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viernes, 31 de julio de 1981

La amplitud de la victoria de Reagan en el Congreso sorprende a los propios norteamericanos

  • El presidente de Estados Unidos, eufórico con su programa tributario

Los diarios norteamericanos titulan unánimemente a toda plana con la impresionante victoria lograda por el presidente Ronald Reagan, tras el voto del Congreso sobre el programa de reducción de impuestos propuesto por el equipo económico de Reagan. «No es una victoria política de un partido, ni de un grupo de americanos», dijo Reagan. «Es la victoria de todos los americanos en el camino hacia la recuperación de la grandeza de nuestro país», añadió el presidente, satisfecho del triunfo de sus tesis.

Sorprende el margen de votos obtenido por Reagan en la Cámara de Representantes, con mayoría demócrata. Cuarenta y ocho miembros demócratas se pasaron a las filas de los 190 republicanos, en el momento de decir sí al plan de reducción de impuestos del 25% en 33 meses, propuesto por la Administración republicana.De nada sirvieron las acusaciones políticas del líder de la mayoría demócrata, el congresista Thomas O'Neill, que consideró que Reagan «juega con el futuro de la economía norteamericana». Al final, 238 votos, republicanos y demócratas, dieron la razón a Reagan, contra sólo 195 oponentes.

En el Senado, donde los republicanos controlan la mayoría, el resultado fue de 89 a favor, contra sólo once votos negativos.

Reagan está en el momento más fuerte desde su llegada a la Casa Blanca

La reducción de impuestos forma parte del programa de reactivación económica de Estados Unidos, que se acompaña de una política presupuestaria austera, con reducciones en todos los sectores del gasto público, con excepción de la defensa.De acuerdo con las líneas tradicionales del liberalismo económico de Milton Friedman, el equipo de nuevos economistas de la Administración Reagan dio luz verde al activo jefe del presupuesto en la Casa Blanca, David Stockman, de 33 años de edad, para que presentara a la opinión pública y al Congreso el plan de reducción del gasto público y disminución de impuestos.

Pero el artífice de la victoria final es, sin duda, el propio presidente Ronald Reagan, político que, tras el voto ampliamente mayoritario del Congreso, se encuentra en el momento más fuerte desde su llegada a la Casa Blanca, el pasado día 20 de enero.

Las críticas de los demócratas al plan de reducción de impuestos fueron desbaratadas por Reagan, con una cinematográfica intervención, el pasado lunes, ante las cámaras de televisión. Con gráficos, cifras y paternalistas argumentos, el astuto presidente y ex actor consiguió convencer a la opinión pública para que se movilizara en pro de sus tesis.

Miles y miles de llamadas telefónicas y telegramas llegaron al Capitolio washingtoniano, sede del Congreso, durante las veinticuatro horas que precedieron al histórico voto. «Es una verdadera oleada», reconoció el propio O'Neill, momentos antes del voto, prediciendo la derrota para los demócratas.

Reagan confirmó su populismo. Confirma también, la perfecta organización política de los republicanos, mostrada ya durante la campaña electoral que le llevó al poder el pasado 4 de noviembre de 1980, capaces de avivar una opinión pública en favor de la Casa Blanca.

Las presiones sobre los representantes demócratas, que en principio controlan la Cámara, fueron del máximo calibre. Altos ejecutivos de multinacionales estadounidenses, como Montsanto, Ford, Chrysler o IBM, reconocieron públicamente que habían llamado a los congresistas de sus respectivos Estados, o aconsejado a sus empleados a hacer lo mismo, en pro de una alineación del máximo de votos al lado del programa republicano.

Un plan basado en la reacción de los ciudadanos

Los estrategas económicos de la Administración Reagan quieren acabar, ante todo, con veinte años de déficit crónico en el presupuesto público. Para lograrlo, hacia 1984, presentaron al Congreso recortes espectaculares en todos los capítulos. Sólo se salvó, con fuerte incremento, la defensa, de cuyo sector, en realidad, depende la rentabilidad de muchas compañías estadounidenses, principalmente de aviación, electrónica y construcción mecánica.Los recortes pueden provocar una reacción popular en el futuro. Sobre todo por la disminución efectiva en ayuda social y rebaja de las pensiones de retiro, excepto si la fórmula teórica del plan logra estimular el conjunto de la economía y generar nuevas fuentes de riqueza.

Para contribuir al ahorro, favorecer la inversión y dorar un poco el mal trago de los recortes presupuestarios, la Administración ofreció paralelamente la reducción de impuestos más importante de la historia moderna de EE UU.

En total, de acuerdo con el programa aceptado por el Congreso, una reducción del 25% en 33 meses, con inicio del 5 % a partir del próximo día 1 de octubre (fecha de inicio del año fiscal en EE UU), otro 10% el 1 de julio de 1982, y el 10% restante, el 1 de julio de 1983. En cálculos teóricos, el programa supondrá, entre particulares y empresas, una devolución del orden de 140.000 millones de dólares al contribuyente en los próximos tres años.

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