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El Gobierno francés aprueba el nuevo sistema electoral, basado en la proporcionalidad

El Gobierno francés aprobó ayer un proyecto de reforma electoral destinado a sustituir el vigente sistema mayoritario por uno proporcional. La reforma, que entrará en vigor ya en los comicios legislativos del año que viene, anula el sistema implantado en 1958, que defiende la oposición neogauilista y liberal.

El proyecto de ley -que será adoptado definitivamente por el Gobierno en el próximo consejo de ministros, a celebrar el miércoles, tras su presentación al Consejo de Estado- será sometido al Parlamento, de mayoría socialista, en la actual sesión de primavera. La futura ley considera un sistema a una vuelta en el que los escaños se repartirán en proporción al número de votos obtenidos por cada lista en cada circunscripción (departamento). Se establece asimismo una cota del 5%, por debajo de la cual no se obtendrá representación, y un mecanismo para primar a los partidos que han conseguido mayor número de votos. Para reequilibrar la representación departamental en función del número de habitantes se crearán 86 nuevos diputados, que se vendrán a sumar a los actuales 491. Es un sistema "igualitario, justo y sencillo", dijo ayer el ministro del Interior, Pierre Joxe, al presentar el proyecto. Los 97 nuevos diputados tienen por finalidad alcanzar una proporción de un parlamentario por cada 100.000 habitantes, señaló.

La oposición rechaza toda modificación de la ley electoral a un año vista de unas elecciones con las que espera recuperar el poder.

Un comunicado de neogaullitas y liberales decía ayer que el sistema proporcional, "incompatible con las instituciones de la V República, conducirá a la parálisis del Gobierno". Tras acusar a François Mitterrand de anteponer su interés personal al interés nacional" anuncian que van a "combatir enérgicamente esta maniobra contraria a los intereses del país".

Los favorecidos

El escrutinio proporcional, que estaba en el programa electoral de Mitterrand, permite atenuar la polarización izquierda-derecha, fruto del sistema mayoritario, al favorecer una representación nacional más equilibrada. Los primeros favorecidos por el sistema serán los centristas, que ahora tienen que optar por uno u otro de los dos grandes bloques; los comunistas, subrepresentados en el actual sistema, y el ultraderechista Frente Nacional, que dífícilmente pudiera llegar a la Asamblea Nacional en caso de mantenerse el escrutinio mayoritario.

La oposición considera que la ruptura del sistema bipolar conducirá a una Francia ingobernable, ya que, dice, generará la búsqueda de una mayoría gubernamental basada en "alianzas precarias". La derecha prevé una inestabilidad como la existente entre 1946 y 1958, año en que con la llegada de la V República y el sistema mayoritario el general De Gaulle puso fin al "vaivén de los ministerios".

Los analistas creen que el rechazo de neogaullistas y liberales al nuevo sistema tiene su razón de ser en el temor a que algunos centristas se sientan tentados a gobernar con los socialistas, impidiéndoles con ello alcanzar el poder. El Partido Socialista, primer partido de Francia desde 1978, pretende, a su vez, convertirse en el núcleo de la política francesa en torno al cual habrán de desarrollarse las futuras alternancias.

Con esta reforma Francia se suma al campo de los países proporcionalistas, mayoritario en el mundo occidental, y deja que sólo el Reino Unido mantenga ese sistema en la Europa de los diez. España y Portugal, próximos integrantes de las Comunidades, también tienen sistemas proporcionales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de abril de 1985

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