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viernes, 28 de noviembre de 1980
Tribuna:TRIBUNA LIBRE

Bienvenida a la izquierda socialista

Las actitudes doctrinales y, sobre todo, políticas de un núcleo de representantes socialistas, cuyo desacuerdoe con la ejecutiva federal y, en general, con el aparato del partido ha sido más que ostensible en los últimos tiempos, han venido paliando la peligrosa atonía política del PSOE y su propensión, entre oligárquica y mecánica, al juego socialdemócrata de colaboración con la derecha. Después del desorganizado e inaprovechado estallido del 28 congreso y de la mejor preparación política, pero con reiteración de las deficiencias organizativas del congreso extraordinario (donde sus tesis fueron teóricamente asumidas y sus cuadros políticamente arrasados), la izquierda socialista produjo poco más que chasquidos en los últimos aconteceres del partido, y sus esporádicas actuaciones -duramente calificadas en la cúspide- han cumplido una función de tábano censorial más que de verdadera alternativa política y estratégica a la actual dirección.La falta de cohesión entre personas y grupos, la ausencia de una mínima comunicación entre las diversas oposiciones, el maniqueo entendimiento de la disciplina interna del partido -que convierte en buenas para el PSOE cuales quiera declaraciones públicas de los miembros del aparato y en malas las de los disidentes, a no ser que acepten su arrojamiento en el gueto de los boletines internos, la absoluta carencia de representación proporcional en los órganos de dirección y la, hasta ahora, manifiesta incapacidad de organización -que ha facilitado las maniobras de cercenamiento y las consignas de represión- han sido factores que abonaban la conversión en testimonialista de todo núcleo o sector crítico del partido. Sin distinción de adscripciones sectoriales, los socialistas debemos saludar con respeto y esperanza la aglutinación en una sola corriente de todos los compañeros que se proclaman miembros de la izquierda del PSOE. Estoy convencido de que tal aglutinación aleja sustancialmente el fantasma de la escisión y del fraccionalismo -más cercano, hasta la fecha, de lo que se piensa- y propicia, o debe propiciar, un diálogo crítico más abierto y profundo entre todos los sectores de opinión del PSOE. Los compañeros que han decidido constituir esta corriente han optado por la dificultad y la generosidad, por la lucidez y el coraje de luchar unidos desde dentro, venciendo cualquier tentación inhibicionista, automarginadora, fatalista o escisionista. Piensan -pensamos- que la dirección del partido, donde se encuentran excelente compañeros de cuya capacidad y buena fe no cabe dudar, están dando muestras de claudicación doctrinal y política ante los problemas cruciales de la actualidad; que los interpreta y afronta desde perspectivas difícilmente encajables en una óptica socialista mínimamente exigente; que, casi exclusivamente ceñida a la acción parlamentaria, la está desarrollando en forma desfallecientemente técnica y pactista; que está realizando una praxis limitativa y formalista de la democracia interna del partido; que son muy graves los síntomas de su progresiva socialdemocratización, hasta el punto de ir Convirtiendo el programa máximo y la resolución política aprobada en el último congreso federal en muy poco más que fachadas retóricas sazonadoras de una praxis política y estratégica contradictoria con los postulados de aquéllos.

Nace sin dogmatismo

Estoy seguro de que la izquierda socialista nace, como todo movimiento auténticamente critico e innovador, sin dogmatismo alguno y, por supuesto, sin planteamientos meramente negativistas. Ninguno de sus miembros niega legitimidad dentro del partido a los sectores socialdemócratas o social-liberales, que en parte lo integran, ni está dispuesto al sucio navajeo -desgraciadamente frecuente- de las descalificaciones personales o de las agresiones cuando faltan o no se utilizan argumentos políticos mínimamente objetivos. La corrupción de la lucha política a través de estos juegos subterráneos es uno de los índices más elocuentes de la degeneración del sentido crítico y del debate creador, y es, al mismo tiempo, una de las causas inmediatas de la peyorativa consideración popular de la política y de los políticos. Entre compañeros socialistas -que pretenden nada menos que cambiar la sociedad desde sus propias raíces- no caben esas reyertas navajeras, no deben tener cabida.

La realidad de la crisis

La izquierda socialista nace como corriente dentro del PSOE cuando alarmas de muchos tipos -incluidas las interesadas- se ciernen sobre nuestro sistema democrático, parido en el centro de todas las crisis y permanentemente en crisis él mismo. Pero en las crisis ocurre -como se dice en el Enrique IV, de Shakespeare- que no se sabe qué es más peligroso: si despertar al lobo o seguir oliendo al zorro. Hay muchos zorros reales que reclaman la presencia de lobos fingidos (o fingidamente dormidos) y, sobre todo, hay manadas de dolientes reses inmóviles preparadas para las emergencias, de la crisis. Creo que los socialistas de todas las tendencias deberíamos saber distinguir la realidad de la crisis de los inventos sobre la crisis, esos inventos que -en medio del entrechocar de espadas ante los micrófonos- están logrando, en mayor medida que la propia realidad, enervar los impulsos de autentificación y ahondamiento de nuestra democracia, a la que flaco servicio se hace con la desvirtuación de sus mejores y más genuinas sustancias doctrinales y políticas.

Sería lamentable que los socialistas entráramos en ese proceso donde, en palabras de Savater, «la crisis se hace perpetua para permitir sin sobresaltos el providencialismo conservador y servir permanentemente de coartada a cualquier fracaso, a cualquier medida de coacción o a cualquier perversión del ideal propuesto». Lamentable sería también que, en medio de la hondura real de los problemas, agravados por la inútil gestión de un Gobierno balbuciente e invertebrado, se iniciará una discusión divina entre los socialistas, indagando hipotensas metafísicas sobre el sexo de la ideología. Entonces sí cabría hablar de revolucionarios de café, no por oponerse a la coalicionitis de otros. Entre el revolucionario de café y el no revolucionario media muy poca distancia: la retórica.

Bienvenida sea la izquierda socialista.

Joaquín Navarro Estevan es diputado del PSOE por Almería.

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