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Entrega de los premios de la Crítica en la Noche de las Letras Gallegas

Todas las ciudades de Galicia y un buen número de villas e incluso pequeños pueblos celebraron el Día de las Letras Gallegas, instituido desde 1963, en conmemoración del aniversario de la publicación del libro Cantares Gallegos, de Rosalía de Castro. La realidad de los hechos registrados el pasado fin de semana demuestra que el 17 de mayo tiene ya verdadera naturaleza de hecho fundamental en la cultura viva de la actual Galicia.

Entre todas las celebraciones, destaca de manera muy oficial la concesión de los premios de la crítica, que ha sido instituida, desde hace tres años, en Vigo, por el Centro Orensano. Este acontecimiento ofrece ya la particularidad de poseer características que trascendieron ampliamente las dimensiones locales e incluso, a partir de este año, los gallegos, con una expansión de influencia notable hacia la hermana cultura de Portugal, algunos de cuyos intelectuales estuvieron presentes en Vigo y patentizaron los anhelos de relación cultural entre ambas orillas del Miño. Así lo hicieron ver, por ejemplo, en sus discursos Santos Sioes y Manuel Fernández, con palabras que calaron hondo en la sensibilidad de las élites culturales que se juntaron a cenar en el hotel Samil, de Vigo.La «noche de las letras gallegas», en cierta manera remedo de las grandes cenas literario-editoriales que se celebran en otras latitudes de la Península o de Europa, presenta en Galicia todavía la frescura de las cosas que, aún siendo típicas y ciertamente mundanas, sirven a un objetivo superior, como es el de dinamizar la cultura de un pueblo marginado, animando, a la vez, la conciencia general de una sociedad que anda empeñada en la recuperación integral de su auténtica personalidad.

Se comprende la indignación de los organizadores ante el corte de mangas que les dio el Ministerio de Cultura, prometiendo, primero, todo género de ayudas económicas y olvidándose a última hora el señor De la Cierva y su delegado provincial en Pontevedra de que los premios de la crítica gallegos merecerían muy bien que se les ayudase. Bleito Ledo declaro; esta opinión a EL PAÍS con palabras muy críticas. «No entiendo», dijo, «cómo González Martín, delegado provincial, y su ministro, De la Cierva, pudieron tomarnos el pelo y burlarse así de la cultura gallega, diciéndonos primero el ministro, personalmente, por ejemplo, que se iba a contar con nosotros, y luego dejándonos en la estacada, cuando se están subvencionando por ahí otras cosas que no tienen más importancia que las de que ellos hagan sus interesadas relaciones de partido. No podemos comprender que se utilicen los cargos oficiales y el dinero de todos para intentar llevar a la gente al huerto de UCD, mientras se desprecian iniciativas como la que nosotros promovemos, sin más ayuda que una pequeña subvención de la Caja de Ahorros de Vigo».

El escritor Carlos Casares levantó merecidamente la estatuilla cerámica del premio a la mejo creación literaria por su libro os escuros soños de Clio. El profesor compostelano Xose A. López Taboada, el premio de investigación por su obra Economía e poboación en Galicia. El pintor Laxeiro, que precisamente se recupera durante estos días de una grave dolencia que sufrió inesperadamente, fue designado premio de la crítica por el jurado de ciencias y artes de la representación. El colectivo de autores del libro Maside, un pintor pra unha terra, premio de ensayo; las Juventudes Musicales de Vigo premio de la música, y el colectivo sociopedagógico Escota Averta premio a la iniciativa cultural.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 20 de mayo de 1980