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martes, 18 de mayo de 1982
Editorial:

Las elecciones en la República Dominicana

EL PARTIDO Revolucionario Dominicano, que continúa en el poder después de las elecciones del día 16, no es, evidentemente, revolucionano: en nuestro tiempo, los apelativos se utilizan más qué para definirse, para disfrazarse. Ha conseguido, sin embargo, algunas conquistas importantes en el orden social y en la regulación de una democracia tantas veces traicionada y violada. Uno de los hechos claves de la política contemporánea sucedió en Santo Domingo, entre 1963 y 1965: fue elegido presidente Juan Bosch, socialista, en las primeras elecciones libres que conocía la República Dominicana desde hacía 38 años; fue derrocado por los militares tres meses después y sustituido por una junta, que en 1965 fue desposeída por un movimiento popular dirigido por el coronel Caamaño que pretendía el regreso de Bosch, y se produjo una resistencia militar que se convirtió. en una breve guerra civil; hubieran ganado los constitucionalistas de Caamaño y Bosch de no haberse producido, el 28 de abril, un desembarco de marines con el objetivo declarado de proteger la Embajada de Estados Unidos; fue seguido por más desembarcos y por el descenso de paracaidistas, que en una semana formaban ya un ejército de 14.000 soldados, que habían cambiado de objetivo: ya se trataba de "impedir la emergencia de otro Estado comunista en el hemisferio".Los incidentes prosiguieron: Estados Unidos legalizó su cuerpo expedicionario con la participación de destacamentos enviados por dictaduras latinoamericanas, y en estas circunstancias se celebraron unas elecciones presidenciales que dieron el triunfo a Balaguer, antiguo colaborador y hombre de acción del tirano Trujillo. Tras de lo cual, el cuerpo expedicionario pudo retirarse. Había habido 3.000 muertos en la República Dominicana y un elevado número de exilios: el orden, pues, estaba garantizado. Para que la posibilidad de cambiar la tiranía por una democracia, y el regreso de la democracia a la tiranía, pudieran suceder, habían ocurrido situaciones espectaculares en Estados Unidos: fue asesinado Kennedy y había sido sustituido por Johnson. Más adelante llegó Carter y su suave y titubeante intento de kennedismo: fue suficiente para el, renacimiento de una democracia controlada en la República Dominicana en el nombre de Antonio Guzmán y su partido revolucionario. Guzmán, que se había retirado ante, las presiones militares en las elecciones de 1974, perseveró en las de 1978 y las ganó, dando lugar a una serie de incidentes tragicómicos en los que el Ejército secuestró las urnas, tratando de hacer sus propios recuentos, y no cesó de amenazar con un golpe; ya Carter lo impidió y Guzmán se instaló en la presidencia que ahora abandona para pasársela a su correligionario y designado Salvador Jorge. Blanco.

Como dos sombras, los protagonistas de la tragedia de 1965, el agredido y derrocado Juan Bosch y el continuador de Trujillo, Joaquín Balaguer, han comparecido ante los electores: dos ancianos con más tenacidad que brío. Balaguer aún contaba con la ayuda de los militares y su creación de climas y amenazas. Pero los militares ya no son los de entonces. En sus cuatro años de Gobierno, y con la ayuda de Estados Unidos, Guzmán ha ido profesionalizando el Ejército, alejando del mando a los más duros (a lo que ha contribuido también la edad, el paso del tiempo) y reorganizando las fuerzas de policía. No puede decirse que las reformas sociales hayan sido demasiado profundas, pero un contexto dramático y de situaciones de riquezas y miserias enfrentadas, sus planes de reforma agraria y la revaluación del trabajo, sus intentos de seguridad social y de mejoras escolares, y de una mejor permeabilización de las clases sociales, son relativa mente importantes. No hay que olvidar que hace un puñado de años todavía se arrojaban los opositores a los tiburones o a los cocodrilos: destino probable del exiliado español Galíndez, que escribió el libro La era de Trujillo y fue secuestrado en Nueva York y llevado a Santo Domingo, donde fue asesinado.

El PRD tiene que pagar estas posibilidades de una socialdemocracia limitada, de unas modificaciones modestas, con una alineación constante con Estados Unidos en la OEA, con la permanente ruptura de relaciones con Cuba y con algunas otras formas de aceptación de una hegemonía de Estados Unidos. La vocación del PRD es la de convertirse en su país en algo parecido. a lo que representa el PRI en México, maquinaria perfecta que se genera a sí misma y se sucede a sí misma. Un ejemplo que admiran no sólo los países americanos, sino muchos.. europeos.

Dentro del contexto dramático de la política latinoamericana, la elección de Salvador Jorge Blanco es un hecho moderada y relativamente positivo, pero positivo al fin. Si los residuos militaristas no lo invalidan con una acción insensata.

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