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martes, 25 de septiembre de 1984
Crítica:CINE / 'BROADWAY DANNY ROSE'

Con cariño, pero sin nostalgia

Octavi Marti 25 SEP 1984
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Antes que nada hay que felicitarse de que Broadway Danny Rose se estrene doblada y en versión original subtitulada, de manera que el espectador puede elegir entre la uniformización interpretativa que significa el doblaje -no sólo dentro de la película misma, sino también en relación con los demás filmes de la cartelera- o la posibilidad de descubrir realmente a una Mia Farrow insólita, grosera, simpática, divertida, de nalgas abundantes y temblorosas, que no tiene nada que ver con aquella chica desvalida, casi etérea, que parecía destinada a fracasar en la vida por exceso de delicadeza". Son dos Broadway Dunny Rose, y del éxito del experimento depende la continuidad de la fórmula. Toquemos madera.Broadway Danny Rose es una nueva comedia de Allen en la que reaparece el personaje que le hizo famoso como actor de cine, es decir, el de un individuo bajito, con gafas, que parece un don nadie, pero es un pequeño filósofo de la vida, un hombre que sabe ver las cosas desde un prisma personal y humorístico. Vamos, el propio Allen luchando por escapar de su destino de ingenio a sueldo de terceros. Y ya se sabe que este tipo de planteamientos por el que todas las ficciones se transforman en fábulas autobiográficas puede desembocar en una exagerada autocompasión, en una suerte de chantaje sentimental destinado a conseguir la complicidad del espectador a base de guiños y codazos, a lograr que todo el mundo se sienta intelectual de Manhattan.

El humor, la capacidad de crónica y la propia autonomía ganada por el personaje inventado por Allen evitan el peligro de que el filme se convierta en un elogio de mediocridad. Porque, aunque sean entrañables, todos los personajes que transitan por Broadway Danny Rose son de una mediocridad aplastante: desde el empresario teatral interpretado por Allen hasta el enorme cantante al que representa un formidable Nick Apollo Forte. A fin de cuentas, el drama de Danny Rose es que no consigue retener dentro de su empresa a los artistas que triunfan. Para él sólo quedan los domadores de pingüinos, los actores cuyo mayor mérito es hablar tan elegantemente como James Mason o los cantantes especializados en bodas y bautizos de la colonia italiana. Sin embargo, un enredo, con la consiguiente aventura entre mafiosos y la aproximación sentimental entre Rose y Tina (Mía Farrow), servirá para redimir al personaje de todos sus fracasos y para que su recuerdo no sea un mero disparate. De ahí también la capacidad de crónica de la que hablábamos, con su reconstrucción de la época, de los gustos y preocupaciones de un mundillo en el que Allen se hizo profesionalmente. Con unos buenos diálogos, una puesta en escena notablemente estilizada, una galería de actores magníficos y un considerable número de gags y, sobre todo, situaciones cómicas, Broadway es otro paso adelante en la trayectoria de Allen.

 
 

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