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viernes, 7 de mayo de 1982
Tribuna:TRIBUNA LIBRE

Empresas que producen cáncer

El 40% de las enfermedades cancerígenas se deben al medio laboral, según estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y cada año salen al mercado 10.000 nuevos productos químicos de los que se desconocen muchas veces sus efectos. Los autores de este artículo analizan la situación en España y critican la legislación vigente en la materia como "arcaica, ambigua y mercantilista".

Según la OMS, el 80% de las enfermedades cancerígenas tienen un origen ambiental, de las que el 40% se deben al medio laboral. La misma fuente nos dice que más de cuatro millones de sustancias inundan el medio ambiente, provocando envenenamientos a más de medio millón de personas. Cada año salen al mercado cerca de 10.000 nuevos productos químicos, de los que en su casi totalidad se desconocen los efectos que producen en el medio ambiente y en las personas. La propia OIT tiene identificados cuarenta agentes cancerígenos en el medio ambiente laboral.De España se ha dicho en repetidas ocasiones que es el paraíso de las multinacionales de la industria químico-farmacéutica, pues permite la instalación en su territorio de firmas que han sido prohibidas en países con legislaciones más estrictas. Ahí están los ejemplos de Tarragona, Puertollano, Huelva, Avilés, etcétera.

Según datos de la Federación Empresarial de la Industria Química Española (Feique), el número total de instalaciones que producen cancerígenos químicos en España es de 76, concentrándose fundamentalmente en Cataluña (27 instalaciones), el País Vasco (14), Asturias (15), Santander (9), etcétera, alcanzando una producción total en 1979 de 1.251.663 toneladas de dichos compuestos cancerígenos.

A esto habría que añadir las importaciones, los usos, población laboral expuesta, población afectada, mapa epidemiológico, etcétera, trabajo que esperamos realice el mencionado Instituto Nacional de Oncología.

Veamos algunos otros ejemplos que ilustran esa relación cáncer-trabajo. En Italia, en la reparación de ferrocarriles estatales de la provincia de Peruggia, más de la mitad de los trabajadores muertos durante el trabajo o poco después de jubilarse (31 sobre 50) han tenido como causa de su fallecimiento, el cáncer, provocado, según datos oficiales, por productos nocivos que utilizaban en el puesto de trabajo.

Según la OSHA (Occupational Safety and Health Administration), del Departamento de Trabajo de EE UU, "2500 productos potencialmente cancerígenos se usan en la industria americana. De las 400.000 personas que mueren al año en EE UU de cáncer, un 40% se debe a sustancias usadas en la industria. Y hay que tener en cuenta que de gran parte de los tumores cancerígenos se desconocen sus causas".

De los datos expuestos, y de otros muchos que omitimos para no cansarles, se pueden sacar algunas consideraciones:

- El fenómeno del cáncer no se puede entender sin hacer referencia al mundo de la producción.

- La población más afectada es la clase obrera y sus familias.

- El cáncer no se distribuye al azar. No todas las personas tienen las mismas posibilidades de contraer cáncer. Estudios realizados en Baltimore (EE UU) demuestran que en los núcleos de población que rodean los cinturones industriales se daba una tasa muy superior al resto de la población. Está claro qué clase social vive en las zonas industriales.

- Los riesgos para la Salud existentes en los centros de trabajo salen al exterior, afectando a grandes colectivos de población bien como contaminación ambiental, bien como parte de la unidad de consumo.

- No existe ningún inventario exhaustivo de sustancias tóxicas, lo que deja a la sola experiencia humana el cuidado de probarlas.

- España, junto con Brasil, Chile,Taiwan, Corea del Sur y otros, forma parte de los países con los que la Administración norteamericana tiene establecido un "régimen de importación preferencial", que premia a las naciones que acogen a filiales estadounidenses, con el único criterio de crear puestos de trabajo, sin pensar en el coste humano y deterioro del medio ambiente.

Legislación arcaica, ambigua y mercantilista

Esta situación se ve agravada por una carencia absoluta de programas preventivos de salud en el medio industrial. La salud laboral no forma parte de la salud pública. La medicina del trabajo es competencia exclusiva del empresario, no de un sistema de salud. Al médico que ejerce su profesión en este medio se le denomina legalmente "médico de empresa" y no médico del trabajo o de los trabajadores. Se puede pensar que su función es la de conservar la salud de las máquinas y la del empresario.

Decimos que nuestra legislación es arcaica y decimos poco. La normativa que regula la medicina en la empresa data de 1959. Por otra parte, el Reglamento de Actividades Molestas, Nocivas, Insalubres y Peligrosas es de 1961. Los avances de la medicina, de la ciencia y de la técnica habidos en los últimos veinte años son ignorados en nuestro país. Y esto tiene una im portancia decisiva, ya que si en un centro de trabajo en que se manipule amianto (producto cancerígeno) se aplica la norma española, los trabajadores tendrían que soportar unas concentraciones de 175 millones de partículas por metro cúbico de aire para que su puesto de trabajo fuese considerado tóxico, mientras que en la CEE la norma establece dos fibras/centímetro cúbico.

A su vez, esta legislación viene regida por un criterio mercantilista y monetarista de la salud, basado en el principio de que el riesgo es inevitable, sólo compensable, o de que el que contamina paga, lo que no es más que un invento del que contamina para no pagar.

Nuestro criterio es que hay que conseguir legislaciones donde la prevención primaria sea garantizada por leyes o normas que la pongan en práctica, que prohíban la importación de cancerígenos y se controle los ya existentes. Es necesaria una unificación de criterios a nivel internacional, ya que se da la paradoja de prohibición de sustancias cancerígenas en legislaciones de determinados países totalmente permisibles en otros, y viceversa. No nos podemos contentar con legislaciones que se limitan a la compensación económica de los cánceres laborales, como única medida.

Como ejemplo de lo dicho anteriormente, cabe citar, entre otros, el de la firma Arsaco, en Estados Unidos, dedicada a la producción de arsénico (productor de cáncer de pulmón). Esta fábrica prefiere cerrar antes que desembolsar los quince millones de dólares que le cuestan las normas antipolución y trasladarla a América Latina, donde incluso le cuesta ocho céntimos lo que en Estados Unidos le costaba ocho pesetas. Igualmente ocurre con el mercurio: de 109 minas en 1976, hoy día no quedan abiertas más que cuatro. Es más fácil y barato importarlo de España, Italia, Argelia, etcétera. Las fábricas de amianto, prohibidas en Estados Unidos, las han trasladado a la frontera de México. Los ejemplos son numerosos. Estados Unidos convierte a una serie de países, entre ellos España, en el vertedero y cloaca de sus desechos. Ante una legislación cada vez más restrictiva en EE UU, el capital industrial ha encontrado una manera de seguir aumentando sus beneficios sin necesidad de invertir en cambios tecnológicos ni preventivos: instalarse en las provincias que el imperio tiene por todo el mundo, quienes le agradecerán tanta generosidad.

El capital internacional no descansa, y rebate los resultados de las investiggaciones negando la posible peligrosidad de sus productos, acusando al trabajador de ser demasiado sensible, utilizando investigaciones que carecen de rigor específico, aunque cuente con el apoyo de parte del estamento médico.

En el siglo pasado, cuando un obrero escupía sangre se decía que en su familia eran débiles de pecho; hoy, la Dupont (petroquímica que se ha instalado en Tarragona) afirma que los negros suelen tener una deficiencia de enzimas que produce anemia y les hace más vulnerables. La American Cyrramid exigía a sus empleados que se esterilizasen si querían trabajar con sustancias nocivas. Otras empresas contratan ancianos para tareas susceptibles de producir cáncer. Argumentos múltiples, con un componente fuertemente ideológico, donde la víctima pasa a ser culpable, ya que no se ducha, bebe, fuma, tiene alteraciones genéticas y raciales...

Asociación científicamente demostrada

Dice Lorenzo Tomatis (director del departamento cancerígeno,del IARC): "Una vez obtenidos los datos que demuestran la cancerogenicidad de una sustancia, esto automáticamente habría de significar un descenso de la producción. Pero si vamos a mirar la lista de las sustancias químicas de mayor producción en el mundo, la denominada lista de los top chemicals, vemos que de 1978 a 1979 ha habido un aumento de la producción para las cincuenta principales sustancias". Está, pues, más que demostrada científicamente la asociación entre cáncer y trabajo.

Es mucho lo que se sabe y poco lo que se hace. Es hora ya de conjuntar los conocimientos científicos con una legislación adecuada. Basta ya de silenciar una realidad y socialicemos los conocimientos, requisito para una participación popular en el cambio de esta situación.

Fernando Monescillo Pinna y Angel Carlos Carcoba Alonso son miembros del Gabinete de Salud Laboral de CC OO de Madrid.

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