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jueves, 22 de noviembre de 1979

El padre Arrupe llama al orden a los jesuitas

  • Carta del superior de la Compañía a los provinciales de todo el mundo

El superior general de los jesuitas, Pedro Arrupe, acaba de enviar una carta reservada a todos los superiores mayores de la orden, como respuesta al duro discurso de Juan Pablo II a la Compañía, del 21 de septiembre pasado, en el cual el Papa les había dicho que estaba muy preocupado por ciertas actitudes de los jesuitas que «desconcertaban al pueblo de Dios».

En esta carta, escrita con la delicadeza clásica de Arrupe, se afirma sin falsos pudores que, puesto que han sido los tres últimos papas (Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II) quienes han llamado la atención a los jesuítas, poniéndoles de manifiesto una serie de «deficiencias», esa «triple llamada no da lugar a dudas: es Dios mismo quien en su amor, pero también con insistencia, espera de nosotros algo mejor».Según Arrupe, el hecho de que los últimos papas hayan tenido que amonestar a la Compañía de Jesús «demuestra, sin duda alguna, que, aunque hemos reconocido nuestros errores y nos hemos esforzado sinceramente en corregirlos, se ve que no hemos sido capaces de conseguirlo en la medida y en la eficacia deseadas». Había sido él mismo Arrupe, quien había pedido al papa Wojtyla que recibiera a todos los superiores mayores de la orden en audiencia privada, para que «les indicara qué esperaba de la Compañía y cuáles eran los sentimientos que alimentaba hacia ella». De hecho, se afirma en la carta, el Papa «ha confirmado su benevolencia hacia la Compañía», una benevolencia que, según el Papa, «nos hemos merecido a lo largo de los siglos por el fervor de nuestra vida religiosa y nuestro celo apostólico». Y recuerda que Juan Pablo II, en ese discurso que fue presentado sólo como de crítica a los jesuitas, reconoció «el valor ejemplar, el celo apostólico, la fidelidad sincera e incondicional al soberano pontífice» de la Compañía de Jesús.

Pero junto con este reconocimiento, dice Arrupe a los superiores mayores, el Papa ha puesto en guardia a los jesuitas «manifestándonos sus preocupaciones » sobre algunos puntos bien concretos: tendencias secularizadoras, austeridad y disciplina de la vida comunitaria y religiosa, fidelidad al magisterio en materias de doctrina, carácter sacerdotal de nuestro trabajo apostólico y formación de los jóvenes jesuitas.

El superior de la Compañía afirma en la carta: «Debemos acoger las palabras del vicario de Cristo con espíritu de sincera humildad y de gratitud por el espíritu paternal que manifiesta en relación a la Compañía y por el aliento que nos da para mejorar nuestra vida religiosa y apostólica.» Afirma Arrupe que no piensa descargar sobre los demás su grave responsabilidad como superior general. Por eso, él responderá en primera persona «a los deseos del Santo Padre». Pero añade que esta responsabilidad tiene que repartirse al mismo tiempo entre todos los superiores provinciales, responsables también de la vida de la Compañía; es decir, que ellos son también responsables de las críticas hechas por el Papa.

Y les da, para poder poner remedio a ellas, una serie de normas. Deberán, por ejemplo, examinar, en qué medida «dejan desear la austeridad de vida y la disciplina interior y exterior en las comunidades». O bien, «si se advierten tendencias secularizadoras, como ausencia de vida comunitaria, independencia de los superiores o relaciones llenas de ambigüedad con otras personas». Otro punto que deberán examinar es si los jesuitas «ejercen ciertas actividades que no tienen nada que ver con el carácter sacerdotal, que debe ser el sello de todas nuestras actividades ».

Los superiores deberán comunicar a primeros del año próximo toda la información recibida sobre estos puntos.

Arrupe añade que «los superiores locales deben vigilar que todos los jesuitas de sus comunidades ordenen sus aptitudes, sus palabras y sus acciones en conformidad con los deseos del Santo Padre». Afirma que conoce muy bien «la complejidad de los problemas, el carácter delicado de las cuestiones personales, las dificultades de las situaciones nuevas, ambiguas y conflictivas ». Y añade: «Soy un testigo privilegiado de vuestra ilimitada buena voluntad y de la pureza de intención que os guía. Pero si esto es cierto», afirma Arrupe, «también lo es que ya no podemos esperar más. Sería injusto olvidarse de los resultados positivos que la Compañía ha obtenido en numerosos terrenos, pero al mismo tiempo, examinando objetivamente las recomendaciones que nos han hecho los pontífices romanos, debemos aceptar que lo hasta aquí realizado no es aún suficiente».

La carta, escrita en francés, está firmada en Roma el 19 de noviembre, «fiesta de los mártires canadienses».

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