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Alonso González

Buzo mayor del Cantábrico, localizó los restos del acorazado 'España' después de 40 años de búsqueda

Es alto, ancho y voluminoso. Ha pasado 50 de sus 66 años de existencia detectando y desguazando pecios en todos los mares de España y con la ilusión, realizada hace dos años, de localizar los restos del acorazado España, hundido durante la guerra civil. Extravertido por naturaleza, trata de tú lo mismo a un vicealmirante que a un simple marinero. Alonso González, buzo mayor del Cantábrico, galardonado por la Armada con dos cruces al Mérito Naval, recibió el bautismo submarino cuando contaba 15 años y su padre lo llevó consigo, bajo las aguas de Castro Urdiales, con el único objeto de buscar unas llaves.

Alonso González ha recorrido desde entonces toda la periferia marina del país, unas veces en tareas de rescate, otras para convertir en chatarra decenas de barcos rotos o hundidos. Y, claro, no pudo sustraerse a la reconversión del oficio, a cambiar su enorme casco de cobre y bronce por el más funcional equipo de hombre rana, allá por los años sesenta. La última vez que se sumergió ocurrió hace unos seis meses.Hoy, en su casa de Santander, como una reliquia del pasado, Alonso González guarda como precioso elemento decorativo toda la parafernalia profesional: el casco y la coraza, los pesados zapatos de bronce y plomo y el rizo de alambre con el que se comunicaba, mediante señales convencionales, con la superficie. Noventa kilos de atalajes, su primer atuendo de buzo, traído del Reino Unido allá por los años treinta, a cambio de 25.000 pesetas, que eran una pasta por entonces".

Hasta que se descubrieron los detectores magnéticos de los fondos marinos, Alonso González se sirvió, durante décadas, de indicios puramente empíricos. "Los pescadores me avisaban siempre que subían a la superficie los anzuelos de su aparejo manchados de óxido. Era la señal de que abajo había un pecio, los restos de un naufragio". Luego se valía de un tas de plomo untado de sebo para confirmar que no había duda, que la herrumbre era un hecho en el fondo marino.

La obsesión de su vida

Alonso González ha sobrevivido, pues, a los accidentes tantas veces mortales de los buzos y también al desgaste fiísico. Pero tuvo que esperar casi 40 años a ver satisfecha la obsesión de su vida de buceador: el hallazgo de los restos del acorazado España, perteneciente a la armada franquista, hundido el 30 de abril de 1937 a unas tres millas al norte de cabo Galizano, frente al Sardinero. Y eso que allá por los años cincuenta estuvo a punto de situar el lugar exacto. Un corajudo aviador local y hombre de negocios, Manuel Yllera, volando hacia Bilbao en una avioneta, había descubierto la sombra del acorazado con la quilla al sol. Un día antes de que fuese a lanzarle una boya para balizar la posición, Yllera se mató al capotar el aparato en los alrededores de la ciudad.Así que, ahora hace dos años, ayudado por un pescador deportivo de Santander, Alonso González pudo, al fin, fondear su barquita justo sobre el pecio. Era como hallar una aguja en un pajar, evidentemente. Pero no ofrecía duda. "Tiramos un arpeo para fondeamos y por la guía bajaron dos de mis buceadores profesionales, Marcelo y Javier. Y al descender a 62 metros encontraron lo que había sido el sueño de mi vida. Pásmate, las uñas del arpeo se habían trabado en una de las quillas de balance. Y nadando, durante un cuarto de hora, de proa a popa, descubrieron en la parte de estribor, en el pantoque, una brecha de seis por cinco metros y, al asomar la cara por el hueco, vieron cientos de langostas y congrios, algunos tan viejos y con la cabeza tan deformada que les parecieron monstruos".

Alonso González había, por fin, confirmado la verdad histórica del hundimiento del abuelo: su pérdida fue siempre atribuida por los nacionales al tropiezo con una mina puesta por ellos mismos para bloquear el puerto de Santander, mientras que la aviación republicana se adjudicó la gloria mediante un afortunado bombardeo realizado por una escuadrilla mandada por un invicto aviador local, Fernández Navamuel, que había acertado a introducir un proyectil por la chimenea. Los restos encontrados por Alonso González demuestran que el barco no fue alcanzado en la cubierta, como habría ocurrido en un bombardeo aéreo, sino por debajo de la línea de flotación, lo que daría la razón a la hipótesis del choque con una mina.

Ahora se cumplen dos años de la localización exacta del España, cuyos 850 tripulantes salvaron la vida gracias al comandante del destructor Velasco, que intervino en el rescate. Alonso González se vuelve ahora atrás de lo que, entonces dijo: reflotar el acorazado sería demasiado costoso. "Yo he echado mis cuentas: 13.000 toneladas de acero troceado y 150 de bronce, cobre y latón me hacen valorar esa chatarra en unos 300 millones de pesetas. Habría que soldar decenas de chapas para meter el aire y, con los medios actuales, a esa profundidad, el hombre sólo puede permanecer 20 minutos. ¿No me entiendes?".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de mayo de 1986