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REPORTAJE

La aportación de España a la investigación del magnetismo

Durante esta semana se celebra en Madrid un homenaje a la Real Sociedad de Física y Química, al que asisten numerosos científicos españoles y extranjeros. Salvador Velayos, profesor universitario español recientemente jubilado, es una figura clave de la investigación física mundial. Aunque poco conocido, como buen investigador, fuera de ámbitos especializados, su creación científica es una de las más geniales aportaciones a la investigación en un campo esencial de la física: el magnetismo. Salvador Velayos, continuador de la obra de Blas Cabrera, otro físico que no pudo ser «profeta en su tierra», realizó decisivas aportaciones en el campo del magnetismo, a la vez que una espléndida y continuada labor docente a la que tienen mucho que agradecer numerosas generaciones de científicos españoles. Alfonso García Pérez informa sobre la creación científica de Salvador Velayos, en colaboración con Vicente Mateos, Antonio Hernando, profesor de física, y Antonio F. Rañada, decano de la facultad de Ciencias Físicas de la Universidad Complutense de Madrid.

En el pasado mes de mayo se celebró en Canarias un homenaje a Blas Cabrera, con motivo de cumplirse el centenario de su nacimiento. Homenaje que, como indicaba recientemente, desde estas páginas, Javier Solana, se caracterizó por el escaso apoyo oficial que tuvo. ¿Quién fue científicamente Blas Cabrera? Podemos responder repitiendo las palabras pronunciadas por el premio Nobel francés Louis Neel, desde la cátedra del Paraninfo de la vieja Universidad en la ceremonia de investidura de doctores honoris causa, el 28 de enero pasado: «Blas Cabrera y sus colaboradores, principalmente Velayos, han contribuido decisivamente al conocimiento de las causas íntimas de los fenómenos magnéticos. Su enorme y perseverante labor experimental nos permitió conocer con precisión el diamagnetismo y el paramagnetismo. La teoría de Van VIeck, que reposa sobre los datos obtenidos por la escuela española aclara definitivamente, el problema de los momentos magnéticos atómicos.»Durante algunos años, que caen de lleno en el intervalo denominado Edad de Oro de la Física en el siglo XX, tres famosas escuelas, la de Pierre Weiss en Estrasburgo, la de Blas Cabrera en Madrid y la de Kotaro Honda en Tokio, realizaron la ingente labor de comprobar experimentalmente los resultados teóricos de Langevin y Pierre Weiss. Discípulo de Weiss es el referido Louis Neel, quien continuó, hasta la reciente fecha de su jubilación, la indiscutible trayectoria de vanguardia de su maestro en Estrasburgo. En España, la escuela de Blas Cabrera, dirigida por su discípulo Salvador Velayos, inicialmente en la Universidad de Valladolid y posteriormente en la Universidad Complutense, produce continuamente a un ritmo muy superior al previsible por su dotación de medios y por el ambiente científico general.

Papel de la Junta de Ampliación de Estudios

En 1878 nace en Arrecife de Lanzarote Blas Cabrera. En 1906 es catedrático de Electricidad en la Universidad Central. En los sótanos del edificio de la calle de San Bernardo instala el profesor Cabrera un laboratorio en el que comienza a medir la variación de la resistencia de la manganina con la temperatura. Solicita una beca para trabajar en Zurich con Pierre Weiss: Este le escribe comunicándole la imposibilidad de aceptarle por falta de espacio material. No obstante, antes de recibir esta carta, Cabrera ya ha hecho las maletas y con su mujer y dos hijos ha partido para Zurich.Cuando Weiss le recibe, no tiene otra alternativa que aceptarle en el laboratorio; para ello monta en un pasillo los dispositivos experimentales imprescindibles para comenzar unas medidas magnéticas. Este momento, intrascendente para los que lo vivieron, condicionaría la labor científica de un buen número de españoles que posteriormente dedicarían lo mejor de su esfuerzo y cerebro al estudio del magnetismo.

Mientras tanto, en España, por un real decreto de 11 de enero de 1907, firmado por Alfonso XIII, se crea la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Su presidente es Ramón y Cajal; su secretario, José Castillejo, y entre los vocales figuran nombres como los de Menéndez Pelayo, Menéndez Pidal, Sorolla y Torres Quevedo. Dependiente de la Junta, se crea, en 1910, una Asociación de Laboratorios y un Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales. Este mismo año nace la Residencia de Estudiantes, cuya trascendencia en la vida cultural del país no necesita ser glosada.

En ella viviría Velayos sus años de estudiante en Madrid, adquiriendo los recuerdos imborrables que tantas veces nos referiría. Allí quedó impresionado por la oratoria de Ortega, plena de lucidez y de luminosidad formal, y por la convivencia con sus compañeros García Lorca, Buñuel y Dalí. No sólo los españoles -Machado, Juan Ramón y Cabrera-, entre otros, participaban en las charlas de la Sociedad de Cursos y Conferencias de la Residencia, sino que también los extranjeros como Marie Curie, Einstein, De Broglie, Le Corbussier, Valery, Bergson, Aragon, Claudel y Ravel acudieron a dar charlas y conferencias a la Colina de los Chopos.

Durante los años veinte, Blas Cabrera monta y dirige los Laboratorios de Investigaciones Físicas en los Altos del Hipódromo, orientándolos ya hacia la magnetoquímica, iniciada por él en Zurich. La producción científica de Cabrera abarca el período comprendido entre 19 10 y 1944. La Fundación Rockefeller, atraída por sus trabajos, subvencionó la creación de un nuevo Instituto Nacional de Física y Química contribuyendo con la donación del edificio y la consignación necesaria.

El instituto se inaugura en 1932 con la asistencia de Sommerfeld y Scherrer. En este envidiable ambiente se desarrolla el trabajo de investigación de la escuela de Cabrera. Se determinan experimentalmente las variaciones de la susceptibilidad paramagnética con la temperatura, lo que permite determinar los momentos magnéticos atómicos en los compuestos de tierras raras. En estas medidas colaboran Moles, quien conoció a Cabrera durante su estancia en Zurich y que, posteriormente, sería prestigioso profesor de química; Duperier, autoridad mundial en radiación cósmica; el alemán Hermann Fahlenbrach, que vino a España a realizar su tesis doctoral bajo la dirección de Cabrera; Spurz, hoy catedrático de física en la Universidad de Oviedo; Menéndez y Nicolás Cabrera, hijo de Blas, y que con el paso del tiempo, trabajando en Estados Unidos, contribuiría decisivamente al conocimiento del proceso de crecimiento de cristales.

Pero, sin duda, el principal colaborador de Cabrera fue Velayos, como ha quedado plasmado en la literatura sobre paramagnetismo de la escuela española. Velayos se incorporó al equipo como auxiliar de electricidad en la Universidad, al término de su carrera en 1928. El resultado de las medidas de Cabrera y Velayos se encontraba en buen acuerdo con los valores teóricos de los momentos magnéticos atómicos deducidos por Hund en el marco de la reciente mecánica cuántica. Sin embargo, apareció una discordancia entre experimento y teoría en el caso de dos elementos de tierras raras: el samario y el europio. Van Vieck, en 1932, generalizó la teoría cuántica de las susceptibilidades magnéticas en una obra ya clásica y en la, que se explican las anomalías del samario y europio, al considerar que a la temperatura ambiente existe en estos elementos cierta probabilidad de ocupación de los primeros multipletes excitados. Van Vleck, padre indiscutible de la moderna teoría del magnetismo, como sería reconocido el año pasado por la Academia de Ciencias de Suecia, al otorgarle el Premio Nobel, cita en su obra a Cabrera tantas veces como a Heisenberg o Dirac.

En 1936, Cabrera era rector de la Universidad de Verano de Santander. Tras la rebelión militar volvió a Madrid; abatido por los acontecimientos pasó a Francia y después a México, donde moriría, en el exilio, en 1945.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de octubre de 1978