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Crítica:

Entre lo policíaco y lo erótico

A principios de los años cincuenta se publican en Francia las primeras novelas de Michel Butor, Margueritte Duras, Alain Robbe-Grillet, Nathalie Sarraute y Claude Simon. La enumeración de unas acciones mínimas y muy concretas, que en los casos extremos significan la desaparición del narrador como tal, y centrarse en la descripción de objetos y personas, situada al margen de lo que se denomina material literario, es la característica común de este heterogéneo grupo de escritores. La crítica francesa, con su habilidad para este tipo de fenómenos, principalmente cuando son propios, ve en el grupo un movimiento con unas especiales peculiaridades, le bautiza con el nombre de «Nouveau Roman» y lo lanza al controvertido campo de la cultura internacional.A través de la entonces recién creada colección «Biblioteca Breve», de la Editorial Seix-Barral, el grupo tiene una inmediata presencia dentro del enrarecido e inexistente campo editorial español de la época. Es especialmente curioso que la obra de Robbe-Grillet, uno de los autores más discutidos y difíciles del grupo, aparece con regularidad en castellano, al principio en unas espléndidas traducciones de Joan Petit, a pesar de la mínima o nula. aceptación de que es objeto por parte de críticos y lectores, hasta la actualidad, en que se encuentra en castellano toda su obra literaria, a excepción de su última y primera novelas recientemente aparecidas en Francia.

Alain Robbe-Grillet

Topología de una ciudad fantasma Cupsa editorial. Madrid, 1978.

Trayectoria bibliográfica

La trayectoria de Alain Robbe-Grillet desde La doble muerte del profesor Dupont -título castellano de Les gommes con el que su editor quiso comercializarla y subrayar su lado policíaco- hasta Topología de una ciudad fantasma (1976) es muy atractiva. La minuciosa descripción de personas, objetos y acciones por parte de un inaccesible narrador le lleva a crear un mundo concreto, pero irreal, en el que sus indefinibles personajes están atrapados y lo desarrolla en Les gommes (1953), El mirón (1955), La celosía (1957) y En el laberinto (1959). Estas obras suponen una clara influencia cinematográfica y es fácil ver en ellas una base de elementos típicos de las novelas policíacas de intriga.Tal vez por ello, Alain Resnais, en plena búsqueda de un cine literario, le llama para escribir El año pasado en Marienbad (1961), perfecta transposición de su mundo literario, que supone un corte en la carrera de Robbe-Grillet. Finaliza su plena dedicación literaria, el escribir un libro cada dos años, y empieza la cinematográfica. Dirige L'immortelle (1962), demasiado parecida a la película de Resnais, en la que sus imágenes tienen una falta de vida que convierte el resultado en una simple ilustración de un complejo guión.

Cine-literatura

El fracaso de su primera película, tanto a niveles de crítica como de público, no le hace cesar en su empeño y continúa la mezcla de sus actividades cinematográficas y literarias. El misterioso mundo de sus novelas, que en sus películas encuentra adecuación en exóticos escenarios de Turquía, Checoslovaquia y Túnez, adquiere dimensiones cinematográficas propias en Trans-Europ-Express (1966), L'homme qui ment (1968) y L'Eden et aprés (1970), sus mejores películas, siempre basadas en estructuras de tipo policíaco. Al tiempo que aparece en ellas una personal forma de erotismo, basada en la calidad objetal de los cuerpos femeninos, característica que también irrumpe en su literatura en La casa de citas (1965) y Proyecto para una revolución en Nueva York (1970), sus mejores novelas, hasta el extreme que las traducciones castellanas de estas obras son cortadas por la censura.Robbe-Grillet es uno de los pocos autores que ha logrado desarrollar una obra de forma paralela en literatura y en cine, gracias a que tanto sus novelas como sus películas se apoyan unas en otras. Debido a las dificultades económicas que supone la escasa aceptación de sus trabajos cinematográficos y a un cierto estancamiento creador, sus últimas películas, Deslizamientos progresivos del placer (1973), la única estrenada entre nosotros, y Le jeu avec le feu (1974), son una simple repetición de sus anteriores hallazgos. Algo similar sucede con Topología de una ciudad fantasma, recientemente editada en castellano, en parte por culpa de una traducción insuficiente y también por una especie de cansancio que hace que la irrealidad de ese obsesivo mundo concéntrico, lleno de asesinatos, detectives y mujeres desnudas, descrito por un escurridizo e indefinible narrador, resulte menos atractivo, se limite a ser la repetición de esquemas, técnicas e ideas preexistentes.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Miércoles, 28 de marzo de 1979