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miércoles, 25 de enero de 1978
Crítica:

La garganta profunda de Linda Lovelace

La garganta de Linda Lovelace, una norteamericana de veintiún años, es tan famosa ya que incluso su libro, donde la describe, nos sobra.Pero esas páginas están ahí, para jolgorio de quienes no han podido ver la película. Con esta narración. mal escrita, reiterativa y sobreabundante, podrían imaginarse los diversos cuadros que integran ese orgasmo perpetuo de la feliz ex colegiala católica.

Todos sabemos que la señorita Lovelace tiene numerosas habilidades sexuales, entre las cuales se halla la del empleo multiforme de sus capacidades bucales. La existencia de la garganta como material erótico la descubrió tardíamente dentro de su precoz evolución sexual. Pero le ha sacado tal partido económico, placentero que incluso confia ahora en que la crónica.cinematográfica de sus habilidades contribuya a cambiar la propia industria filmica.

Dentro

Linda Lovelace. Cupsa Editorial Madrid, 1977.

Su optimismo es candoroso. Garganta profunda -Deep throat: ése era el título del filme que da ahora origen a este libro- habrá cambiado tanto la historia del cine como Dentro habrá revolucionado el mundo de la literatura.

Para mayor desgracia, de Linda Lovelace, el libro acaba siendo tan puritano como lo sería el de los seres a quienes ella pide disculpas en el caso improbable de que los haya ofendido.

Su profundo fallo ha radicado en la necesidad que ha sentido de introducirle moralejas a un texto que pretende ser de ruptura. Para acabar con la moral que a ella la atacó en la institución religiosa en la que fue educada se inventó una aventura sexual que se inicia con sus propias compañeras de.colegio, continúa con los tíos de éstas y culmina en el ejercicio de todas las habilidades que intuyó. El amor libre fue el corolario de su aprendizaje. Pero se siente filósofa de sí misma e inventa una nueva moral. A sus hijos los va a educar de otro modo, pero los va a educar; retiraría de la televisión todas aquellas películas violentas e inundaría de sexo la pequeña pantalla; nos haría padecer gargantas profundas y otras innovaciones eróticas que ella va enumerando como si narrara el cuento de la lechera y ella fuera la alegre y optimista vendedora del líquido elemento.

Por supuesto, es un libro poco recomendable. Es curioso que ella lo haya escrito, porque suyas son también estas palabras, al comentar un texto que le ha parecido inaguantable: «Creo que no era otra cosa que un libro que hablaba claro, sin ningún esnobismo estúpido. La franqueza al escribir es algo que aprecio, y sé distinguir cuándo es verdadera y cuándo es pacotilla de un falso novelista. Todo amante del sexo lo puede decir. Se lee el título, la nota de la editorial en la cubierta y se dice ¡albricias!... ¡Esto está hecho para mí! Se paga el doble de su valor, se lo lleva uno a casa y se descubre que es un pestiño.»

Sin embargo, el volumen tiene sus utilidades. Algunas son obvias e indescriptibles. Otras están en los manuales sexuales, que Linda Lovelace se apropia con un desparpajo parecido al que utiliza para usar su garganta y sus restantes órganos tanto en su famoso filme como en la vida real. Dentro tiene la originalidad de explicarnos cómo un personaje ha sido capaz de asimilar la enseñanza de esos manuales, aplicarlos a su propia existencia e inventar una nueva fórmula con la que no sólo ha cambiado el signo económico de su vida, sino con la que pretende variar el rumbo de la propia industria del cine. El sentido del humor de Linda es tan profundo como su mítica garganta privilegiada.

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