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lunes, 6 de febrero de 1989
Tribuna:

Causas y consecuencias de la crisis de la deuda mundial

  • LOS PROBLEMAS FINANCIEROS DEL TERCER MUNDO
ANDRÉ GUNDER FRANKEs posible distinguir, afirma el autor, entre causas y consecuencias generales y específicas de la crisis de la deuda. Las causas generales se derivan de la estructura y la operatividad de la economía capitalista mundial, y se caracterizan por una estructura de desigualdad entre Norte y Sur, ricos y pobres, así como por un proceso de desarrollo cíclico desigual a lo largo del tiempo.

Adam Smith, cuando escribía en 1776, en un período de larga crisis económica, ya señaló el incremento de la oferta de dinero y de la deuda por créditos (que, según él, amenazaba con una cadena de bancarrotas) en respuesta al declive de las tasas de beneficios, y se lamentaba de las "terribles desgracias" que sufría lo que actualmente es la periferia del Tercer Mundo. Como todas las crisis económicas anteriores, la actual, que comenzó en 19671 también ha generado un enorme incremento de la oferta de dinero y de la deuda en el centro, así como un significativo aumento de la sangría de capital que sufre parte de la periferia de la economía mundial.Las causas específicas se derivan de los préstamos recibidos por el Tercer Mundo en los años setenta, y por Estados Unidos en los ochenta, para obtener nuevo dinero y crédito. En la década de los setenta, el declive de la inversión y de la demanda de exportaciones en Occidente, especialmente agudo desde la grave recesión de 1973-1975, se vio compensado parcialmente por el incremento de las exportaciones al sur del Tercer Mundo y a los países socialistas del Este. Se incentivaron recortes adicionales de los costes de producción mediante exportaciones en el Sur e importaciones en el Este. Ambas cosas exigían financiación, que se concedió, con grandes beneficios, mediante préstamos de los bancos occidentales. Éstos estaban deseando reemplazar los préstamos a la industria occidental, que no invertía y, por tanto, no se endeudaba, por préstamos al Sur y al Este, que querían fomentar su comercio exterior. El acuerdo resultó satisfactorio para todas las partes interesadas hasta que la recesión de 19791982, que fue todavía más grave, se tradujo en una mezcla de mayores costes y menor capacidad para pagar el servicio de la deuda. El incremento de los costes se debió al aumento de los tipos de interés y del dólar (que era la moneda de casi todos los préstamos), y ello a causa de la política monetarista de Estados Unidos como respuesta a la recesión e inflación de 1979. La disminución de la capacidad para pagar el servicio de la deuda se debió al declive de las exportaciones y precios, cuya causa fue la recesión, así como a la decisión de casi todos los bancos de restringir el crédito al Sur y al Este. El resultado fue el comienzo de la crisis de la deuda del Tercer Mundo (primero en liquidez y después en solvencia) en 1981-1982... y la transferencia de la deuda por préstamos a Estados Unidos.

Una sociedad de casino

A fin de mantener a flote la economía mundial durante la profunda y continuada crisis económica mundial que se originó frente a la crisis de la deuda del Tercer Mundo, la financiación de la deuda pasó a Estados Unidos. Allí, la deuda interna federal, municipal, empresarial y del consumo, así como la deuda externa, se elevó con mucha más rapidez que antes y por encima del PNB, en lo que Business Week denominó en 1985 "una sociedad de casino". A pesar de que Estados Unidos, en 1982, era el mayor acreedor del mundo, en 1985 se había convertido en el mayor deudor; para 1987, su deuda externa excedía a la de toda Latinoamérica, y para 1990 es probable que su deuda sea mayor que la de todo el Tercer Mundo. Los títulos de libros y artículos de alguna de las figuras del establishment estadounidense resumen la situación: 'Al borde del desastre', de Felix Rohatyn, analista financiero de Nueva York, en New York Review of Books, La mañana después', del antiguo secretario de Comercio de Estados Unidos Peter Petersen, en Atlantic Monthly; el libro) del comentarista financiero de The Wall Street Journal Alfred Malabre, hijo, Más allá de nuestrcs medios. Cómo los largos años de deuda, déficit y préstamos temerarios amenazan ahora con aplastarnos..., y al resto del mundo si el ahorro de Japón -que es voluntario-, de Europa y del Tercer Mundo -que es obligado- dejara de financiar el exceso de consumo y la falta de ahorro de Estados Unidos.

Las consecuencias generales de la deuda normalmente son la deflación y la depresión económica cuando el globo especulativo estalla y la economía financiera se vuelve a reflejar en la verdadera economía para llevar la inversión, la producción, el empleo y el consumo a niveles todavía má s bajos.

Las consecuencias específicas de la crisis de la deuda han sido hasta ahora la depresión económica y la miseria de América Latina, Africa y parte de Asia, peores que las de 1930. El crecimiento y el desarrollo de América Latina se han retrasado 10 años, retrotrayéndose a los años setenta. El retroceso de África ha sido de 20 años, hasta llegar a niveles de rentas iguales o inferiores, a los que tenía en la época de su independencia, en los años sesenta. Las importaciones, la inversión, la producción, el consumo e incluso la reproducción social (mediante la desinversión risica v los servicios sociales) han suirido drásticos recortes, y el medio ambiente se está degradando peligrosamente, a fin de generar excedentes para la exportación y pagar así los intereses de la deuda externa e interna de esos países. En comparación con el servicio de la deuda que Alemania tuvo que pagar como reparación por la I Guerra Mundial, que fue el 25% de los ingresos por exportaciones y un promedio del 2% del PNB durante la década de 1920 (con un máximo del 3,5% de 1929 a 193 l), desde 1983 los países latinoamericanos han transferido al extranjero entre el 6% y el 10% de sus ingresos por exportaciones y un promedio entre el 6% y el 10% de su PNB. Esto se traduce en unas transferencias de capital de los países pobres del Tercer Mundo a los países ricos de Occidente del orden de 120.000 millones de dólares anuales; es decir, más de 700.000 millones de dólares desde que estalló la crisis de la deuda. A consecuencia de esto, el promedio de renta per cápita descendió un 15% en América Latina y un 25% en África. La renta nacional de Brasil solamente ha alcanzado una vez, en 1985, el nivel que tuvo en 1981. Sin embargo, la disminución de la renta nacional no se ha distribuido por igual, sino que ha caído desproporcionalmente, con mucho más peso sobre los más pobres de los pobres, cuyo nivel de vida y de empleo, que ya era bajo, ha disminuido todavía más a causa de la crisis de la deuda del Tercer Mundo. Llegará un día, probablemente en la próxima recesión, en que las peticiones de la banca y los Gobiernos occidentales y del FMI para que el Tercer Mundo se apriete todavía más el cinturón reciban la respuesta de "no puedo; ya me lo comí ayer".

La ruleta americana

En el mundo occidental, la crisis de la deuda ha beneficiado a los grandes bancos a expensas de los pequeños (que fueron sacrificados en aras de los grandes), de la industria (que perdió mercados de exportación), de los trabajadores (que perdieron empleo en las industrias de exportación) y, sobre todo, de los campesinos de Estados Unidos (que perdieron mercados de exportación y tuvieron que competir con unas mayores exportaciones del Tercer Mundo a precios bajos). Jugar la ruleta americana en el casino mundial también ha beneficiado a algunos consumidores estadounidenses y a algunos empresarios, sobre todo en el sector de defensa, a expensas de los japoneses y europeos, que han tenido que financiar el déficit comercial y presupuestario de Estados Unidos. Además, todo intento de que Estados Unidos pague el servicio de su deuda externa, y mucho menos que la devuelva, apretándose el cinturón como América Latina y aumentando las exportaciones, es improbable que remonte los obstáculos políticos y económicos. Políticamente será mucho más difícil, e incluso imposible, imponer ese ahorro obligado a los estadounidenses de lo que les fúe a los latinoamericanos. Económicamente también será mucho más difícil, o imposible, que el resto del mundo sostenga un excedente de exportaciones de Estados Unidos, o incluso la pérdida del mercado americano de ímportaciones para las propias exportaciones de Europa, Japón y el este de Asia. Por tanto, es probable que en realidad gran parte de la deuda de Estados Unidos se quede sin pagar, o que se suspenda de facto su servicio debido a las bancarrotas y quiebras parciales o a la inflación / devaluación del dólar, todo lo cual reduce el valor real de su deuda.

La próxima recesión, que será la quinta de la actual crisis económíca mundial, amenaza con exacerbar todos estos desequilibrios y con acelerar su resolución al hundir la economía mundial en el agujero negro de la deuda, parafraseando la expresión de Lester Thurow, economista del Massachusetts Institute of Technology. Es posible que la acumulación de deuda interna y externa en muchas partes del mundo impida una financiación refiacionaria para combatir la recesión precisamente cuando más se necesita, entre otras cosas, para anticiparse a las bancarrotas de empresas que se financian con bonos basura y de bancos que dependen de préstamos interbancarios, que es lo que ya temía Adam Smith. ¿Quién reemplazará entonces a Estados Unidos como represen.tante de última instancia? Los desequilibrios sectoriales y regionales acumulados entre especulación financiera de la deuda e inversiones productivas reales, especialmente en las principales regiones comerciales de América., Europa y Japón, y sus socios comerciales del Tercer Mundo y de: los países socialistas, serán todavía más difíciles de controlar con las actuales políticas monetarias., fiscales, de tasas de intercambio,. comerciales y de seguridad. En consecuencia, otra recesión (que tal vez sea más grave) amenaza con provocar otra crisis dentro de la crisis (que quizá sea más aguda). Una posible solución sería la creciente regionalización neomercantilista de la economía mundial en zonas del dólar, del yen y del marco y/o en bloques comerciales (y tal vez políticos).

André Gunder Frank de la universidad de Amsterdam.

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