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Crítica:MÚSICA

Clamor para dos estrenos

El último programa de la Nacional, dirigida por López Cobos, me parece ejemplar: una mitad para el repertorio popular, con solista de interés, y otra dedicada a dos estrenos madrileños de autores españoles: Collages, sinfonía número 3, de Roberto Gerhard (1896-1970), y Fandango de Soler, de Claudio Prieto (1934).La apertura de Gerhard -que desde el discipulaje de Pedrell llegó a superar el de Shönberg- encontró no pocos atractivos en la electrónica, practicada con asiduidad durante su largo exilio en Cambridge, que lo convirtió en ciudadano británico. Sobre sus piezas escénicas, fílmicas o radiotelevisivas, la cumbre del pensamiento electroacústico mixto (aleación de fuentes electrónicas e instrumentales) es la tercera sinfonía, inicialmente titulada Collages.

Obras de R

Gerhard, C. Prieto y P. Cbaikovski.Orquesta Nacional de España. Director: Jesús López Cobos. Pianista: Dimitris Sgouros. Teatro Real. 15, 16 y 17 de noviembre.

Estrenada en 1961 en Londres y revisada seis años después, Collages parte, según confesión de su autor, de las impresiones recibidas durante un vuelo intercontinental al contemplar por encima del colchón de nubes la salida del sol. La adecuación a tal idea -sin el menor afán descriptivo-, la perfeccíón de la combinatoria orquesta / electroacústica, la continuidad ceñida, coherente, contrastada en las atmósferas y los mil matices y la exacta construcción en forma secuencial y, por lo mismo, un tanto cinematográfica, hacen de Collages un trabajo lúcido, distanciado y fascinante. Desde él se adivina lo que serían sus últimas obras zodiacales (Leo y Libra, especialmente) en su escueta formulación y en su realización de orfebre. La versión de López Cobos y la ONE puso la partitura en orden de claridad y evidencia de sentido.

Imbal y la Orquesta de la Radio de Francfort estrenaron durante el último Festival de Santander el Fandango, de Antonio Soler, según la recreación sinfónica de Claudio Prieto. No fue entonces la versión suficientemente clara y, a decir verdad, ha sido ahora cuando quienes no lo conocieran por partitura han podido calibrar la preciosa labor del compositor palentino, recientemente homenajeado en su tierra por el estreno de Pallantia, su último trabajo. López Cobos acertó en el tempo (un punto caído para mi gusto) para establecer el adecuado para la danza española y necesario para que todo se escuche.

Pensamiento del monje

Prieto, cargado desde su juventud de vicencias solerianas por sus años de estudio en El Escorial con Samuel Rubio, ha sabido captar el pensamiento esencialmente clavecinístico del monje jerónimo para transformarlo en otra cosa: una orquesta explotada en todas las combinaciones, disociaciones y agregados posibles en la que se transparenta el virtuosismo del Fandango, aire casi emblemático de lo español en la Europa de los siglos XVIII y XIX. Como López Cobos subrayó, matizó, clarificó, explicó la creativa artesanía de Claudio Prieto, incluidos ciertos pasajes -frecuentes en el compositor- de sugestión plástica, la obra pudo gustarse y se aplaudió con fervor, hasta el punto de que el compositor y sus intérpretes saludaron repetidas veces desde la escena.

Una ovación de clamor acogió la versión del primer concierto pianístico de Chaikovski protagonizada por el joven ateniense Dimiris Sgouros, un monstruo del teclado y músico imaginativo que acumula premios y triunfos desde los 10 años. Ahora cuenta 16, y su potencia virtuosística y fantasía interpretativa son, literalmente, asombrosas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de noviembre de 1985