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miércoles, 9 de octubre de 1991
Editorial:

Carrera de desarme

LA RESPUESTA de Gorbachov al discurso de Bush del pasado 27 de septiembre anunciando sustanciales reducciones de armas nucleares no sólo acepta y respalda mucho de lo propuesto por el presidente de EE UU, sino que agrega otros puntos más que podrían acelerar el proceso de desarme. Es una actitud claramente positiva, que indica que el proceso camina en buena dirección. Todos los analistas coinciden en que, incluso aceptando que hace falta conservar cierta capacidad de disuasión nuclear, los arsenales actuales, tanto de la URSS como de Estados Unidos, superan de manera excesiva los niveles adecuados. Por tanto, cabe esperar que el actual intercambio entre los dos dirigentes no se limite a las iniciativas que están ya esbozadas, sino que permita preparar reducciones más drásticas.Un primer punto decisivo en el que parece haber una gran coincidencia es el de las armas tácticas. Hoy representan el mayor peligro de proliferación dentro de la Unión Soviética. Su destrucción -anunciada por Bush, y a la que Gorbachov se ha sumado- es esencial en estos momentos. Lo demuestra claramente el caso de Ucrania -cuyo presidente, Krauchuk, es partidario de destruir las armas nucleares existentes en su república-, en donde algunos sectores nacionalistas extremistas preconizan que la república conserve bajo su control un número determinado de esas armas. En la actual etapa de inseguridad sobre las futuras relaciones entre repúblicas, la destrucción del armamento nuclear de corto alcance distribuido en diversas zonas de la URSS es conveniente tanto para la seguridad internacional como para eliminar un tema dificil y peligroso en el debate sobre el futuro de la antigua Unión Soviética.

Sobre los misiles estratégicos, Gorbachov ha decidido reducir los instalados en tierra a 5.000 en lugar de los 6.000 acordados en el Tratado START. Cabe esperar que en las negociaciones bilaterales se contemplen niveles incluso inferiores a los manejados en las propuestas públicas de los dos presidentes. En ese sentido va a presionar sin duda el ministro de Exteriores de Rusia, Andréi Kozyrev, que se ha pronunciado por la aplicación de reducciones más espectaculares que las mencionadas por Gorbachov.

Por otra parte, la revisión en curso no es sólo cuantitativa. El contenido mismo de la política nuclear debe responder a unos condicionantes completamente distintos. La misión que aún pueden desempenar esas armas -evitar que cualquier Sadam de cualquier parte amenace con ellas a sus adversarios, o a la humanidad- puede cumplirse con capacidades muy inferiores. Según cifras que barajan los expertos de EE UU y el Reino Unido, bastarían en tomo a 2.000 cabezas. Si las discusiones hoy en curso avanzasen hacia esas cifras, sería preciso -como ha planteado Gorbachov- incorporar a las negociaciones al Reino Unido, cuyos submarinos Trident podrían disponer de cerca de 1.000 cabezas, a Francia y a China.

Gorbachov ha tomado otra decisión que supera la oferta de Bush: la URSS ha iniciado una moratoria ,unilateral de sus pruebas nucleares durante un año, con la esperanza de que EE UU adopte una decisión similar. El fondo del problema estriba en que suspender las pruebas implica interrumpir la investigación en ese terreno. Hasta ahora, la tesis de EE UU ha sido que es preciso un cierto número de pruebas para que las armas que figuren en los arsenales sean "mejores" y "más seguras". En todo caso, lo que parece viable -y sería importante- es que se fije de mutuo acuerdo un número muy reducido de pruebas anuales y que se reduzcan a un nivel inferior -20 kilotones- las cargas de los ingenios utilizados.

Comparando lo que ocurre en estos días con lo que fueron las décadas de negociaciones sobre desarme, en que sólo se daban pasos de cangrejo, parece que asistimos a una carrera de 100 metros lisos. A todas luces, para adaptar el problema nuclear a la nueva situación que se ha creado en el mundo, la competencia en la adopción de medidas unilaterales está desempeñando un papel decisivo.

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