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sábado, 24 de enero de 1987

Los agricultores quieren buenas tierras

La primera reforma agraria filipina comenzó bajo la dictadura del presidente Ferdinand Marcos, cuando se repartieron entre los campesinos parte de las tierras dedicadas al cultivo de arroz y se concedieron créditos para su explotación.

"La productividad bajó por falta de organización en el trabajo y porque los campesinos se gastaron el dinero de los créditos", comenta un hombre de negocios filipino, que considera inviable una reforma agraria en Filipinas.

En realidad, el Gobierno de Cory Aquino prometió en su programa de gobierno una reforma, que incluiría el reparto de millones de hectáreas, pero muchas de ellas están en zonas abruptas o poco productivas. Quedan intactas las grandes propiedades de los terratenientes filipinos, entre las que los líderes campesinos incluyen la finca azucarera Doña Luisita, propiedad de la familia de la presidenta. Los dirigentes del movimiento campesino se oponen a una reforma que consideran ineficaz y piden que se les entreguen las tierras de las fincas expropiadas a los propietarios que estuvieron directamente vinculados con la corrupción del régimen de Marcos.

Las peticiones de paciencia lanzadas por el ministro de la Reforma Agraria, Heherson Álvarez, no lograron calmar los ánimos de los dirigentes izquierdistas campesinos, que gritaban "revolución, revolución" mientras atravesaban el puente de Mendiola, camino del palacio de Malacañang. De ellos, 16 cayeron el pasado jueves bajo las balas del Ejército.

La reforma agraria figura también entre las propuestas del Frente Nacional Democrático (FND), la coalición de grupos de la izquierda -incluidos los comunistas- que negociaban un compromiso de paz, hoy interrumpido, entre el Gobierno y la guerrilla. "No tiene sentido que continuemos negociando mientras los militares disparan contra los campesinos", dijo Satur Ocampo, líder del FND, marcando una nueva escalada de enfrentamientos entre los campesinos y el Gobierno filipino, con la amenaza de los primeros de regresar armados ante las puertas del palacio presidencial, para reivindicar la reforma agraria.

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