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Trisha Brown

Dictadora de la improvisación en la danza moderna

Trisha Brown es una de las vecinas predilectas de Nueva York. Ella es el estilo de su compañía de danza, es la personalidad que dicta y define los pasos de sus bailarines enfrentándolos a la paradoja: el cálculo matemático de la improvisación. Trisha Brown llegó hace unos años a prescindir de todo lo que no fuera el movimiento puro del cuerpo. Sus coreografías evolucionaban ante el público sin música, sin decorados, sin un tema a desarrollar. Ahora ha redescubierto una a una las otras artes relacionadas con la suya: la pintura, el vídeo, la música. No se trata del viejo tema de la "integración de las artes"; se trata, según ella, de trabajos independientes que se conjugan en un engranaje armónico en el que se recupera la frescura y la libertad de la creación.

Trisha Brown, alta, fibrosa como un árbol del que cuelgan amplia vestiduras, se desplaza con un andar infantil y asombrado por las calles de Madrid. Está considerada actualmente como la principal exponente de la danza moderna enraizada en Merce Cunningham. Sus coreografías nacen de un vocabulario gestual complejo, de la más estrecha relación con el cuerpo y las formas del movimiento. "No hay nada mejor que la danza Vivo profunda y constantemente ligada a la danza física", díce entusiasmada. Trisha Brown se inició muy temprano en este conocimiento a través de la danza acrobática y el tap. Nacida en Aberdeen (Washington, EE UU), fue miembro fundador del Hudson Dance Theatre, creando su propia compañía en 1970. Hace poco se le declaró autora de 1a próxima ola de la danza moderna". "Lo del término danza moderna tiene una significación muy concreta e importante en el desarrollo del baile en nuestro siglo. En la década del sesenta un grupo de amigos decidimos inventar como una broma aquello de lo posmoderno. Lo decíamos como una burla, pero luego la broma pegó y usaron el término en arquitectura y ahora casi para todo", recuerda Trisha Brown.

Su breve estancia en Madrid trae la coreografía Working tile como estreno mundial y la obra Decoy (1979) en lugar de la anunciada Opal loop, lo que permitirá confrontar la evolución de los últimos años. "Hay una inquietud a lo largo de toda mi obra, y es la lucha del lenguaje y la forma conio síntesis de afirmación humana".

Lo que hace algo más de una década se expresaba en un rechazo de los convencionalismos de la representación escénica, y principalmente en la danza moderna, con la austeridad y pureza de su lenguaje, está descubriendo nuevamente la colaboración de otras expresiones como la música, la piritura y el vídeo, como ingredientes de una receta redescubierta.

El pintor Robert Raushenberg ha diseñado la presentación visual de una de sus últimas coreograflas, Set and reset, que presentará a partir de hoy en Madrid en el teatro Español. "Me fascina vivir en Nueva York, -dice Trisha- es allí donde se da un verdadero desafio del medio. Vivo entre gente que no ha desarrollado una fórmula que repite, sino que está en constante indagación y en contacto unos con otros. Personas que trabajamos en el frente de la creación, razón por la que a veces nos influimos mutuamente". Sus coreografías llevan siempre música especialmente compuesta para ellas. "Si tengo la maravillosa oportunidad de trabajar con los mejores músicos de esta época, ¿por qué voy a usar música de hace 200 años?", se pregunta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de octubre de 1984