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domingo, 5 de septiembre de 1976
Crítica:

¿Es la Sociología una ciencia?

La Sociología no es una ciencia. Con esta rotunda afirmación inicia Lachenmeyer el capítulo introductorio de su libro. Ante tal afirmación, el sociólogo convencido de la legitimidad del objeto científico de su trabajo profesional, puede optar por no seguir leyendo el resto del libro ante tal negativa, o bien puede continuar su lectura para conocer las razones que formula el autor para justificar su aserto inicial. Mi consejo es que conviene seguir adelante la lectura de este libro, y que puede resultar conveniente para el sociólogo tomar nota de algunas de las razones que discute Lachenmeyer aunque no es necesario que se las crea al pie de la letra. Porque en caso contrario corre el peligro de llegar a compartir el reduccionismo metodológico de este autor.El libro que comentamos es un intento de respuesta a la pregunta que obsesionaba a su autor desde sus tiempos de estudiante: «¿Por qué la Sociología no logra ayudarme a comprender la conducta social que observamos en el hombre?». Como el propio Lachenmeyer confiesa en el prefacio, a partir de una preparación fundamentalmente estadística y metodológica -que le impedía responder adecuadamente a su pregunta-, se dirigió al conductismo primero y después a la lingüística, sin encontrar acomodo definitivo. Finalmente, «me dirigí a la filosofía de la ciencia para descubrir en qué había consistido mi error». En los fundamentos lógicos espera comprender Lachenmeyer las razones que incapacitan a la Sociología para dar respuestas a sus preguntas positivas. Lo que nos tememos es que ni siquiera con la ayuda de la filosofía de la ciencia, la Sociología podrá nunca predecir y explicar la conducta humana a los niveles de precisión -física- que parece que Lachenmeyer considera deseables para que una disciplina intelectual merezca el honroso calificativo de científica. Pero para el bien de la humanidad, quizá en un tiempo prudencial, la Sociología no puede -muy a pesar de los empiristas lógicos como Lachenmeyer- codearse, por lo que se refiere al uso de la lógica cuantificacional, con las ciencias naturales más formalizadas.

El lenguaje de la Sociología,

de Charles W. Lachenmeyer. Barcelona. Editorial Labor. 1976.

Lenguaje convencional

Por su excesiva vaguedad, ambigüedad, opacidad y contradicción, el lenguaje sociológico se asemeja más al sistema convencional de lenguaje, que a un lenguaje científico Además, no dispone el lenguaje sociológico de mecanismos de control adecuados para enfrentarse a tales problemas lingüísticos. Esta es la conclusión a la que llega Lachenmeyer después de analizar lógica y lingüísticamente una definición de Parsons sobre el sistema social. Por supuesto, y como buen empirista lógico, el análisis lingüístico lo realiza fuera de todo contexto, para que las inconsistencias lógicas de la definición sociológica sobresalgan con mayor facilidad. Con ello, no hace otra cosa que acatar uno de los dogmas más caros del más abstracto de los positivismos.

Explicaciones

Parece que para Lachenmeyer las explicaciones que de los hechos sociales han dado hasta ahora, y como ejemplo, Marx, Weber, Durkheim, Thomas y Znanieki, etcétera han sido simples lugares comunes, sin ningún valor ni rigor científico. Porque una cosa es afirmar que el lenguaje de la Sociología puede resultar en ocasiones -que suelen ser más frecuentes de lo deseable- impreciso y vago, y una muy otra que la Sociología no es una ciencia.

El libro de Lachenmeyer es un claro ejemplo de las conclusiones que se pueden lograr desde posiciones positivistas imbuidas del monismo metodológico, que ven en la ciencia física el punto de referencia de todo lo que aspire a llamarse cientifico. Obsesionados con el ideal metódico de la física, este tipo de positivistas niegan el pan y la sal a tanto científico social que ha dedicado ímprobos esfuerzos a la consecución de una interpretacion mas coherente y correcta de la conducta humana histórica. El hecho de que la conducta humana no sea asimilable a la conducta de los electrones alrededor de su núcleo en el seno de un átomo, no parece importar excesivamente a los positivistas más abstractos. Siguen, por el contrario, empeñados en estipular rígidos requisitos lógicos que han de satisfacer las disciplinas intelectuales para entrar en el exclusivo club de las ciencias.

Pero la nueva filosofía de la ciencia parece más dispuesta a hablar de teorías científicas que de ciencias, y en este sentido la Sociología, desde su pluralismo teórico y metodológico, tan convenientes, ha ofrecido hasta ahora interpretaciones de los hechos sociales que bien pueden calificarse de teorías científicas, contradiciendo así el rígido argumento de Lachenmeyer.

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