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martes, 13 de febrero de 1990
40º FESTIVAL DE BERLÍN

Extraordinario filme ruso sobre el infierno del 'gulag'

Tras cuatro días de Berlinale suenan ya nombres y títulos para la lista de premios: Kathleen Turner, Jessica Lange, Caja de música, La guerra de las rosas y, desde su mazazo de ayer, la sorprendente y durísima película rusa La patrulla.Es una obra de tan extrema violencia y tanta penetración crítica en el pasado soviético inmediato que pone de manifiesto que el cine, que fue vanguardia en la perestroika inicial, sigue siendo ahora quien abre caminos a la luz en los territorios más oscuros e intransitables de la reciente historia rusa.

Atroz viaje

El asunto es éste: en 1979 un tren de prisioneros cruza las estepas nevadas hacia uno de los agujeros del abismo del gulag, el enorme archipiélago de campos de concentración. El vagón que conduce a los penados -el ámbito más parecido al infierno que se haya visto nunca en una pantalla desde los documentos sobre los genocidios nazis- está custodiado por una patrulla del ejército, en la que hay un recluta que hace este atroz viaje por primera vez y participa en aquello hasta el fondo de la demencia. La bestial condición del convoy de prisioneros contagia a los soldados, que experimentan un progresivo deslizamiento, magistralmente graduado, hacia el embruteciiniento interior y la locura colectiva.El director del filme, Alexandr Rogoschin; su escritor, Ivan Loschilin; su fotógrafo, Valery Martinov; y los 20 actores que se apiñan en este metafórico vagón (del que nunca, salvo en la conciencia de un agonizante, escapa la cámara) son un conjunto de maestros del cine en el que no hay fisuras: todo es orden y precisión en la reconstrucción de esa amorfa y desordenada pesadilla de la historia. El gulag descrito por Soljenitsyn se parece a un cuento de hadas comparado con esta incursión visual en uno de los caminos que conducen a él.

La película tuvo y tiene dificultades en la Unión Soviética. El Ejército negó permiso de rodaje, pero la autonomía de que gozan la productora Mosfilm logró, por recovecos burocráticos, sortear este escollo e iniciar la filmación. Se rodó un metraje de más de dos horas, pero hubo un sabotaje en la sala donde el filme se montaba y dos bobinas de negativo fueron robadas, apareciendo más tarde trozos inutilizados en un basurero urbano.

Desmayos

Una vez montado el material que quedó se hizo una proyección piloto en Moscú, en un cine de barriada: hubo desmayos histéricos en el público y parte de él huyó de la sala despavorido no pudiendo soportar tal visión. El comité central del PCUS pidió ver el filme. Hubo un pleno dedicado a debatirlo y se filtraron posiciones muy encontradas y acaloradas. Hoy La patrulla tiene en su país este vergonzoso permiso de exhibición: cuatro o cinco copias para 200 millones de espectadores potenciales, cuando en la Unión Soviética se distribuyen normalmente centenares de copias de cada filme.Ni los más audaces impulsores de la perestroika han osado llegar tan lejos. "Hay tanto horror a nuestras espaldas", dice Rogoschin, "que lo único que hace falta al artista es tener buena memoria. Ese Cristo con su cruz a cuestas que un soldado entrevé desde la ventanilla vagar por la estepa es, en efecto, una metáfora dentro de la metáfora: la idea fugaz de la Pasión de mi pueblo". En este sentido añade Rogoschin: "Quizá hemos sobrepasado los techos de la libertad establecida. Pero ése es el deber de todo artista. En eso consiste el arte".

El trabajo de Rogoschin y su equipo ha dado como resultado un extraordinario filme soviético sobre el infierno del gulag, que ha impresionado profundamente en la Berlinale de este año.

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