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viernes, 20 de julio de 1979

La Junta de Reconstrucción Nacional gobierna en Nicaragua desde ayer

  • El efímero Francisco Urcuyo huyó a Guatemala el miércoles por la noche

La Junta de Reconstrucción Nacional y el Gabinete designado por ella gobierna desde ayer en Nicaragua. El último obstáculo para la llegada a Managua de los que se consideran legítimos representantes de este país, el pintoresco Francisco Urcuyo, desapareció con su precipitada salida de Nicaragua hacia Guatemala, producida en la tardé del miércoles. En las primeras horas de ayer, soldados desconcertados y temerosos corrían con sus armas hacia los centros de refugio, en embajadas, hospitales e iglesias, declarados neutrales por la Cruz Roja Internacional.

En lo que durante meses fuera oficina de Anastasio Somoza y, por unas horas, residencia de su sucesor, Francisco Urcuyo, la desolación era estremecedora. Los periodistas pudimos recorrer las habitaciones del dictador. Mapas militares, documentos de todo tipo, restos de una comida apresurada, componían el paisaje del bunker.

En las cercanías, dos tanquetas abandonadas, vehículos militares dejados de cualquier modo, en medio de la calle, y un silencio que ensordece. De vez en cuando se escuchan algunos disparos. No son enfrentamientos, sino soldados que disparan sus armas antes de ingresar a los lugares de refugio. Los guardistas inquieren a los periodistas: «¿Qué hacemos? Nos van a matar. Nos dijeron que los americanos nos iban a ayudar. »

En las primeras horas de la mañana de ayer, columnas sandinistas fuertemente armadas se aproximaron a la capital para controlar cuanto antes la situación, sobre todo para evitar un derramamiento de sangre mayor. Los comandantes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) se hicieron inmediatamente cargo de las instalaciones militares abandonadas e impartieron órdenes a las milicias populares que han tomado los barrios. A media mañana, las tropas sandinistas habían llegado ya al bunker de Somoza.

No se ha producido una rendición formal de la Guardia Nacional. Hasta últimas horas de la tarde (hora de Madrid), los mandos de ésta huyeron, simplemente, dejando abandonados a su suerte a los soldados. El jefe director de la Guardia por unas horas, general Francisco Mejía, y todo su estado mayor abandonaron Nicaragua en la noche del miércoles. Siguió los pasos de Francisco Urcuyo, que tampoco renunció, como lo exigía su deber constitucional. Se fue casi sin despedirse.

El coronel Fulgencio Largaespada, que se hizo cargo de la jefatura del Estado Mayor de la Guardia Nacional tras la huida de Mejía y sus colaboradores, ha hecho un llamamiento a través de la radio para que cese el fuego y se rindan todos los soldados que aún no lo han hecho a los combatientes sandinistas.

Se han producido algunos, escasos, episodios de saqueo. La actitud general de los sandinistas es amable, cortés, cordial. No ha habido, hasta ahora, venganzas ni odios.

Comenzó a conocerse que la situación había pasado a estar controlada por los nuevos gobernantes cuando Radio Nacional de Nicaragua difundió un mensaje del arzobispo de Managua, monseñor Ovando y Bravo, recién llegado a la capital. A través de las ondas, que apenas unas horas antes insultaban y anatematizaban al «comandante Miguel», el prelado exhortó a la población a mantener la calma y a contribuir a la tarea de reconstrucción. Otra emisora, Radio X, propiedad de Anastasio Somoza, comenzó a difundir, pasadas las nueve de la noche, consignas del FSLN y canciones de protesta, que hacía años no se escuchaban en Nicaragua.

La Junta de Reconstrucción Nacional, cuyo traslado a Managua desde la ciudad de León está previsto para las próximas horas, hizo un llamamiento a los combatientes del Frente para que «sean generosos en la victoria, como fueron implacables en los combates». Existe la convicción de que los integrantes del nuevo Gobierno van a hacer toda clase de esfuerzos para que la nueva situación se consolide en este país con la menor violencia posible.

Los primeros actos oficiales del nuevo Gobierno serán la derogación de la Constitución, la disolución de las Cámaras legislativas y la implantación de un estatuto, por el que se regirán durante los primeros días los destinos de la nueva Nicaragua. El poder ejecutivo será ejercicio por la Junta de Reconstrucción Nacional, auxiliada por el Gobierno y un Consejo de Estado, compuesto por treinta personalidades de distintas tendencias políticas. Será nombrada igualmente una Corte Suprema de Justicia, que ejercerá en el país el poder judicial.

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