CARTAS AL DIRECTOR

Williamsburg

A la llamada del gran jefe, llegaron a Williamsburg los jefecillos de los llamados países desarrollados e industrializados para recibir la consabida amonestación por no haber convencido a sus respectivos pueblos de lo necesarios que parecen ser los euromisiles para la defensa de los valores democráticos y occidentales. Se les dijo que todo lo hecho hasta ahora ha resultado inútil: el embargo de trigo resultó una verdadera tragedia para el campesinado norteamericano, y el proyecto de embargar toda tecnología que necesita la URSS para la construcción del gaseoducto no ha sido seguido por los europeos, puesto que el gas resulta vital sus industrías y la medida aumeritaría el número de parados. Los misiles parecen, para Reagan, el último cartucho. Y luego, cuando tenga solucionados sus problemas, previa paga y señal con el permiso para instalarlos, Mr. Marshall volverá a Europa para repartir las ayudas pertinentes. A España sólo le dejará el polvo de su apresurado paso, como de costumbre. ¡Pobre Europa libre, con su amigo americano!./

* Este articulo apareció en la edición impresa del Martes, 7 de junio de 1983