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miércoles, 2 de marzo de 1983
Crítica:TEATRO

La 'Carmen' de Mérimée en la visión de Brook

  • 'LA TRAGEDIA DE CARMEN'

"La cultura española, la clásica y la contemporánea, a excepción de dos o tres pintores y un cineasta, es todavía hoy sorprendentemente ignorada en Francia", escribe Jean-Claude Carriére, el guionista de Buñuel y uno de los habituales colaboradores de Brook, en la presentación del libreto de La tragédie de Carmen (editado por el Centro International de Créations Théâtrales). En Francia, la cultura española sigue siendo esencialmente folklórica: es la cultura del gazpacho, las corridas de toros amañadas y. las vacaciones en ciment d'Andalousie, de que habla Carriére. Y lo curioso es que quien inaugura esa cultura folklórica, en el peor sentido de la palabra, es Carmen, no la de Mérimée, publicada en 1845 en la Revue des Deux Mondes, sino la ópera cómica de Bizet, con libreto de Meilhac y Halévy, estrenada en la sala Favart en marzo de 1875. Parafraseando la popular cancioncilla, podría decirse que en el París de 1875 la Carmen de España, de una parte de la España auténtica, no era la de Bizet-Meilhac-Halévy, sino la de Mérimée. La Carmen de la españolada, la bisabuela de posteriores e innumerables españoladas surgidas en Francia, esa sí era la Carmen de Bizet-Meilhac-Halévy.

La tragedia de, Carmen

de Georges Bizet, Prosper Mérimée, Henri Meilhac y Ludovic Halévy. Adaptación de Mbrius Constant, Jean Claude- Carriére y Peter Brook. Intérpretes: Hékne Delavault (Carmen), Howard Hensel (Don José), John Rath (Escamillo), Agnès Host (Micaela), Tapa Sudana (Lillas Pastia, García), Jean-Paul Denizon (Zúñiga, una vieja gitana). Elementos escénicos y vestuario: Chloé Obolensky. Orquesta: Diabolus in Musica, bajo la dirección de Philippe Nahon. Piano: Andrea Cohen. Dirección musical: Marius Constant. Realización: Peter Brook. Talleres municipales de Barcelona, 28 de febrero de 1983.

Celos, amor y sangre

Mérimée sitúa la acción de su nouvelle Carmen en 1832. El autor, el polisson que asoma en su correspondencia, el romántico prefabricado y barato de ciertos manuales, se nos presenta como un investigador, como un etnólogo que se acerca a la Andalucía peligrosa los bandoleros de Sierra Morena son todavía una realidad; Zugasti está por llegar-, oscura y hermosa, gitana y africana. El relato de Mérimée es un fait divers, una historiaprecisa, sacada de la realidad, una historia de amor, de celos y de sangre, contada en el personaje de una gitana, una gitana verdadera, Carmen, una mujer que además de puta -vamos, que se acuesta por dinero-, es ladrona, bruja y asesina, o cuando menos una incitadora al asesinato. Vamos, que no podía encontrarse mejor personaje para el misógino Mérimée, el autor de Una Jernme est un diable (Una mujer es un diablo) (narración incluida en el Théâtre de Clara Gazul), para el cual, como señalan Maillon y Salomon, comentadores de la última y excelente edición de su Romane et Nouvelle, una mujeres un ser por el que se mata, por el que se muere y eso cuando no es ella la propia asesina.El talante investigador de Mérimée llega al colmo de endilgarnos, una vez terminada la historia de Carmen, todo un curso magistral sobre las costumbres de los gitanos, como si el admirable relato que le ha precedido no contase para nada. Cuán lejos está ese frío, minucioso escritor, extraordinario escritor, del denostado franchute de la popular cancioncilla: ¡Y no la de Mérimée!

La 'españolada'

He escrito que la españolada se inicia en Francia con Carmen y ello no es exacto: se inicia con la subida al trono de Francia de Luis Napoleón Bonaparte, casado con Eugenía de Montíjo, la hija de la condesa de Montijo, gran amiga de Mérimée. Es entonces cuando lo español se pone de moda, cuando la Andalucía irrumpe en los escenarios; pero claro, se trata de una Andalucía descafeinada, endulzada; porque, vamos a ver, ¿quién es el guapo que se atreve a presentar una gitana puta, bruja, ladrona y encima asesina en un teatro oficial del pequeño Napoleón? Con todo, hay que decir en honor a Bizet que el músico estaba mucho más próximo a la España de Mérírnée -en su partitura no hay un solo acorde de guitarra- que no lo estaban sus libretistas. Pero los tiempos mandan y hubo que apechugar con la españolada, envuelta, eso sí, en una música sublime. Y aún hay más a favor de Bizet.El compositor tuvo el acierto de potenciar el personaje de Escamillo -un picador en el relato de Mérimée, un hombre entre tantos- y convertirlo en el famoso torero, en el macho, el símbolo de todos los hombres que hayan podido amar a Carmen, y sobre todo, tuvo el acierto de convertir a Carmen en una gran heroína trágica, jugando la contradicción entre fatalismo y libertad, entre la mujer que se sabe sometida a un destino implacable -el aria célebre de las cartas- y la mujer que afirma su libertad y está dispuesta a defenderla con su propia vida.

La tragedia de Carmen parte del relato de Mérimée -potencia a Don José, le devuelve la fiereza, la brutalidad que tiene en Mérimée; recupera el personaje de García, el marido, el hombre de Carmen, y, sobre todo, nos devuelve la gitana sensual, provocadora, puta, bruja, ladrona y asesina, una mujer fuerte, sin escrúpulos de ninguna clase- y, a su vez, aprovecha los dos aciertos de Bizet, el desarrollo de Escamillo de picador a, torero famoso, la entidad de gran heroína trágica de Carmen y el personaje de Micaela, punto de unión de Don José con su pasado, su pueblo, su anciana madre.

Muchos años de cultura

Brook ha colocado esa tragedia a un par de metros de las narices del espectador. El foso de la orquesta ya no divide, como señala Manuel Valls en su libro La música en el abrazo de Eva, el universo erótico musical en dos campos infranqueables. Siguiendo la máxima de Mérimée, "odio los detalles inútiles", Brook ha reducido el espacio esico a un anillo de arena en el que una vieja gitana traza con tierra roja y fuegos aromáticos un microuniverso de brujería iniciático, en el que va a desarrollarse la tragedia. La Carmen de Brook, como la de Mérimée, es sensual, penetra por los sentidos y logra -en la primera aparición de Carmen en la escena de la seducción, en la escena de Carmen y Escamillo y, sobre todo, en la escena última, impresionante, de la muerte de Carmen a manos de Don José- una fuerza y una verdad, un frescor y una elegancia que es prácticamente imposible conseguir en un montaje convencional de la ópera de Bizet en un gran centro lírico.Transcurrida esa hora y veinte minutos escasos que dura la representación, uno llega a la conclusión de que el espectáculo de Brook no sólo clarifica la historia de Carmen, sino que le ofrece a Bizet toda aquella monstruosa serenidad, toda aquella ritualidad contenida, soñada por él y que sus fibretistas y los hombres que ponían en pie las óperas en su tiempo, y aún en nuestro tiempo, no supieron, no quisieron o no pudieron darle, y que en cambio sí están en su música y en el relato de Merirnée. Como decía Lluís Pasqual, comentando el trabajo de Brook: "Son muchos años de cultura y honradez".

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