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domingo, 22 de septiembre de 1985

Ceuta, parada o retorno

Los 21 saharauis que han pedido asilo político esperan bajo vigilancia policial la decisión de las autoridades españolas

ENVIADA ESPECIAL, La salida hacia la libertad que 21 saharauis iniciaron hace unos días desde Marruecos se ha detenido en Ceuta. Allí esperan la decisión del Gobierno español, al que han solicitado asilo político. Estos jóvenes, de edades comprendidas entre los 18 y los 22 años, todos ellos estudiantes del Instituto Español en Tánger, han protagonizado una historia en la que se entremezclan los silencios, los nervios, el miedo, la diplomacia, el andar con pies de plomo. Y todo en una pequeña ciudad, Ceuta, clave de uno de los principales contenciosos entre Marruecos y España.

La historia se remonta al pasado día 3 o día 4 -de la fecha exacta nadie se acuerda- cuando un comandante de aviación, Eugenio Sánchez Suárez, socio de la organización Aministía Internacional (Al), llega a Ceuta. Hasta ese día la ciudad gozaba de una enorme tranquilidad. A partir de entonces comienza una febril actividad, iniciada por Sánchez Suárez, que continúa una vez desaparecido éste de la ciudad, cuando estamentos de la Administración y organizaciones humanitarias tienen en sus manos dar solución a lo que ha sido calificado por fuentes del Ministerio del Interior como "un grave problema diplomático con el país vecino".A su llegada, Eugenio comenzó a buscar alojamiento para un grupo de "jóvenes de un país africano" que no especificó, y cuya llegada, anunció, se produciría en los próximos días. La persona finalmente escogida para llevar a cabo tal tarea fue Lucas del Valle 46 años, funcionario, terapeuta y ex socio de Aministía Internacional-, ya que contactos anteriores con autoridades eclesiásticas no dieron resultado positivo. La misma Iglesia fue, según Lucas del Valle, la que le aconsejó a Eugenio Sánchez que la persona más adecuada para la solución del problema era el doctor terapeuta, a quien le pidió su participación. Y Lucas se olvidó. Hasta que el día 10, martes, entre las dos y las tres de la tarde, recibió una llamada telefónica que le anunciaba: "Ya estamos aquí, en el jardín de la República Argentina, somos cinco". Lucas, después de unos momentos de vacilación, les citó en el bar Norai y "nada mas verlos supe que eran saharauis". "Venían demacrados, cansados, con los pantalones mojados; entonces me dí cuenta de que tenía que ayudarles", afirma Lucas. Los saharauis abandonaron Marruecos por barco desde Tánger -distante de Ceuta unos 40 kilómetros-, según coinciden todas las fuentes.

Un tanto desbordado por lo que se le avecinaba, Del Valle intentó contactar con fuerzas políticas de Ceuta, como el PSOE - "yo tengo allí muy buenos amigos"-, y entidades, como la Cruz Roja, sin obtener ningún resultado. "Atribulado y perdido, pero lleno de emoción", Lucas del Valle decidió instalarlos a dormir en su casa, situada en el edificio conocido como Torre de La Marina, justo enfrente del mar. Esa misma noche, Eugenio Sánchez llegaba nuevamente a Ceuta en el último transbordador que une la ciudad con la península, el de las nueve de la noche. Y todos, saharauis y socios de Aministía Internacional, se hospedaron en la casa de Lucas.

Por cuentagotas

Fue como un cuentagotas. Al día siguiente llegaron otros dos. Nuevamente, y sin que hasta el momento las autoridades de Ceuta supieran de su presencia, Volvieron todos a pernoctar en el piso octavo de la Torre de La Marina, unos en el suelo, otros repartidos en las cuatro camas con que cuenta el domicilio y Eugenio Sánchez en el sofá del salón. Por la noche un alto miembro del PSOE de Ceuta, alertado por el partido, telefonea a Lucas del Valle preguntándole que cuántos saharauis albergaba. Un día después, jueves, números de la Policía Nacional y policías de paisano se presentaron con una orden judicial en el domicilio donde se alojaban los jóvenes y, después de un registro "ordenado, y con un trato exquisito", en palabras de Lucas, los llevaron a todos "sin esposar" a la comisaría de policía para tomarles declaración. Allí, según afirmó a este periódico Antonio Olondris, miembro del comité ejecutivo de Amnistía Internacional, fuentes de la delegación del Gobierno comunicaron a Eugenio Sánchez y a Lucas del Valle que los saharauis iban a ser repatriados. Sólo cuando se dieron a conocer como miembros de Al "la actitud de la delegación y de la policía varió totalmente", señala Olondrís. El resto de los saharauis que fueron llegando a Ceuta, hasta completar la cifra de 21, pasaron ya directamente por comisaría.

Férrea vigilancia

El delegado del Gobierno, el socialista Manuel Peláez, espera que la situación se resuelva lo antes posible, cuidando en exceso que este altercado no remueva el conflicto con el vecino país, Marruecos, que, en numerosas ocasiones, ha reivindicado como propia la ciudad de Ceuta. Hasta el momento, la situación de los jóvenes no ha variado. Continúan instalados en la residencia de ancianos Nazareth, en la zona sur, donde emplean su tiempo enjugar a las cartas, oír música, leer libros filosóficos que ellos mismos solicitaron y descansar. Todo ello bajo la férrea vigilancia de la policía, que les impide cualquier movimiento, y de la asistencia de la Cruz Roja de la ciudad, que se ocupa de que no les falte de nada. Las personas que tienen acceso a ellos afirman que se encuentran muy altos de moral, "incluso han engordado", y como dijo Abdullah, el joven que se ha erigido en portavoz del grupo, "nosotros estamos dipuestos a permanecer aquí el tiempo que sea necesario". Lucas del Valle, que se ha erigido en cierta manera en protector de los jóvenes, vive unos días de gran excitación, siempre pendiente de sus muchachos. "Como cristiano, nunca olvidaré esta aventura y la volvería a repetir mil veces" afirma Lucas en su casa, presidida por una gran fotograflia del papa Pablo VI, del que Lucas se define como ferviente admirador, y del que afirma: "Ese Papa sí que tenía un par de redaños".

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