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viernes, 22 de septiembre de 1978
Reportaje:

Una sociología nueva para unos tiempos nuevos

  • Los cambios de la sociedad española exigen unos planteamientos cada vez más científicos de las relaciones sociales
«A esta etapa constitucionalista española le va a suceder otra sociologista en la que el protagonismo de las ciencias humanas se habrá trasladado del jurista político al profesional de las ciencias sociales. » Puede decirse que este vaticinio, que corresponde a un catedrático de universidad, ya ha comenzado a cumplirse a juzgar por las circunstancias políticas -la Constitución a punto de terminarse- y los cambios sociales que se han operado en el seno de la comunidad española. ¿Con qué recursos críticos, humanos, técnicos y materiales cuenta la sociedad española para analizar la naturaleza y repercusiones de estos cambios? La sociología tiene una respuesta, cuyas claves más significativas intentan reflejar Françoise Sabbah y José F. Beaumont en este informe sobre el estado actual de la sociología española.

«El nivel de desarrollo de la sociología española es muy aceptable; su plantel de sociólogos está a la altura del de cualquier país industrializado y aun por encima de algunos. europeos. En estos momentos estamos asistiendo a la homologación internacional de la sociología española a nivel institucional -hasta ahora se reconocía al sociólogo español a nivel individual- y si no se le había aceptado antes se debe justamente, no a particualarismos, sino a las condiciones impuestas por el franquismo.»Bajo esta proyección sintética, optimista, expuesta por el profesor Salustiano del Campo, decano de la única facultad oficial de Sociología que existe en España, la de la Universidad Complutense de Madrid, se encierra todo un mundo de problemas de asentamiento de las ciencias sociales, de raquitismo en su enseñanza, de autodidactismo, de paro, de asociacionismo incipiente y de la respuesta a las novedades sociales que demanda la sociedad del posfranquismo.

¿Con qué medios humanos y materiales cuenta la sociedad española para analizar los motivos, el desarrollo y el alcance de los últimos cambios? Desde el punto de vista académico existen en España la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid y la facultad de Sociología de la Universidad de los jesuitas de Deusto. En junio pasado, el consejo de rectores aprobó la creación de una facultad de Ciencias Políticas y Sociología adscrita a la Universidad Autónoma de Barcelona. Esta facultad será la segunda oficial que se cree en España. El resto de las enseñanzas de sociología están repartidas por otras facultades (Económicas y Ciencias de la Información), centros oficiales, e incluso en algunas instituciones privadas.

«La facultad de Madrid -dice el profesor Salustino del Campo- es un producto de los sociólogos españoles, pero hay que tener en cuenta que toda la sociología que existe en Europa no es ni está en la facultad. Sería conveniente crear una o dos facultades más para que, entre otras cosas, se produjera un cierto pluralismo sociológico.» Creada en 1972 (en junio pasado acaba de licenciarse la segunda promoción, a razón de trescientos titulados por año), la facultad de Madrid cuenta tan sólo con dieciséis profesores con plaza (seis catedráticos, cuatro agregados, y seis adjuntos, otros tres existen en Barcelona y otros tres en el resto de España). «Mi problema y el dé la facultad -dice el decano- es la falta de buenos puestos para muchos buenos profesores que existen. Muchos de éstos podrían ser numerarios por su trabajo y dedicación, pero no hay plazas para ello. »

Deficiencias en el profesorado

«La facultad -explican miembros directivos de la Asociación Castellana de Sociología- surge no tanto por una necesidad ni petición inmediata de la sociedad española, sino por deseo de unos profesores que querían figurar como catedráticos y se han. proporcionado una vía para catapultarse hacia altos puestos de la Administración.»

«Encontramos graves deficiencias de investigación y profesorado», dicen algunos alumnos de los últimos cursos. « Sólo nos han dado clase PNN ' y gente joven, sin experiencia ni categoría. Por otra parte, la politización ha hecho que durante mucho tiempo no se haya cursado ningún estudio serio.»

Desde la periferia, concretamente desde Barcelona, se ve el problema de otra forma. «La facultad de Sociología se organiza en Madrid, no porque en la capital del Estado haya una particular disposición para las ciencias sociales ni ninguna particular, sino por las necesidades de prestigio y poder de la clase política madrileña y del funcionariato de la Administración central del Estado. »

A la facultad de Políticas se le agrega en el último período (en pleno auge de lo que un sociólogo castizo llamó la «sociología científica moderna» y el desarrollismo) una nutrida sección de sociología que es la única en la que se ha podido cursar hasta la fecha la carrera de sociología en España.» (Amando de Miguel y Juan F. Marsal, profesores de universidad en Barcelona.)

Según estos mismos profesores, en Barcelona, donde hay, por lo menos, actualmente 2.000 alumnos estudiando sociología en varias escuelas no reconocidas oficialmente, existe una demanda considerable de alumnos que desearían cursar ciencias sociales. En una encuesta realizada en la facultad de Ciencias de la Información, el 40% del alumnado manifestó que se había inscrito en esa facultad (donde hay también varias asignaturas sociológicas) por no existir la alternativa de una facultad de Ciencias Sociales o de Ciencias Políticas. Se trata de un alumnado que va a la única facultad nueva de ciencias del hombre en España, aunque su creación fuese un producto distorsionado, política y burocráticamente. «Esté alumnado en una gran proporción no busca la obtención de un título profesional, sino las adquisiciones de saberes que no sean los tradicionales de las universidades españolas.

El problema de la investigación en las facultades de Ciencias Sociales hay que inscribirlo en el marco más general de la carencia de medios y de política de investigación en España. «Padecemos el mismo defecto de todas las universidades españolas», explica Salustino del Campo. «El curso pasado la Universidad Complutense tuvo sólo sesenta millones de pesetas de presupuesto para la investigación. Divida usted esa cifra entre veinte facultades y verá con qué se queda. En nuestro caso, además, nos encontramos con otra dificultad y es que las ciencias sociales han sido la cenicienta de centros e instituciones fuera de la universidad, donde se ha podido hacer investigación.. »

Sobre el problema de la investigación, Amando de Miguel y Juan F. Marsal son pesimistas. «No hay indicio alguno de que en la universidad actual del Estado central, o en la de los futuros estados autonómicos o regionales, ni tampoco en las universidades privadas que se creen al margen de la universidad pública, se vayan a dedicar a la investigación social los recursos de preparación, financieros y de conocimiento que se necesitan para ello.

Para los dos profesores de socio logía de Barcelona tampoco se pueden esperar estímulos desde los partidos políticos, «demasiado dominados por intereses inmediatos para darse cuenta de la importancia de algo de tan largo plazo como la investigación social en la liberación de España, de la asimetría cultural y del colonialismo científico ».

Sin embargo, Luis González Seara, secretario de Estado para Universidades e Investigación, que no cree conveniente que se amplíen las facultades a más de dos, es decir, la de Madrid y la ya aprobada para Barcelona, piensa que los problemas de investigación serán resueltos, en parte, con la asignación que ya se ha hecho para este sector en el anteproyecto de ley de autonomía universitaria.

Sociólogos españoles en el extranjero

Escasez de profesorado, bajo nivel de estudios e imposibilidad de investigar, son, entre otras, las razones, además de las políticas que existieron en su tiempo, por las que nos encontramos con un buen número de sociólogos españoles -uno de cada diez- que han tenido que formarse en el extranjero, principalmente en París (Escuela de Altos Estudios Sociales), Londres, Oxford, Columbia, Yale, Harvard, Princeton, Michigan, Chicago y Berlín (Universidad Libre), según datos expuestos por Jesús M. de Miguel, profesor del Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona, en un libro, próximo a salir, titulado La sociología en España.

Uno de los casos más significativos de las dificultades que encuentran los sociólogos formados en el extranjero para asentarse en España quizá lo constituya el del urbanista Manuel Castell, fundador del Departamento de Sociología Urbana de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, de cuyo centro es profesor, presidente del Comité de Sociología Urbana de la Asociación Internacional de Sociología (ISA) y autor de más de diez libros sobre esta materia. Sus títulos no son reconocidos en España, por lo que no tiene acceso a los altos niveles de la enseñanza de la universidad.

Tampoco les es fácil el trabajo para los de dentro, sobre todo para las recientes promociones de sociólogos salidos de las facultades Según estimaciones de la Asociación Castellana de Sociología existen en estos momentos en España, unos mil sociólogos titulados, de los cuales sólo el 50% viven profesionalmente de la sociología. La otra mitad está en paro. El 90% de esta segunda mitad lo integran sociólogos jóvenes recién salidos de la universidad. En el período 1978-1981 se espera que habrá unos 1.400 sociólogos sin empleo.

Los miembros de la Asociación Castellana de Sociología descubren lo que ellos denominan la situación contradictoria del sociólogo. Por una parte, existe una abundante oferta de sociólogos en paro, que no responden a las necesidades, tal como se plantean actualmente, de la sociedad. Existe, por otra parte, una gran cantidad de necesidades sociales que requieren la presencia de profesionales de sociología, tanto por parte de la empresa privada como por parte de la Administración pública, necesidades que no pueden ser satisfechas por la escasa preparación del sociólogo que sale de las facultades.

Estas y otras razones han hecho surgir diversas asociaciones de sociólogos en la geografía del Estado español, unas más antiguas, como la catalana y la aragonesa, y otras más nuevas, como la castellana y la vasca. Estas cuatro asociaciones han firmado a primeros de septiembre un compromiso formal de constituir en el tiempo más apropiado una federación de asociaciones de sociología.

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