Aprovechamiento integral y gestión unitaria del agua
La evolución histórica de las demandas de agua es un proceso creciente, y las causas que lo promueven son tanto de orden cualitativo como cuantitativo: cuanto más próspera es la comunidad, mayor es la demanda de agua «per cápita»; pero el agua es, además, una necesidad tan básica que el mero aumento de la población incrementa por sí solo la demanda, aun cuando no medie el factor adicional de la elevación del nivel de vida. Así, esta doble motivación genera una progresión ascendente de la utilización del agua para fines domésticos y públicos en las zonas urbanas y rurales.Igualmente, no debe olvidarse la importante significación que, en la utilización de las aguas, tiene la producción de energía eléctrica.
Limite de disponibilidades
Pero, por otra parte, este incremento en los usos del agua implica: de un lado, una disminución de los caudales circulantes en. muchos tramos de los cursos fluviales, puesto que en la satisfacción de esas necesidades se consume gran parte del volumen de agua utilizado -muy especialmente en el riego-; y de otro, las aguas no consumidas retornan a las fuentes de procedencia -o a otras distintas- fuertemente alteradas en cuanto a calidad por los desechos domésticos e industriales, el drenaje o la contaminación térmica. Con ello se provocan dos efectos traducibles en demandas adicionales: una directa, derivada de la exigencia de mantener unos mínimos caudales circulantes de una calidad semejante a la natural por necesidades deorden ecológico e incluso, recreativo y de conservación del paisaje; y una indirecta, derivada de la reducción de los recursos naturales que, de hecho, significa la contaminación de las aguas, puesto que las fuentes afectadas no pueden ser aprovechadas por otros usuarios sin una considerable depuración previa.
Sin embargo, como contrapartida a este incremento constante de las demandas de agua para distintos usos, los recursos de agua dulce son, obviamente, limitados. Y es preciso hacer notar que, lógicamente, en virtud de la mayor dificultad en la regulación de los recursos superficiales al aumentar su porcentaje de aprovechamiento, el rendimiento medio de la capacidad de embalse a implantar resultará en el futuro igual o inferior a medio metro cúbico de agua regulada por cada metro cúbico de em-balse, es decir, un rendimiento global - mitad del logrado hasta el momento actual,
Así pues, el proceso creciente de evolución de las demandas de agua para distintos usos significa, ante la existencia de un límite en las posibilidades de aprovechamiento en los recursos hidráulicos, la necesidad de abordar el problema de la gestión del agua de un modo unitario, consecuente con la realidad física del ciclo hidrológico, considerando la mutua influencia que se ejercen las corrientes superficiales y subterráneas -cada vez más intensa precisamente en razón de su más exhaustivo aprovechamiento-, y de coordinar la utilización de los recursos superficiales y subterráneos
Asimismo, ese ritmo ascendente en la utilización de las aguas lleva consigo la implantación de unos sistemas de obras de aprovechamiento de los recursos superficiales -con finalidad múltiple en muchos casos- y subterráneos cada vez más interrelacionados, que obligan a estudiar su estrategia de explotación teniendo en cuenta el conjunto del sistema hidráulico que constituyen, y la unidad hidrográfica en la que se inscriben, y exigen, cuando ha de afrontarse la presencia de ciclos hidrológicos adversos, la adopción de tácticas que consideren el orden de prioridad en el servicio a las diferentes demandas que es preciso establecer ante estas situaciones coyunturales.
Todo ello expresa, con suficiente claridad, que la cuestión del aprovechamiento de los recursos no puede considerarse hoy en día de una forma fragmentaria en cualquiera de los factores técnicos, económicos, ecológicos, socioculturales e institucionales que le condicionan, ni referida exclusivamente a la resolución de problemas de carácter local; sino que ha de contemplarse en el más amplio de la protección y desarrollo integrado de los recursos naturales a escala regional -e interregional, en el contexto más amplio de la planificación térritorial, dados los desequilibrios existentes- y con esta visión global sobre la unidad de gestión del agua.
Es, por otra parte, evidente, que el problema de la planificación hidráulica ha de desarrollarse necesariamente en dos fases perfectamente diferenciadas. Una primera fase en la que es . preciso analizar y plantear factibles proyectos alternativos que satisfagan los fines específicos de cada comarca o subcuenca.
Y una segunda fase en la que es preciso someter los proyectos alternativos planteados a un estudio comparativo que permita la selección del proyecto óptimo; y parece obvio recordar en este sentido, que la dificultad mayor de la tarea no estriba tanto en la elección del proyecto óptimo de entre los varios alternativos analizados, como en el de generar todos aquellos proyectos realmente adecuados.
Medidas correctoras
Ahora bien, en todo caso un planteamiento práctico de la gestión integral del agua requiere la adopción de una serie de medidas correctoras de cuantos aspectos interfieren actualmente en el tema, puy específicamente: a) - investigación y evaluación de los recursos hidráulicos, tanto en su aspecto cuantitativo como cualitativo; b) revisión y actualización de la ley de Aguas de 1879 aún vigente, en orden a la declaración del carácter público de todas las aguas; c) redacción de una normativa sobre concesión de autorizaciones de vertidos, armonizadadas con los objetivos de calidad prefijados en función del destino señalado para los cursos de agua, acuíferos, lagos y lagunas; d) institucionalización, por la vía de la coordinación o del reagrupamiento en un solo órgano administrativo, de las diversas ad ministraciones implicadas en el dominio del agua, y e) definición de una política hidráulica, con base en una planificación descentralizada y democrática; temas cuyo tratamiento excede ya de los térmicos a que se ha limitado este informe.