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domingo, 18 de julio de 1982
Reportaje:

El Ramadán español

La exigüidad de la confesión musulmana en España hace que sus prácticas pasen casi inadvertidas. Pero sus seguidores cumplen con los ritos del Corán con el mismo rigor que sus hermanos de los países islámicos

Este mes los musulmanes viven el Ramadán, período de ayuno y reflexión que trastoca su vida cotidiana. Aunque existe un importante porcentaje de musulmanes en Granada y Córdoba, así como en Madrid, Barcelona, Ceuta y Melilla, aún no es el Ramadán un hecho social en nuestro país. Los 150.000 musulmanes que residen en España, de los cuales, al menos quinientos son españoles, dan fe de que el Ramadán, más que una tradición o una identidad, es una época muy seria ."Y si se vive bien, los pecados de la vida anterior quedan perdonados" dice uno de ellos

.El madrileño Jaled Abu Usamah se levantó esta madrugada con la lengua pegada al paladar y los labios resecos. Eran las cuatro de la mañana y no necesitó asomarse a la ventana para comprobar que aún imperaba la noche. Pero tuvo que hacer un esfuerzo para enderezar sus primeros andares trastabillados, mientras elevaba al cielo su primer pensamiento. Apenas había cabeceado un sueño de una hora durante esta noche de sábado, especialmente sagrada dentro del Ramadán. Abu Usamah, había pasado el grueso de la noche rezando, tal como hacen los musulmanes cumplidores, en recuerdo de que el Corán había sido revelado tal día como hoy, en la vigilia de los días 26 al 27 del Ramadán, que este año coincide con el 18 de julio del calendario cristiano. Abu Usamah se acercó a la cocina y bebió pausadamente un mediano vaso de agua. Después tomó queso, un par de huevos fritos y té recién hecho. Más tarde, hizo la primera oración del día, denominada fayer. Desde ese momento ya no podía tomar alimento hasta el crepúsculo. Empezaba una nueva jornada de ayuno total e inclemente "de sol a sol". El Corán, con su reglamentación minuciosa, lo dice muy claro: durante la noche "comed y bebed hasta que distingáis un hilo blanco de un hilo negro en el alba. Inmediatamente después, observad el ayuno".

Cuando el Ramadán cae en verano, como este año, los días son tan largos que el ayuno se hace implacable durante cerca de diecisiete horas. Y Abu Usamah, como el resto de los musulmanes españoles, no come, no bebe, no fuma y no puede hacer el amor durante esas horas. Debe guardar la pureza y ni siquiera le está permitido pecar con la vista o desear hacer el amor con su mujer. Y mucho menos desear a otras. Su esposa, madrileña de Argüelles, vestida según la rigurosa etiqueta islámica, sin duda más cubriente que la de una monja convencional, tampoco puede ponerse perfume mientras haya rastro de claridad.

Hay días que la fábrica en que trabaja Abu Usamah. registra calores equivalentes a los 50º. Pero él no puede tragar ni una gota de agua. El Corán sólo permite enjuagar la boca y remojarse el cuerpo como alivio contra el rigor del verano. Los más estrictos, sin embargo, no osan humedecerse los labios, aunque la sequedad se los apergamine durante horas.

Las cinco oraciones diarias que obligan a los seguidores del Islam contribuyen a cortar en trocitos el tiempo y con él, el hambre y las posibles tentaciones. Muchos musulmanes, que a lo largo del año olvidan a menudo sus oraciones, son más exquisitos cumplidores durante el Ramadán. "Pero el verdadero musulmán tiene que cumplir el Corán siempre y no sólo en Ramadán", puntualiza Abu Usamah. Lo cierto es que cuando aprieta el cansancio, a mediodía, la preocupación por cumplir la segunda plegaria aleja de su imaginación el fantasma del mantel vacío. Antes de que se oculte el sol hay que satisfacer una tercera oración. El cuarto rezo debe elevarse antes de que el cielo oscurezca. Entre éste y la primera oración del día siguiente, queda tiempo para realizar la quinta plegaria obligatoria. Por si fuera poco, en el mes de Ramadán existen unas preces peculiares, denominadas tarawih, que deben rezarse tras la primera comida de la noche.

Pero el día es muy largo en Ramadán. Sólo los musulmanes antiguos como el sirio Bahig Maya, residente en Madrid y fundador del Centro Islámico en la capital de España, han conocido años en los que el mes del ayuno transcurría en invierno, época en la que las horas de la noche son más largas que las del sol. Cada veinte años aproximadamente, el Ramadán, noveno mes lunar del calendario árabe, vuelve a la estación fría. Este año, en España, el mes sagrado se inició el 23 de junio y terminará el 22 de este mes.

Desayuno en familia

A las ocho de la tarde, Najatz y su amiga Aida inician los preparativos para el desayuno o iftar. Es la comida que rompe el ayuno y que tiene lugar a las 10 menos cuarto de la noche. Los olores culinarios se convierten así en una avanzadilla festiva, en un lento despertar del cuerpo mientras se va despidiendo el sol. A las nueve y media, ya no hay huellas de sol en el aire, pero todavía flota su luz ámbar en el cielo y aún no se puede empezar a servir el desayuno. Pero diez minutos después sí, la mesa está dispuesta. "La vida social se relega a la noche en estos días y acostumbramos a reunimos varias familias para comer y rezar juntos". Arrellanados en el suelo y enfundados en chilabas los maridos comen una sopa espesa, seguidas de varias bandejas de arroz y carne pi cada aderezadas con unas guindillas junto a unos platos de fruta En otra habitación, las mujeres toman un menú idéntico, envueltas en sus largos e incómodos vestidos.

Tras el desayuno nocturno hombres y mujeres rezan por separado en casa o en la mezquita. Abu Usamah y sus compañeros se dirigen a la mezquita de la Asociación Islámica de España, situada en la calle de Francos Rodríguez de Madrid. El andaluz Emilio Quílez, que tras su conversión al islamismo se hace llamar Bilal, de paso en Madrid, se acerca a la mezquita del Centro Islámico, en la calle de Alonso Cano. Hay otra tercera mezquita en la capital de España, la de la Comunidad Musulmana de España, frecuentada por españoles y diplomáticos, y cuyo secretario es el periodista musulmán español Alvaro Machordón. En estos días, la mezquita permanece abierta hasta la madrugada y los grupos de fieles con sus salmodias y postraciones se suceden cada cinco minutos. "En algunos países de población islámica la mezquita está abierta las veinticuatro horas del día este mes, pero aquí procuramos respetar las horas de sueño de los demás y cerramos algunas horaa".

Inevitablemente, los cumplidores trasnochan entre rezo y tertulia. Los que trabajan al día siguiente se retiran pronto a dormir. Los matrimonios tienen ahora también la ocasión de hacer el amor. "Os está permitido durante la noche del ayuno cohabitar con vuestras esposas. Ellas son una vestidura para vosotros. Vosotros sois una vestidura para ellas", dice el Corán.

Huir de los extremos

"El Ramadán rompe la rutina del año", explica Emilio Quílez. "Es una época de reflexión". "Pero en el Islam se huye de los extremos y se busca la moderación y la libertad", apostilla Bahig Maya. "Los enfermos o los que realizan trabajos forzosos y duros como los mineros, no están obligados a ayunar". Tampoco ayunan las embarazadas y lactantes y las mujeres con el período. Los fieles que se encuentran de viaje también pueden optar por retrasar el ayuno para la vuelta. "Hay que recuperar los días perdidos al final del mes o antes del siguiente Ramadán".

"A las cuatro de la madrugada se hace una segunda comida que pone fin a la noche e inaugura la vuelta al ayuno. Es al empezar la aurora cuando uno debe decidir si ayuna ese día o si lo pospone por razones de salud o de otro impedimento" comenta Emilio Quílez. "Yo anoto los días que me faltan y los cumplo en otro momento". Hay otra segunda opción para los que se consideran imposibilitados, de hacer el ayuno: alimentar a un pobre o entidad benéfica, por un importe aproximado a lo que le cuesta el sustento diario, durante el tiempo equivalente a los días de ayuno incumplidos.

La sombra de la guerra del Líbano entristece la fiesta religiosa del Ramadán entre los musulmanes españoles, "porque no es un problema palestino solamente, sino algo que afecta a todos los musulmanes. En España se estima que hay 150.000 musulmanes, aunque Emilio Quílez considera que sólo son estrictos cumplidores unos 6.000. De ellos, quinientos son españoles de nacimiento y en su mayoría convertidos al Islarri tras un bautizo cristiano. El andaluz Emilio Quílez, 47 años, especialista en estuco y contratista de obras, se hizo musulmán hace siete años. Abu Usamah, 25 años y, vecino de Cascorro, se convirtió casi de adolescente y asegura que no quiere recordar su nombre cristiano, "porque murió con mi vida anterior", aunque parece ser que lo oculta por problemas familiares. "Para mi familia, mi conversión supuso un choque tremendo".

"Estamos en minoría y nuestro Ramadán es más discreto que en otros países, en los que todo gira en torno al Ramadán. Pero no consideramos ejmplar a ningún. Gobierno de los llamados islámicos. Si te pasas por cualquier embajada, encontrarás a la gente fumando puros y tomando copas en pleno mes de ayuno. Son los grandes hipócritas que utilizan el Islam como fachada", denuncia Abu. Usamah. El Islam, según sus seguidores, "es un sistema de vida, integrista y totalitario. Es más que una religión. Es también una pauta para organizar una sociedad política". Y los musulmanes que viven en España, sirios, palestinos y marroquíes, además de los españoles, creen que todavía no existe esa sociedad islámica perfecta. De mayoría sunnita, los españoles cumplidores como Abu Usamah, que trae su chilaba de Arabia Saudí, confiesa que "ahora hay un boom islámico entre la juventud. Algunos nos llaman integristas y extremistas, pero simplemente somos musulmanes".

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