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viernes, 13 de mayo de 1988

El trono y el altar, soportes del imperio

, El hispanista John Lynch parece pretender una asepsia británica cuando habla de la España de los siglos XV al XIX. A los "tengo la impresión" o "a mí me parece" une una mayor benevolencia hacia el imperio español que la mayor parte de sus colegas.

Lynch considera que el poder central no influyó por igual en todas las zonas del imperio español. "Tengo la impresión de que el peso que tiene en Milán, Nápoles o Sicilia no es tan grande como el que tiene en los Países Bajos a fines del siglo XVI y principios del XVII, cuando España estaba luchando por preservar sus posesiones y tiene allí más peso militar porque tiene más enemigos. España no recibe muchos recursos financieros de Italia y los Países Bajos, sino que más bien tiene que invertir en su defensa La parte europea del imperio es consumidora de recursos. España invirtió el tesoro americano en otros países, cuyos recursos, especialmente para defensa, fueron financiados por los vasallos de Castilla y las Indias. He echado de menos en este congreso una discusión sobre las prioridades españolas porque España tuvo que determinar si era una potencia verdaderamente europea o una potencia mundial con dimensión americana. En 1740-1741 estuvo en plena guerra con Inglaterra y en la guerra de sucesión austriaca. Los soldados españoles estaban peleando en dos frentes a la vez. Defendiendo Panamá y Portobello contra los invasores ingleses e invadiendo el norte de Italia para reconquistar Milán, contra los austriacos".

El destino imperial de España bajo los Austrias y los Borbones es, en su opinión, más fruto de los acontecimientos que de una voluntad expansiva. "No estoy totalmente seguro de que España se creyera o quisiera un imperio universal. Lo que sucede es que reunió la casualidad, las necesidades de defensa y la inversión colonial, y ninguna potencia concedía voluntariamente algo que hubiera ganado. El hilo conductor, en términos de gobierno, es la monarquía, el rey, que tiene que gobernar con instituciones que, según se ha dicho en el congreso, son más constitucionales en la época de los Austrias, con el pactismo o los derechos forales, y se hacen absolutistas en el siglo XVIII con los Borbones. Cuando en 1808 caen los Borbones, comienza la crisis del imperio. Lo único que le daba legitimidad era el rey".

Para el hispanista británico, la religión jugó un papel clave en la cohesión del imperio español. "La religión" -afirma- "tuvo un papel muy importante para la monarquía, porque España no tenía muchas tropas en América. Fue un imperio sin militarismo que, fuera de las guerras, obtuvo éxitos sin grandes ejércitos, y esto sirve para América y para Europa. En América, entonces, necesitaba otras fuerzas de legitimidad, como fueron una burocracia anónima de letrados, y una sanción, en la que el apoyo de la Iglesia fue muy importante. La corona nombró todos los obispos sin que Roma se opusiera jamás. En 1808 todos los obispos fueron realistas y, en el curso de la guerra, proespañoles; la Iglesia fue muy importante para hacer carrera, los obispos y las órdenes religiosas constituyeron un gran conjunto de influencias. Los ministros de Carlos III quisieron cercenar los grandes recursos de la Iglesia en América y explotarlos para el Estado y, de hecho, antes del liberalismo del siglo XIX, atacaron el fuero eclesiástico. Ésta fue la causa de que, en México, algunos curas se hicieran guerrilleros."

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