudar de la disposición de energía suficiente para un empeño tal. De no hacerlo, esta nueva devaluación será tan ineficaz como tantas otras en nuestra historia.

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