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jueves, 18 de noviembre de 1982

Estados Unidos intenta mejorar a la vez sus relaciones con la URSS y con la República Popular China

  • Conversación con George Shultz, secretario de Estado norteamericano
Los esfuerzos por buscar una mejora de las relaciones soviético-norteamericanas comenzaron con los intentos de reanudación del diálogo con el ministro soviético de Asuntos Exteriores, Andrei Gromiko, del secretario de Estado norteamericano, George P. Shultz, durante su visita a Moscú como miembro de la delegación de su país en los funerales del presidente Breznev. Puede comprobarse, pues, que la promesa del presidente Reagan al Presidium soviético de estudiar la ampliación de "áreas en las que nuestras dos naciones puedan cooperar en beneficio de ambas" se está llevando a cabo a pesar de que el jefe del Ejecutivo sintiera que otras obligaciones le impedían acudir personalmente a los funerales.

En el curso de una larga conversación, Shultz me dijo: "Espero poder viajar a China a principios del año próximo". Parece, pues, claro que la Administración norteamericana está intentando establecer unas mejores relaciones con la URSS y con China Popular al mismo tiempo.Ello podría tener claramente una repercusión global, centrada en las dos superpotencias y en sus relaciones individuales con la nación más grande de la Tierra, siempre que las conversaciones prometidas condujeran a unas negociaciones formales bilaterales con China y la URSS o a un cambio en las conversaciones que se están llevando a cabo sobre temas tales como la reducción de armamento nuclear o convencional, con la URSS, y el aprovisionamiento de armamento a Taiwan, con Pekín.

'El cambio depende del comportamiento de la URSS'Shultz parece estar especialmente calificado para las pesadas tareas que han recaído sobre sus hombros tras la muerte de Breznev. Es un hombre encantador, modesto y trabajador, apreciado por demócratas y republicanos, tal como he podido comprobar en esta ciudad, tradicionalmente calumniosa. Comenzó nuestra conversación diciendo: "El presidente tiene una política que hemos intentado explicar todas las semanas, y vamos a seguir intentándosela explicar a la nueva dirección soviética que suceda a Breznev. Es una invitación a la Unión Soviética a comenzar unas nuevas relaciones con nosotros, si es que puede cambiar su comportamiento. Primero, tenemos que ser realistas a la hora de evaluar los cambios dentro de la Unión Soviética. Están reforzando su poderío militar a fin de poderlo emplear directa o indirectamente; hay grandes limitaciones a la emigración. Está también la invasión de Afganistán, el apoyo soviético a la invasión de Camboya, Polonia, y así sucesivamente".

"Vamos a ser realistas. Cuidaremos nuestros intereses en un mundo enfrentado que ellos, los soviéticos, han trazado. Pero queremos cambiar ese mundo. Estamos intentando conseguir una reducción de armamento en Europa mediante las conversaciones, para una reducción mutua y equilibrada que se están celebrando en Viena. Deseamos una reducción del armamento nuclear. Pero para conseguir un nuevo mundo tenemos que asegurarnos que el cambio dependa del comportamiento de la URSS".

"Vamos a seguir acentuando estas bases de la política norteamericana y mantendremos una política constante. Pero esperamos que se dé en el futuro un empleo más constructivo de los recursos mundiales. Durante la era de Breznev aumentó extraordinariamente la capacidad ofensiva soviética y hubo grandes diferencias en nuestros puntos de vista. Pero resulta difícil llegar a ninguna conclusión en el caso de una sociedad y una estructura de gobierno cerradas. Hay que llevar a cabo la política que nosotros creernos que es la adecuada, y hacérselo ver a ellos".

Le pregunté a Shultz si los objetivos de la política exterior norteamericana seguían siendo decididos por los dos partidos o simplemente por los republicanos. "Por supuesto que los dos partidos deciden los objetivos", contestó. "Hay un gran apoyo. Por ejemplo, los objetivos presentados por el presidente para Oriente Próximo, en septiembre, tuvieron un apoyo popular y del Congreso muy amplio".

'Viajaré a China el año próximo'Retomamos la conversación sobre el tema específico de China y Taiwan. Explicó: "Hemos estado negociando, lenta y detalladamente, un comunicado con Pekín, principalmente sobre las ventas de armas a Taiwan. El Gobierno popular chino se muestra de acuerdo con el texto, en el que tuvimos gran cuidado de fijar nuestra política. Nuestras ventas de armas a Taiwan siguen siendo debatibles, aunque nuestra postura queda claramente fijada en el comunicado conjunto hecho público el 17 de agosto de 1982, y seguimos adelante en el desarrollo de nuestras relaciones con Pekín. Espero poder ir a China a principios del año próximo".

El comunicado conjunto al que hizo referencia el secretario de Estado hacía público el acuerdo de ambos países del reconocimiento de la República Popular China por parte de Washington y del hecho de que había solamente una China, de la cual Taiwan era parte constituyente. No obstante, un comunicado anterior, de 1 de enero de 1979, especificaba que las relaciones culturales y otras relaciones no oficiales entre Estados Unidos y Taiwan continuarían. Así no quedaba zanjada la cuestión de las ventas de armas. China se limitó a decir que insistiría en la cuestión tras la normalización de las relaciones.

'La idea de la libertad está floreciendo en el mundo 'Hubo conversaciones posteriores en los encuentros entre el presidente Reagan y su secretario de Estado en aquella época, Alexander Haig, con el primer ministro chino, Zhao Ziyang, y el ministro de Asuntos Exteriores, Huang Hua, en octubre de 1981. China reafirmó en aquella ocasión que la cuestión de Taiwan era un asunto interno. Estados Unidos había insistido en que no interferiría en los asuntos internos chinos y que alababa la política china de esforzarse por una solución pacífica de la cuestión de Taiwan. Garantiza que las ventas de armamentos de Estados Unidos a Taiwan no sobrepasarán las de años recientes, desde el establecimiento de las relaciones diplomáticas con China. Ambas partes expresaban su determinación de fortalecer sus lazos.

Le recordé al secretario de Estado que el 18 de octubre había dicho que "teníamos ante nosotros una nueva era de reformas y revoluciones democráticas". ¿Cómo, dónde y por qué?, le pregunté. Me hizo notar que en una reciente conferencia sobre la libertad a la que asistieron el presidente Reagan y el primer ministro italiano, Spadolini, entre otros, había quedado demostrado que la idea de la libertad estaba floreciendo en todo el mundo. Creo que el futuro es bueno. El historial de los países relativamente libres en cuestiones tales como el progreso económico y las libertades del hombre es mejor que el de las sociedades autoritarias. La comparación favorece a las sociedades libres.

"Los acontecimientos de Polonia han demostrado el fracaso de un sistema estatal. El Gobierno polaco estaba intentando suprimir el movimiento de Solidaridad e impulsarlo a la clandestinidad. Pero el resultado ha sido un tributo a la firmeza de los polacos que mantienen sus ideas de libertad".

¿Cómo, le pregunté, podría Washington intentar extender la democracia a los países comunistas, tal como había sugerido Reagan en Londres el pasado mes de julio? El secretario respondió: "Se trata básicamente de una cuestión de comunicaciones. Y también del método empleado en las conferencias internacionales, a las que asisten tanto países libres como otros que no lo son. Cuando digo comunicaciones me refiero a la radio y la televisión, que resultan más difíciles de bloquear mediante interferencias gracias a los satélites de transmisión situados en posiciones fijas".

"Estamos también llevando a cabo una política de diferenciación. Somos conscientes de la diferencia entre, por ejemplo, Yugoslavia y la Unión Soviética, incluso entre ésta y Hungría, que forma parte del Pacto de Varsovia. Cualquier cambio que suponga un alejamiento del totalitarismo dentro de la Unión Soviética sería para nosotros recompensa suficiente".

'Deseamos una estrategia común con los países de la Alianza'Le pregunté si la discusión que se ha desarrollado entre los países miembros de la Alianza por el gasoducto siberiano de la URSS a Europa occidental y nuestra oferta de venta de veintitrés millones de toneladas de grano a la Unión Soviética no confirmaba de alguna manera la predicción de Lenin de que los países capitalistas competirían entre ellos para vender a Moscú la cuerda que serviría para su estrangulamiento. Respecto a las sanciones a las exportaciones de tecnología de Europa occidental a la Unión Soviética, dijo: "No existe un verdadero acuerdo hasta que se tiene uno. Deseamos una estrategia común de los países de la Alianza basada en un acuerdo amplio"

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