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miércoles, 16 de enero de 1991
CARTAS AL DIRECTOR

Carta de despedida

Calatayud, Zaragoza. 16 ENE 1991

Era enero, el mes del frío por naturaleza, una época en la que ya nadie sabía nada. Las golondrinas volvían despistadas a sus antiguios nidos, algunos árboles empiezaban a enrojecer en un arrebato de primavera equivocada... ¿Estarían confundidos? Quizá esa ficticia primavera nos salvara a todos del desasosiego del hielo. Lo dudoso es el tiempo que nos queda, la cuenta atrás que ya ha comenzado.

El día 16 empieza la III Guerra Mundial. La gente camina tranquila de su casa al trabajo. Otros muchos tan sólo intuyen lentamente cómo el ángel exterminador va cayendo sobre los campos.

Es el fin del mundo. El armamento químico y nuclear nos acariciará suavemente, mientras la piel nos abandona tira a tira. En ese momento, hasta los a veces conciliadores periódicos perderán la esperanza ante lo inevitable.

Varios locos enfrentados. El mundo, testigo ciego y mudo. Huelgas de protesta, gritos de desesperación ... ¿Se darán cuenta?

Este invierno, el hielo será más frío que de costumbre en el desierto. Tendremos que huir al campo corriendo rápido. ¿Estarás aquí cuando acabe todo?

La melodía fúnebre de destrucción ya comienza a clamar como las trompas de caza, esa caza del hombre hacia sí mismo.

Puede que sonriamos al unísono mientras el presentador del telediario palidezca al contarnos el número de víctimas; sonreír por no llorar; risa de histerismo desesperado, lamento de tristeza, triste final. La primera parecía imposible. La segunda demostró el absurdo generalizado. Confiábamos en habernos parado ahí, en esos millones de genocidas y masacrados.

Ahora surge un nuevo nazismo, el de la incertidumbre de la inconsciencia, el de la inconsciencia de la aniquilación.

Fin. El hombre llega al grado de supremacía necesario para enfrentarse de nuevo consigo mismo. ¿En favor de qué?

Nadie escucha, pocos se dan cuenta y gritan horrorizados.

Darse cuenta... ¿De qué?

Quisiera darte el último beso antes de la guerra, el verdadero dios del hombre. ¿El único?.-

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