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domingo, 7 de junio de 1981
"Cumbre" México-Estados Unidos en Camp David

Limites marítimos, emigración ilegal y Centroamérica, temas del encuentro Reagan-López Portillo

Washington-México 7 JUN 1981

El marco campestre de Camp David, residencia para los fines de semana del presidente de Estados Unidos, relajará, sin duda, la importante entrevista entre el presidente norteamericano, Ronald Reagan, y su colega de México, José López Portillo, que llegará hoy a Washington para una visita oficial de 48 horas.

Seis horas de conversaciones privadas, que con intérpretes por medio se reducen a la mitad, parece muy poco tiempo para que Reagan y López Portillo puedan tratar en profundidad las cuestiones que ambos han prometido abordar. La agenda incluye temas bilaterales tan espinosos como el diferendo sobre límites marítimos, la emigración ilegal mexicana a Estados Unidos y las dificultades en el comercio mutuo. En el orden internacional tratarán sobre el conflicto centroamericano y la cumbre Norte-Sur, que se va a celebrar en Cancún (México) el mes de octubre.Una barbacoa en pleno campo festejará en la noche del próximo lunes la presencia de López Portillo en Camp David, situado a unos sesenta kilómetros al noroeste de Washington. Es probable que Reagan y López Portillo, dos jinetes empedernidos, intercalen la discusión de los problemas políticos con sendos paseos a caballo. López Portillo regaló un hermoso caballo blanco a Reagan durante la primera entrevista, celebrada hace cinco meses, entre ambos estadistas.

La nueva estrategia política de la Administración Reagan para la zona del Caribe será objeto de debate a alto nivel político con López Portillo. México y Venezuela suponen los dos aliados imprescindibles para Estados Unidos en toda solución para la zona de Centroamérica, a pesar de las claras diferencias entre México y Washington en el caso de El Salvador, por citar un ejemplo.

Dos posturas enfrentadas sobre El Salvador

En torno a Centroamérica es evidente que los puntos de vista de los dos políticos son radicalmente diferentes. Reagan opina que los conflictos existentes son producto de «la agitación comunista manejada desde el exterior». Su ayuda militar no sería sino una operación de defensa de los Gobiernos legítimos. López Portillo, en cambio, entiende que en el origen no hay sino una situación de injusticia secular que los propios centroamericanos deben resolver sin intromisiones ajenas. Decidido partidario de la negociación en El Salvador, no es probable que López Portillo pueda convencer de ello al presidente vecino.El capítulo de intercambios comerciales incluye las ventas de petróleo, el convenio pesquero y, en general, la queja mexicana de que, Estados Unidos está endureciendo su política arancelaria. México figura actualmente entre los cuatro primeros compradores de Estados Unidos, mientras que su cartera de ventas se reduciría cada mes a no ser por el petróleo y el gas natural, que representan dos terceras partes de las exportaciones.

La balanza conmercial presenta un saldo negativo para México de 2.687 millones de dólares. El Gobierno estadounidense no pondría reparos a invertir esta situación, siempre que fuera a base de aumentar los suministros petroleros de México. Pero el plan energético mexicano establece taxativamente que no se venderá a ningún país más de la mitad de los crudos exportados. En la actualidad, Estados Unidos recibe más de 700.000 barriles diarios sobre unas exportaciones totales de 1,5 millones.

Durante la etapa de Carter se llegó a manejar la posible expulsión masiva de indocumentados si México no accedía a aumentar sus ventas de petróleo. No parece que este chantaje pueda ser resucitado ahora. La Administración Reagan propone un programa de cartas de trabajo temporales para regular este flujo migratorio, imposible de detener ante las dificultades que supone controlar los casi 3.000 kilómetros de frontera común entre Estados Unidos y México.

«Estados Unidos no cerrrará sus fronteras con México», declaró recientemente Ronald Reagan en una entrevista televisada. «Se trata de un país amigo que tiene una tasa de desocupación muy fuerte, por eso debe existir una válvula de seguridad que actualmente llamamos inmigración ilegal».

Yacimientos estratégicos en el mar

El diferendo sobre las fronteras marítimas ha sido objeto de una intensa campaña periodística, probablemente agitada desde el Gobierno mexicano. La opinión pública de este país está preparada para no aceptar otro arreglo que no sea la ratificación estadounidense del tratado que los dos ministros de Exteriores firmaron en mayo de 1979.Detrás de las reticencias del Senado norteamericano se esconden razones económicas: la existencia probable de 9.000 millones de barriles de petróleo en la zona marítima que el tratado adjudica a México, junto con importantes yacimientos de minerales estratégicos. México prefiere que el tema quede en punto muerto antes que renunciar a sus doscientas millas marinas, que está dispuesto a vigilar con una marina en fase urgente de modernización.

La política petrolera de México, con sus 2,7 millones de barriles diarios de producción en el golfo de México, será examinada dentro el contexto general, de la congelación de precios patrocinada por Arabia Saudí en la última reunión de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), hecho de significativa influencia sobre la recuperación de la economía de Estados Unidos, de la que depende, en definitiva, la supervivencia a largo plazo de la Administración Reagan.

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