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lunes, 18 de abril de 1988
TRECE DÍAS DE TERROR

"¿Cuándo empieza el Ramadán?"

Los piratas del Boeing 747 kuwaití se dirigieron ayer a la torre de control del aeropuerto Huari Bumedian: "¿Cuándo empieza exactamente el Ramadán?". "En Argelia, el lunes", les respondieron. "Entonces, hoy aún podemos comer. Demos gracias a Dios. Envíen 50 desayunos". Desde el Atlántico al Indico, 700 millones de personas comienzan estos días la dura prueba del ayuno y la abstinencia durante la jornada solar. Los musulmanes piadosos y los descreídos se reconcilian durante un mes, convertido en una seña de identidad cultural para una quinta parte del planeta.El periodista de Rabat educado en París y amante del whisky se pone la chilaba y se hace igual que el barbudo militante libanés del hezbolá que tiene en el sótano a un puñado de rehenes norteamericanos La socialista Argelia late al mismo ritmo que el viejo valle del Nilo. Teherán y Kuwait son lo mismo. El chaval de Cisjordania que apedrea a la tropa israelí siente la misma hambre y la misma sed que el jeque kuwaití con villa en Marbella. El milagro anual se llama Ramadán.

El islam, la religión monoteísta más joven del mundo y la única en franca expansión, se basa en cinco pilares dictados por Dios a Mahoma en la sagrada lengua de Arabia. Ante todo, la chahada, la profesión de fe que afirma que no hay más Dios que Dios, y Mahoma es su profeta. Luego la limosma, las cinco oraciones diarias, la peregrinación a La Meca y el ayuno durante un mes lunar.

En cada país, el Ramadán comienza un día distinto. Para los argelinos, hoy; para los egipcios, ayer. El Consejo Superior Islámico de Argel utiliza los observatorios astronómicos para determinar el comienzo de la fase de crecimiento de la luna. Los ulemas de la universidad cairota de El Ahzar siguen la vieja tradición de los dos testigos oculares, dos musulmanes de reconocida piedad que afirmen haber visto un gajito de satélite. Unos y otros han lanzado mensajes para recordar que éste debe ser el mes de la reconciliación.

Vida de noche

Desde la primera a la cuarta oración, o sea mientras el sol luzca en el firmamento, cientos de millones de personas no van a comer, beber ni hacer el amor. Hasta mascar chicle les está prohibido. Las mujeres no se maquillarán ni perfumarán para evitar a los hombres cometer el pecado de lujuria con el pensamiento. Mentir, criticar al prójimo y ponerse nervioso es violar el Ramadán. Mahoma dijo que este mes, cuando alguien te dirija la palabra en tono ofensivo, debes decir: "Hoy no te puedo responder. Hoy ayuno".

Ello provoca, claro, un descenso espectacular de todo tipo de actividades laborales.

Los horarios se reducen a la mitad, y funcionarios, empleados, obreros y comerciantes son seres al borde de la inanición. El occidental que reside en tierra del islam debe abstenerse de comer, beber o fumar en público.

Por la noche, cuando no se distinga un hilo blanco de uno negro, llegará el iftar, la ruptura del ayuno. Ese instante debe ser anunciado por un cañonazo, seguido del canto de las mezquitas Ala akbar (Dios es el más grande).

El Ramadán se vive de noche. Los musulmanes comienzan reponiendo fuerzas con harira, chorba y los otros nombres que dan a sopas de legumbres espesas y picantes. Entonces se lanzan a la calle y pasean, bailan a los sones de orquestinas, visitan a los amigos, hacen compras y se atragantan de comida, especialmente de pastelillos multicolores y empalagosos. Los palestinos de Jerusalén arrebatan de noche la vieja ciudad a los judíos; la muchedumbre cairota se agolpa en Jan el Jalili; los beirutíes, en la Corniche; la plaza de Jamaa el Fna, de Marraquech, es más circo que nunca.

Tres días antes del fin del Ramadán, la noche del destino recordará la subida de Mahoma al cielo desde Jerusalén. Es la ocasión para circuncidar a los niños. Llegará el adi el ftar. Y entonces, como en la fiesta de los Reyes Magos, los pequeños recibirán dinero, juguetes y ropas nuevas. Gracias a Dios le sean dadas.

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