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jueves, 3 de noviembre de 1988
LA CRISIS ARGENTINA

Un lugar inexplicable y sin destino

Un tercio de los jóvenes argentinos carece de fe en el futuro de su país, "un lugar inexplicable y sin destino", en el que la gran expectativa es emigrar a otra nación, afirma el autor. Se pregunta, pues, si no estará a punto de producirse una nueva invasión de argentinos hacia el mundo desarrollado.

Uno de cada tres jóvenes de las grandes ciudades de Argentina quiere emigrar a cualquier parte donde haya futuro, o al menos ilusión de futuro. A España, por supuesto, o si no hay más remedio, a Estados Unidos, a Australia, incluso. Ninguno de ellos sabe lo que le espera allí, pero cree que cualquier cosa será mejor que seguir en este lugar inexplicable y sin destino.Esos jóvenes quisieran no ser argentinos, o mejor dicho, serlo -esa fatalidad es insoslayable-, pero sin asumir las consecuencias.

Nadie sabe cómo demonios se ha llegado a esta debacle, pero tampoco interesa. Los padres, la maestra, les han contado que este suelo es rico, que hay gente inteligente, que la democracia cura y da de comer, pero hay algo que falla y Dios no está con nosotros. Acaso, ¿alguna vez el Señor tuvo simpatía por esta tierra? Si se juzga por el lugar que eligió para hacer el agujero en la capa de ozono, se diría que no.

Una amiga judía me contó una historia de familia: Moisés, su abuelo, esperaba en la Ucrania de 1890 noticias de su hermano inmigrante. Al fin, le llegó una carta: era hermosa América, próspera y casi desierta. Todo estaba por hacerse y valía la pena cruzar el océano. Moisés fue hasta el puerto, pidió un pasaje a América, que creía una sola, y enseguida lo pusieron en un barco. Cuando llegó a Buenos Aires no encontró a su hermano, que vivía en Nueva York, pero cayó en medio de una revolución y cuando quiso explicarse en su dialecto lo metieron preso por anarquista; sus biznietos maldicen cada día el despiste de aquel hombre y quieren también ellos partir, pero esta vez sin equivocar el destino.

Una encuesta reciente, realizada por la municipalidad de Buenos Aires entre jóvenes de hasta 30 años, revela que sólo el 7,7% tiene interés en "mantener viva la esperanza" y el 28% no tiene "expectativas de futuro ni de progreso". El 58% opina que "lo mejor es gozar el presente", y el 73%. afirma que "la gente tiene motivos para quejarse". El 81% de los encuestados juzgan con severidad al Gobierno, aunque sólo el 48% dice que Raúl Alfonsin es un mal presidente. Por fin, el 86% manífiesta que no tiene ningún interés en participar en política, y a la hora de fijar prioridades, sólo el 5% cree que la mejor forma de Gobierno pueda ser " un sistema verdadero, justo y democrático". Nada más que el 3%. de los encuestados atribuye importancia a "servir a la comunidad" y el 5% a "buscar la igualdad entre todos".

A las puertas de¡ siglo XXI, ¿habrá una segunda invasión de argentinos hacia el mundo desarrollado? Tal vez no, porque casi todas las emnajadas del Norte han advertido a sus Gobiernos del peligro: ya casi no se otorgan visas de entrada, pero uno de cada dos muchachos tiene sangre española o italiana y en ese pasaporte radica su última esperanza.

País anhelado

España es el lugar anhelado. Más inacessible y lejana se torna, más deseable es para esos jóvenes que llevan en el alma -sin saberlo tal vez-, el ansia peregrina de Carlos Gardel, el mayor mito de nuestra historia. Francia es un lugar prestigioso, pero hay que aprender el idioma. Con los italianos es posible entenderse, pero tienen las mismas mañas que los compadritos decadentes de Buenos Aires. Además casi no hay bares donde leer el diario y charlar con los amigos para relatar hazañas y desgracias.En Australia, la gente se acuesta demasiado temprano, habla inglés y tarde o temprano uno puede tener un disgusto porque la gente cree que las islas Malvinas (a las que llaman Falklands) son británicas. En cambio, dicen que Madrid está reluciente, y Barcelona, señorial. Te traen el dinero a casa, te envían las tarjetas de crédito por correo y puedes leer sobre Argentina en EL PAÍS, incluso ver alguna película nacional de tanto en tanto, cuando la nostalgia te salta a la garganta. ¿Que te llaman sudaca? Hombre, algún precio hay que pagar; por siglos los hemos llamado gallegos a todos ellos. Felipe es elegante y socialista. También Suárez es buen mozo. Compare usted con la cara del candidato Menem. No hay peronismo allá. El año 1992 será una maravilla y las olimpiadas de Barcelona. Además, cualquiera lo sabe, a un argentino sólo le puede ir mal en su propio país.

Osvaldo Soriano es escritor y periodísta argentino, autor de No habrá más penas ni olvido, entre otras novelas.

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