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martes, 15 de mayo de 1990
Crítica:

Frenesí

22.30 / TVE-1Frenzy, 1972 (106 minutos). Director: Alfred Hitchcock. Intérpretes: Jon Finch, Barry Foster.Dice el tópico que todo asesino vuelve al lugar del crimen tarde o temprano, poseído por una fuerza oculta muy superior a la razón. Hitchcock, asesino por procuración, volvió con Frenesí a Londres, al cine británico que abandonara en 1940 en peregrinaje a Hollywood. Pero volvió con más sabiduría, con infinita sabiduría, con una maestría cinematográfica a la que muy escasos cineastas llegan. En Frenesí también hay un asesino, maníaco éste con el arte de estrangular a sus víctimas femeninas con corbatas, como si quisiera imponer por la ley de la fuerza una moda en la mujer. También hay algún cadáver humedeciéndose en el río. Y, claro es, también anda Scotland Yard de cabeza. Ahora, empero, Hitchcock se acerca a su criatura, el estrangulador, con aires de psicólogo. Conoceremos su identidad a los 30 minutos de proyección, y si hemos entrado con intensidad en él -en el filme- entraremos igualmente en el personaje incluso, dadas las circanstancias argumentales, le ayudaríamos en algún nudo de corbata. El asunto reviste mucha trascendencia, desde luego, pero Hitchcock se distancia de él y le echa mucho humor, ora explícito, ora implícito. Y sabe exponer su historia sin dejar un solo segundo a la posible presencia del aburrimiento, inquietando siempre, con estilo y elegancia. Una duda muy humana azota al comentarista: ponerle a Frenesí una quinta estrella.

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