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domingo, 19 de julio de 1987
Reportaje:

La irresistible ascensión de Blanca Ibáñez

La secretaria y amiga del presidente de Venezuela acapara una gran cuota de poder político

La relación del presidente de Venezuela, Jaime Lusinchi, de Acción Democrática (AD, socialdemócrata), de 62 años, con la secretaria privada de la presidencia, Blanca Ibáñez, ha dejado de ser un simple tema de los corrillos y mentideros caraqueños para convertirse en un problema político, considerado tabú por los medios de comunicación. El afán de protagonismo de la dama y su capacidad de controlar el acceso a Lusinchi le otorga un alto grado de poder en Venezuela. El tema ha sido seguido por el enviado especial de EL PAÍS a Venezuela.

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El caso de Blanca Ibáñez es considerado tabú por los medios de comunicación, que temen represalias si lo sacan a relucir. Un directivo de un diario caraqueño comenta al enviado de este periódico: "Mira, no se trata de consignas. Yo no he recibido órdenes de arriba, pero hay asuntos, como el narcotráfico por ejemplo, que por propia seguridad es mejor no tratarlos. Lo de Blanca Ibáñez es uno de esos temas delicados que más vale no tocar".Todos comentan y chismorrean en Caracas sobre Blanca Ibáñez, secretaria privada de la presidencia de la República, y su relación con el presidente Jaime Lusinchi, pero reaccionan con miedo irracional cuando se trata de concretar las acusaciones. En un cóctel en una embajada, una productora de televisión comenta que, cuando la visita del Papa a Venezuela, le dieron órdenes de cortar las escenas en las que aparecía la esposa de Lusinchi en la ceremonia de bienvenida en el aeropuerto.

Una periodista cuenta que el diario La Región, de Cumaná, ciudad de oriente a unos 600 kilómetros de Caracas, sufrió un atentado el pasado marzo, a los pocos días de publicar una información sobre el fallido divorcio del presidente Lusinchi. La periodista explica que "mediante presiones directas a los ejecutivos de los medios de comunicación ha logrado sacar de escena a los periodistas que se atrevieron a mencionar su nombre y criticaron su influencia desde el poder presidencial".

Probablemente en todas estas historias se mezclan fábula y realidad, pero el miedo es un hecho palpable cuando se toca el tema. El simple intento de conseguir en el archivo la copia de un artículo de¡ periódico Últimas Noticias, de Caracas, despierta recelos. Después siguen las advertencias de "tenga cuidado con esto", y explican que el director sufrió represalias por la publicación del artículo Las mujeres del presidente.

El autor, Rigoberto Lanz, alude a "la pacatería del país", que "está conmovida. Nuestra cultura machista celebra que tengamos gobernantes multifacéticos y heterodoxos en su vida horizontal. Lo que no soporta es que haya amantes que manden".

El cataclismo nacional

El diagnóstico es acertado. El caso de un presidente que mantiene una relación extramatrimonial no es insólito, y se recuerdan ejemplos, no muy lejanos, en Venezuela y otros países. Alfredo Tarre Murzi, ex ministro del Gabinete socialcristiano de Rafael Caldera y periodista famoso con el seudónimo Sanín, comenta irónico que "si aquí se aplicase la misma medida que a Hart, habría un cataclismo y nos quedábamos sin políticos".

Lo que resulta chocante y convierte en un hecho político la relación de Lusinchi con su secretaria privada, luego convertida en secretaria privada de la presidencia, es el protagonismo político de la dama, a quien se atribuye un enorme poder.

En Al Margen, una revista de difusión limitada a círculos intelectuales y universitarios, el político de izquierda Simón Sáez Mérida rompió el tabú el pasado enero y publicó en una doble página el artículo titulado Blanca Ibáñez es un problema político.

El artículo de Al Margen, que apareció sin firma, está redactado en forma de carta al presidente Lusinchi, y dice: "Usted cree, señor presidente, que tapa el sol con los dedos cuando presiona a los medios y éstos se autocensuran para que la prensa diaria no diga nada de nada". Más adelante escribe la revista que "la señora Ibáñez no puede ser un tabú político. Y no puede serlo porque ella, más allá del cargo de¡ cual es titular, está presente en un conjunto de niveles y decisiones gubernamentales que la convierten en un foco de poder dentro de su Gobierno. Decisiones y políticas que no son inocentes".

Sáez Mérida explica que a raíz de la publicación del artículo en la revista "la policía trató de recogerla en los quioscos, pero no lo lograron, porque los vendedores decían que estaba agotada, que no la tenían, o simplemente no la exhibían para evitar la medida policial".

La nueva Evita

Algunos le atribuyen ambiciones de convertirse en una variante venezolana de Evita Perón. Se rumorea que encargó a Argentina el envío de los discursos de Eva Perón. La prensa informa que un día dieron su nombre a una plaza o que la "secretaria privada del presidente inspeccionó obras de servicios y mantenimiento".

Desde hace 18 años trabaja con Lusinchi. No se sabe públicamente nada de su matrimonio y tiene dos hijos, un chico de 20 años que estudia Derecho y una chica de 17. Por su influencia política le han atribuido el mote de la dueña. Sanín dice que "si fuera una mujer de clase no procedería con esa avidez. En esto se parece a Eva Perón". Hasta ese punto han llegado las cosas". Por ahora el tema sólo se discute en círcu los privados, pero hasta estre chos colaboradores de Lusinchi son conscientes de que estallará. A más tardar, cuando el actual presidente entregue el poder.

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