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miércoles, 13 de abril de 1983
Tribuna:La Academia de Hollywood concede sus galardones

Política, moral y epopeya

La Academia de Hollywood siempre ha sido sensible a los filmes en los que el contenido viene expuesto en primer plano y en los que la política se reconvierte en problema moral. Gandhi, con una cantidad de estatuillas inusitada, ha descabalgado de la carrera a los filmes fantásticos como E. T. o las comedias como Tootsie.Desaparecido no tenía ninguna posibilidad por la poca simpatía que despertaba en el departamento de Estado y el problema de El veredicto estriba en que, mientras Paul Newman sólo se enfrenta a un abogado poderoso, Gandhi lo hace a un imperio. Lucha desigual.

Pero el mahatma ha podido con todos en todos los terrenos. La plana, segura y convencional dirección de Attenborough consigue que se olvide a Steven Spielberg o el ritmo de Pollack en Tootsie. Ben Kingsley acaba con el sueño transformista de Dustin Hoffman o del veterano perdedor Paul Newman.

Los otros premios importantes -guión, fotografía, montaje- también son para el filme británico -el año pasado Carros de fuego también significó la victoria de la colonia frente a la metrópoli. Sólo la mejor interpretación femenina escapa, de entre los premios grandes, al arrasador empuje de Gandhi y es así seguramente porque Meryl Streep no tenía ninguna rival en la epopeya hindú. En cualquier caso han sido los títulos, aparente o realmente frívolos, la diversión más o menos pura, como E. T, Víctor o Victoria y Tootsie los grandes derrotados.

Los oscars de los secundarios son poco discutibles. Lou Gosset júnior tenía un "bombón" en Oficial y caballero y lo ha aprovechado.

Jessica Lange obtiene el reconocimiento merecido ya el pasado año por El cartero siempre llama dos veces. En Tootsie ha dejado a un lado su sensualidad primitiva para potenciar el lado humorístico y paródico de su personaje.

El recuerdo a Mickey Rooney es algo inequívocamente americano y que escapa a la comprensión de los europeos. Pero eso es igual, porque los oscars son la fiesta de la capital del imperio y el mundo no anglosajón oscila entre ser espectador o comparsa. Lo admirable está en haber conseguido dotar los oscars del aura de un referéndum planetario.

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