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domingo, 24 de febrero de 1985
Reportaje:La batalla por la democracia en Chile

Santiago, chabolas como trincheras

Los arrabales de la capital chilena son un bastión de la resistencia contra Pinochet

Una cuarta parte de los habitantes de Santiago de Chile vive hacinada en guetos antipinochetistas donde "el catolicismo popular y el comunismo popular", según la denominación de una alta jerarquía de la Iglesia, compiten noblemente por ganar adeptos. Son las poblaciones y los campamentos. Vanguardias de las protestas contra el régimen del general Augusto Pinochet, focos de sarna y pulmonía, laboratorios de la democracia auténtica.

ANTONIO CAÑO ENVIADO ESPECIAL, La parroquia es el centro de toda la actividad de las poblaciones. Allí un millón de personas se reparte las ollas comunes (comida gratuita), se reúne la comisión de derechos humanos, los talleres de formación, los grupos de ancianos, de jóvenes, de mujeres. Se discute la próxima convocatoria die la oposición, se convence a los indecisos, se organiza la resistencia contra la policía. Después, en la parroquia también, se recolecta dinero para las familias de los detenidos. Se reza por los muertos.Los campamentos y poblaciones chilenos se ajustan a las características de todos los arrabales pobres de los países subdesarrollados. Chabolas de madera de 20 o 30 metros cuadrados, donde viven familias de seis o siete personas, basuras, enfermedades, drogas, delincuencia.

Sor Alesia, la monja italiana que trabaja con los niños del campamento Fresno, está sudando y cambiando los pañales de un recién nacido cuando explica que "entre el 80% y el 85% de los 3.000 niños de este campamento presentan síntomas de desnutrición grave; usted los puede ver que tienen hinchados la cabeza y el vientre, y las piernas más delgadas de lo normal". Un enviado de Ronald Reagan, Langhorne Motley, visitó este mismo campamento esta semana y comentó que había visto cosas peores.

Los allanamientos y las intimidaciones por parte de la policía han sido una constante desde la implantación del estado de sitio. A finales del año pasado se hacía de manera indiscriminada; ahora se produce de una forma más selectiva, en las casas de los dirigentes. "Aquí llegaron de repente, metieron a todos los jóvenes en micros (autobuses) y se los llevaron para aquella cancha (campo de fútbol)", afirma Sergio -"no quiero decir el apellido para no comprometerme"-, de la población de La Legua, recordando la última jornada de protesta.

"Tuvimos otros operativos los días 23 y 27 de diciembre. Llegaron camiones con fuerzas policiales; se metían en todas las casas, preguntaban, lo rompían todo", añade Teresa, que habla en nombre de las mujeres de esa misma población. "Aquí no han respetado nada, le han pegado hasta al cura", dice Aurelio, el diácono de la pa rroquia.

Sergio ha estado detenido en tres ocasiones, la última el año pasado. "Yo soy comunista porque los comunistas han sido los más valientes. Aquí hay también gente que son democratacristianos, pero son muy silenciosos. Salen también a las protestas, pero son muy silenciosos".

Las poblaciones nunca han fallado a las convocatorias de la oposición. "Preparamos las jornadas de protesta desde unos días antes, les decimos a las mujeres que junten basura en las calles, cosas viejas todo lo que pueda arder para hacer barricadas". "No todos comprenden la lucha, pero se unen en el odio a los carabineros", comenta Teresa, que no quiere decir su filiación política. Teresa prefiere hablar de las mujeres, "que a veces hemos sido más valientes que los hombres". "En mi casa han entrado (los carabineros) dos veces y no han respetado ni hombres ni mujeres".

El pasado mes de diciembre la policía rodeó con tanquetas el campamento Silva Enríquez y detuvo a todos los hombres que encontró. Dos horas más tarde las mujeres habían preparado para los periodistas una lista completa con los nombres de los detenidos.

Organización interna

Los habitantes de estos suburbios han desarrollado, como respuesta a este hostigarniento, una extraordinaria organización interna. En el campamento Fresno (creado por la fuerza en 1983 por grupos de familias sin hogar después de innumerables batallas camp ale s con la policía) no hay agua corriente, ni colegio, ni alcantarillado, pero sí un equipo de megafonía por el que se convoca a los dirigentes a las reuniones de comando (centro máximo de decisión). "En este campamento hay 30 sectores, cada uno de los cuales elige un delegado. Éstos integran el comando, donde a su vez se erige un dirigente máximo", explica Antonio, uno de los delegados.

La semana pasada un grupo fascista irrumpió en la casa del dirigente de Fresno, José Manuel Maturana. Su mujer y su familia fueron maltratados; los muebles, destruidos, y él recibió varios balazos en las piernas. En la puerta, el comando asaltante dejó unos panfletos firmados por Acción Chilena Anticomunista.

Los dirigentes de los campamentos tienen todos esos datos al día. En Fresno viven 2.506 familias, con un total de 10.800 personas. Conocen la ley, la saben utilizar, interponen recursos de amparo cada vez que alguno es detenido. Están unidos y saben defenderse. Para ello cuentan con el apoyo importante de la Vicaría de Solidaridad, una institución de la Iglesia católica dedicada a la defensa de los derechos humanos y principalmente al respaldo jurídico a los detenidos o maltratados.

La Vicaría de Solidaridad se ha convertido, por la falta de cualquier otro canal, en uno de los principales focos de oposición práctica a la dictadura. El secretario ejecutivo de esta organización, Enrique Pallet, admite que "es algo evidente que nuestro trabajo tiene consecuencias políticas; las tuvo Jesucristo y las ha tenido la actividad de la Iglesia católica en toda su historia. El solo acto de que la Iglesia proteja a las personas que han sido víctimas de abusos por parte de la autoridad afecta a la actividad política, eso es inevitable; pero no es nuestra aspiración convertirnos en una fuerza de oposición política de este régimen, ni de ningún otro".

El trabajo de la Iglesia chilena entre las clases humildes la ha llevado a una fácil convivencia con el partido comunista, mayoritario en poblaciones y campamentos. Curas y militantes comunistas se reparten el trabajo de formación y de organización. "Nosotros nos acogemos a la Iglesia, que es buena con nosotros; pero podía hacer más. Nosotros necesitamos derrocar la dictadura, no nos basta el paternalismo", comenta uno de los dirigentes comunistas de La Legua. Un compañero de partido le recuerda que "nosotros siempre hemos pedido un Gobierno constituyente con el cardenal Silva Enríquez (ex primado de Chile)".

Catolicismo popular

La explicación que da a este fenómeno un alto representante de la Iglesia es la de que "así como hay un catolicismo popular, que es una expresión real de la fe católica, también hay un comunismo popular, donde no se dan tantos problemas ideológicos. Entonces, participar en la olla común es algo que vamos a hacer con todo el mundo; defender a un detenido, con todo el mundo; defender la justicia, con todo el mundo. No queremos restar personas a esto".

La buena imagen de la Iglesia chilena entre los pobres de su país no ha sido gratuita. Ha dejado vidas de sacerdotes en el camino. El último, el año pasado, el cura francés André Jarlan, muerto en una manifestación.

La Iglesia chilena está cohesionada entre su jerarquía y los sacerdotes que trabajan en los barrios humildes, y aunque la primera dama del país, Lucía Hiriart Pinochet, exclamase tras la sustitución de Silva Enríquez que "por fin Dios nos ha escuchado", el nuevo primado, Fresno, ha seguido denunciando la dictadura.

Uno de los cargos más importantes del Gobierno chileno es el de coordinador de las relaciones entre la Iglesia y el Gobierno, que ocupa uno de los más prestigiosos pensadores del régimen, Sergio Rillón, quien llegó a pedir al Vaticano la restitución del derecho de que disfrutaba la Corona española para elegir a los obispos.

"No es que los obispos sean de izquierda", explica un comentarista experto, "lo que ocurre es que la política de Pinochet es tan torpe que el Vaticano nombra obispos de derechas y después se hacen de Ízquierdas". El obispo de Iquique no se cansa de denunciar la situación de los detenidos relegados en Pisagua. Los obispos de Puente Arenas o de Concepción son asiduos portavoces del malestar de sus regiones. Por el momento, las palabras de los prelados molestan más a Pinochet que las de la oposición.

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