Desilusión a bordo de la 'flotilla para la paz'
Desilusión a bordo de la 'flotilla para la paz
Desilusión a bordo de la 'flotilla para la paz
La flotilla para la paz reunida frente a Mururoa lanzó ayer un nuevo barco hacia el atolón. Esta vez fue el Vega, capitaneado por el propio cerebro de la flotilla, el canadiense David McTaggart, el que entró en la zona de exclusión de 12 millas para llevar a tierra a 21 polinesios que reclamaban sus derechos históricos sobre Mururoa. "Estamos aquí para pedirles, presidente Chirac y almirante, que acaben con todas las pruebas nucleares", decía el manifiesto que entregaron a las autoridades francesas. El Vega y sus tripulantes fueron detenidos por una patrulla de la Marina.
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Los barcos de guerra y los helicópteros militares permanecieron a distancia de la flotilla para la paz durante todo el día, acaso como consecuencia de la carta de protesta remitida el día antes al jefe de la base de Mururoa.
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Un temporal puso ayer en graves aprietos a las 15 naves de la flotilla para la paz. El Manutea acababa de acoger a nueve parlamentarios ecologistas venidos de diferentes países para unirse a la protesta antinuclear cuándo se desató un viento que superaba los 60 nudos (poco más de 100 kilómetros por hora) y dejaba en poca cosa la tormenta del día anterior. Durante casi toda la tarde se temió que pudiera producirse algún naufragio.
A las seis de la mañana, hora de Mururoa (18.00 hora peninsular española), todos los barcos de la flotilla para la paz intentaron en vano escuchar algo, percibir algo en el oleaje.
Unas pocas lucecitas bajo un cielo rabiosamente estrellado eran todo cuanto quedaba. El Manutea no encontró a su llegada a Mururoa más que una docena de pequeñas, embarcaciones, sin helicópteros ni recursos tecnológicos. Pero halló un jefe inesperado: David McTaggart, el viejo fundador de Greenpeace, el último aventurero de los de los océanos, asumió de forma natural el mando de la variopinta flotilla de la paz para intentar desde el Vega, su diminuto velero de siempre, paralizar hoy de nuevo el anunciado ensayo nuclear francés.
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Los motores del MV Greenpeace terminaron de calentarse en Barcelona. Desde allí partió ayer este viejo barco remolcador de la organización ecologista, con bandera holandesa y 15 tripulantes a bordo. El destino: el atolón de Mururoa. La distancia: 20.000 kilómetros. La duración del viajé: 45 días. Y su misión: unirse a la "flotilla para la paz", que dentro de un mes intentará detener las pruebas nucleares que París pretende reemprender en la Polinesia francesa a finales de agosto.
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