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La escritora argentina Marta Lynch se suicida de un disparo en la sien

La escritora argentina Marta Lynch se suicidó anteayer en Buenos Aires. Ya no podía resistir más. Durante años ocultó su verdadera fecha de nacimiento -8 de marzo de 1925- para que nadie pudiera precisar su edad. La negaba, falseaba los datos biográficos. Le aterrorizaba el deterioro físico y la decrepitud intelectual. Temia que se olvidaran de ella. Tres días antes había llamado a un programa de radio que se emite a primera hora de la mañana de Buenos Aires para rogar que la entrevistaran porque quería opinar sobre la actualidad política y el proceso previo a las elecciones legislativas del 3 de noviembre.

La cirugía Plástica, los cambios de peinado, la ropa moderna, todos los disfraces le encogían y se notaban demasiado los hilos de las máscaras. No había forma de que Marta Lynch lograra concentrar sobre ella, como antes, como siempre, las miradas y la atención en los cócteles, las presentaciones de libros y las reuniones del todo Buenos Aires. El fuego de su espíritu indeclinable, el temperamento hirviente y la pasión amorosa le consumían la energía que gastaba en disimular el próximo final. Marta Lynch compró el lunes un revólver calibre 32 en una armería cercana. El martes por la tarde, en la soledad de su cuarto, se disparó un tiro en la sien derecha.Ni siquiera su último libro de cuentos, de sugestivo título -No te duermas, no me dejes- editado hace dos meses, había logrado entusiasmarla. Fue su postrer y desesperado esfuerzo por mantenerse, pero la crítica nunca fue benévola con ella. Esa pelea por defender su obra -"he recibido más palos que elogios", decía- fue una constante. Era una lucha desigual. Pocas veces se la juzgó por su obra literaria, poco leída y apreciada en general. Marta Lia Frigerio, luego Marta Lynch, cuando adoptó el apellido de su esposo, un conocido abogado de la clase alta argentina, con el que tuvo tres hijos, comprometió su oficio de escritora con la participación social y política. Y no le perdonaron nunca que se saliera de su papel en determinada clase para saltar de una a otra adhesión partidaria.

La fascinación por el poder tema y obsesión que se repite en sus novelas, la llevó primero a la militancia en el desarrollismo que impulsaba el presidente Arturo Frondizi en la década de los sesenta. Montada en esa corriente política -Frondizi fue incluso personaje de su novela La alfombra roja- llegó al peronismo. Fue invitada de forma especial, en 1973, para ocupar un lugar en el avión charter que regresaría desde Madrid con el general Perón, al concluir su exilio de 18 años. Interpretó y comprendió la violencia guerrillera en uno de sus libros menos conocidos -El cruce del río- y renegó de ella luego al instalarse en 1976 la trágica dictadura militar que encabezó el general Videla. Después tuvo contactos con el temible almirante Massera y le asesoró en su proyecto político, para concluir al fin, ya en 1983, apoyando al radicalismo que impulsaba la figura del actual presidente de la nación, Raúl Alfonsín.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de octubre de 1985