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sábado, 30 de septiembre de 1989
Tribuna:

Eco, acusado de plagio

En pleno apogeo del fenómeno Eco, un escritor chipriota le acusa formalmente de plagiario. El nombre del denunciante es Kostas Sokrátus, presidente de la Unión de Escritores de Chipre, quien confiesa haberse quedado estupefacto cuando, hace un mes, un amigo le hizo conocer la traducción en griego de El nombre de la rosa, que hasta el momento desconocía. Según Sokrátus, prolífico escritor de novelas, ensayos y artículos, la primera novela de Umberto Eco recoge hasta 150 pasajes basados en su libro Aphorismenos (Los excomulgados), que publicó en 1964. Para demostrarlo, ha redactado y publicado un largo folleto con su incriminación y lo ha presentado ante un tribunal de Chipre. Reclama en defensa de sus derechos una indemnización de tres millones de libras esterlinas (unos 600 millones de pesetas) y la condena internacional del célebre escritor. Exceptuando el desenlace de la novela, prácticamente la totalidad de la novela se encuentra bajo la acusación de plagio. Interrogado Umberto Eco por el semanario italiano Epoca, a propósito de las numerosas coincidencias, su respuesta esencialmente ha consistido en admitir que su narración está basada en fuentes históricas y literarias clásicas, a las que probablemente también recurrió Sokrátus, como tantos otros, si pretendía tratar el mito del laberinto. Al margen de ello, Eco recuerda que no es la primera vez ni será acaso la última que los libros de gran éxito suscitan esta clase de episodios. Sobre El péndulo de Foucault han brotado también observaciones semejantes.

El negocio del MOMA

Desde hace años, en unos locales adjuntos al Museum of Moderri Art de Nueva York (MOMA) se encontraban a la venta algunos objetos, comojarrones, figurillas, ceniceros, creados por artistas y diseñadores que han venido exponiendo sus obras en el museo. La tentativa fue hasta ahora tímida y modesta, pero comprobada su aceptación popular, los responsables de la institución han decidido extraer de ella la máxima rentabilidad posible, y a partir de finales del próximo mes de octubre se inaugurará un local titulado Moma Design Store, destinado a ofrecer reproducciones de los más variados artículos, apoyados en el mérito de haber transitado o hallarse entre los fondos del museo. Objetos, muebles o alfombras, diseñados por Le Corbusier, Isamo Noguchi, Frank Lloyd Wright, Mario BeIlini, Mies van der Rohe, Roy Lichtenstein o Arata Isozaki, serán Duestos masivamente en venta, y de su beneficio se pretende financiar una parte de los cuantiosos gastos del centro. El amplio espacio dedicado a la tienda se encuentra localizado en la calle 53, entre la Quinta y la Sexta Avenida, y ha sido ideado y realizado por el estudio de arquitectura Hambrech & Terrel International. Acudir al Museo de Arte Moderno de Nueva York será dentro de unos 30 días no sólo un ejercicio de contemplación, sino también la oportunidad de hacer shopping artístico.

'Shopping' de arte

Más o menos a la inversa de lo que acaba de promover el MOMA, está sucediendo en la ciudad italiana de Ferrara. El Ayuntamiento comenzaba a sentirse incómodo con el hecho de que los turistas sólo apreciaran de entre las diferentes riquezas de la ciudad los tópicos de Schifanoia y el palacio de Diamanti.Nadie o muy pocos visitaban la galería de arte moderno y contemporáneo del palacio Massari, donde se encuentra un rico patrimonio artístico. Para corregir la desafección, el subdirector del palacio de Diamanti ha conseguido poner en práctica una iniciativa insólita. Los cuadros, en lugar de seguir expuestos entre los muros del museo, han sido trasladados a los escaparates de los comercios, zapaterías, perfumerías o boutiques de las calles Bersaglieri del Po, Canónica o San Romano, en el centro de la ciudad. El experimento, iniciado el pasado 16 de septiembre, se prolongará al menos hasta el 5 de octubre.

Tendencias de los noventa

La revista francesa Globe no es la primera ni la única que ha elaborado una prospectiva sobre las tendencias culturales para la última década. En líneas generales,éstos serían los vectores del cambio. Viajes: frente a la tendencia a realizar viajes en avión recorriendo miles de kilómetros, la elección será el peregrinaje minucioso, más sosegado y erudito. Viajes de europeos por Europa en busca de conocimientos históricos, busca de identidad y de cultura, al estilo de lo que marca el célebre pero aburrido libro El Danubio, de Claudio Magris. Moda: fin de la participación masiva en las directrices de cada temporada. Lo importante no será tanto respetar el dictamen inmediato como lograr un look acorde con tendencias personales e integradas. Espacios: los referentes serán cada vez más populares y localistas. Al mito de las grandes ciudades impersonales sucederá la vivencia de lo cercano tanto en los temas literarios como en el desarrollo de la música, los consumos y las formas regionales. Mayor énfasis, por tanto, de las culturas euro-regionales y enaltecimiento de la proximidad. Pintura: decrecerá el ritmo de las novedades pictóricas y el lema de todo vale. Al predominio de una heterogeneidad inclasificable la sustituirá un mayor sosiego de estilos y escuelas. Libros: si se refiere a la narración, al libro breve y superficial seguirá un relato lineal de mayor calado, donde aparezcan historias colectivas, y se regresará a la má8 valiosa novela de pensamiento. En cuanto a los ensayos, a la ya existente atracción por el saber objetivo o científico a lo Hawking, proliferarán los intentos de nuevas sistematizaciones y explicaciones generales sobre el hombre y el mundo. Declive, pues, del pensamiento débil y previsible ganancia para el pensamiento duro. Hagiografia: en contraste con lo que se ha denominado la era de lo efímero, la década de los noventa se titularía la era de lo sagrado. Las inclinaciones ya no tan recientes hacia lo sagrado, el gusto por el orientalismo, el neoprimitivismo se doblarán con la fiebre de vinculación a la naturaleza y la acentuación de las preocupaciones ecologistas, que configurarán, posiblemente, la forma más universal de ideología.

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