ArchivoEdición impresa

Acceso a suscriptores »

Accede a EL PAÍS y todos sus suplementos en formato PDF enriquecido

sábado, 30 de octubre de 1976
Tribuna:

Sindicatos y partidos políticos

La politización de los sindicatos se calificó por Niel, secretario general de la CGT, en el histórico congreso de Amiens (1906), como «la cuestión de las cuestiones». Y no le faltaba razón. La relación entre sindicatos y partidos políticos puede sintetizarse, siguiendo a Reynaud, en las siguientes variantes:- La fórmula social-demócrata, que confía al partido el papel predominante, puesto que se le atribuye la responsabilidad de las grandes orientaciones políticas. El sindicato se ocupa fundamentalmente de problemas profesionales y en especial de la negociación colectiva y de la estrategia huelguística.

Este modelo se siguió en Alemania hasta 1933 y de algún modo persiste, puesto que a pesar de la autodenominada neutralidad política de los sindicatos alemanes, el Partido Socialdemócrata cuenta con un Órgano llamado Consejo Sindical, en el que están representados el presidente de la DGB (Central Sindical Obrera), el presidente del Sindicato de Empleados (DAG) y el director del Banco Sindical.

- La fórmula laborista (Inglaterra y Suecia), en la que el partido es ancilar respecto del sindicalismo, de modo que tanto los adheridos como la financiación del partido (en Inglaterra las 3/4 partes), tienen su fuente principal en el sindicato. En estos países, diferencia de otros, como Francia e Italia, donde fueron los partidos quienes crearon sus propias centrales obreras, han sido los sindicatos los que crearon su partido político. Frente a la clásica «correa de transmisión» podría hablarse en este caso de un «contrato político-sindical», a través de la interrelación entre las dimensiones laboral y política de la sociedad. Tal interrelación se manifiesta en el clásico do ut des, recibiendo el partido de los sindicatos: financiación, información y electorado fiel; y los sindicatos del partido: protección política contra toda legislación antisindical y una acción positiva en materia de mejora de las condiciones laborales. Es una fórmula que podría denominarse de «relación orgánica».

- La fórmula leninista, en la que hay una separación teórica y una fusión práctica del sindicato con el partido. El sindicato es una organización de masas y el partido la vanguardia del proletariado, de modo que el sindicato se convierte en correa de transmisión de las masas al partido. Es la tesis de «domesticación» del sindicato.

Tal tipo de sindicalismo está en crisis, pero subsiste en el área más puramente comunista.

En Francia y en Italia también existen manifestaciones de esta fórmula, si bien suavizada por razones estratégicas. En Italia, si bien estatutariamente, la CGIL (Confederazione Generale Italiana del Lavoro), la CISL (Confederazione Italiana Sindacati Lavoratori) y la UIL (Unione Italiana del Lavoro) son independientes de los partidos políticos, la verdad es que, como afirma Rosignolo, tales centrales son «las sacristías de los partidos políticos en las empresas». La CGIL del socialista y principalmente del comunista. La CISL de la democracia cristiana y la UIL de los partidos republicanos y socialdemócrata.

En Francia, puede decirse de un modo simple y sintético que FO (Force Ouvrière) es independiente, la CFDT (Confederation Française Democratique du Travail) es de tendencia socialista y la CGT (Confederation Française du Travail) comunista.

Aunque cuantitativamente prima la CGT, creo que en el plano cualitativo es la CFDT la que marca la pauta del movimiento obrero francés. Por personas tan significadas como Edmon Moire y Jacques Julliard se afirma que la confederación no rehúsa el compromiso político de sus militantes, pero sólo a título individual..., porque la CFDT «no aspira a ser un sindicato-partido». Sin embargo, ambos militantes hacen ver, a mi juicio con certeza, que resulta un tanto «anticuada» la división entre «vía revolucionaria» y «vía electoral».

Hoy, las luchas sociales juegan un papel clave en la transformación de la sociedad. Por ello, dicen, la conquista del poder político, del poder del Estado y de los poderes económicos, implica la conjunción de las luchas sociales (de masa) y de las políticas. De ahí que el movimiento obrero «haya de estar presente en el terreno social y en el terreno político, pues la separación de los dos condena a la inmovilidad».

En definitiva, esta visión conduce a una unión del sindicato con los movimientos o acción política de la izquierda: visión más realista y actual que la que le vincula con un partido.

- Otra variante es la fórmula autárquica. Bajo tal prisma, marcado por la desconfianza en los partidos y en la vía parlamentaria, el sindicato, intenta asumir la doble misión de la defensa profesional y la revolución social. Normalmente se cobijan bajo tal prisma los movimientos sindicales anarquistas.

- Por último, existe en la tipología examinada el sindicato desligado del partido. El pragmático; el no alineado. En las elecciones el voto se vincula al pasado y programa de los candidatos. Como decía lacónicamente Gompers «castigada vuestros enemigos y apoyada vuestros amigos».

De cualquier modo, y en Estados Unidos en concreto, la verdad es que los sindicatos están claramente a favor del Partido Demócrata a través del COPE (Comittee for Political Education), siendo su neutralidad más formal que real.

En definitiva y a modo de síntesis, podría decirse que las tres principales opciones del sindicato respecto del partido son las de unión, simpatía e independencia.

Atención al cliente

Teléfono: 902 20 21 41

Nuestro horario de atención al cliente es de 9 a 14 los días laborables

Formulario de contacto »
EL PAíS Edición impresa

Lo más visto en...

» Top 50

Webs de PRISA

cerrar ventana